Ovación
Miércoles 21 de Septiembre de 2016

El Del Potro de hoy parece más bueno

La vida está a punto de hacerle un guiño a Juan Martín Del Potro. Importante por cierto.

La vida está a punto de hacerle un guiño a Juan Martín Del Potro. Importante por cierto. Y si eso sucede, la historia registrará de manera indeleble que el tandilense se habrá impuesto en esa disputa de egos. Disputa tirana si las hay. Será saludable si la consagración se concreta. A esta altura el tenis argentino tiene largamente merecido levantar la Ensaladera de Plata. Ahora, cuántas más luminarias hubiera habido sobre el gran escenario en tiempos en los que la Legión lucía superpoderosa. Pero también fue superegoísta. Superconflictiva. Superindividualista. Lo normal.

Este Del Potro que hoy mira de reojo de qué manera puede acomodar su calendario para llegar en su punto óptimo a la final con Croacia es el mismo jugador que en aquella final de 2008 ante España se montó a su pedantería para entrar en una disputa (entre otras cosas por el reparto del dinero, casi nada...) de alta tensión con David Nalbandian, quien en esto de activar conflictos sabe largo y tendido. Entre ellos fue la gran disputa en los últimos años para ver quién podía estar en la cresta de la ola cuando la Copa Davis finalmente se dignara a sacar pasaje hacia Argentina.

Cuando fue el turno sólo de Nalbandian, el resto del equipo cantó en contra de Delpo. Cuando la Torre de Tandil se transformó en el gran heredero, el resto mostró escasa resistencia para cambiar de vereda.

Coria, Calleri, Gaudio, Cañas, Acasuso, Chela, Mónaco. A cualquiera de ellos el premio les hubiera sido merecido. Pero la gran disputa, al menos la de los últimos años, pasó siempre por otro lado. Nalbandian no pudo concretar su sueño, como en aquella ocasión en la que las rencillas con Del Potro fueron más fuertes.

Ese mismo Del Potro, también conflictivo y egoísta, hoy tiene frente a sus narices la chance de grabar su nombre a fuego.

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