Opinión
Miércoles 06 de Julio de 2016

El Defensor del Pueblo

El paso de Lilita Carrió dejó en evidencia, una vez más, que está dispuesta a bombardear todo lo que no le cierre a sus intereses políticos. Paralelamente, con la designación de Raúl Lamberto el socialismo mandó una señal explícita para adentro y afuera del partido.

Arnaldo Malfatti y Nicolás de las Llanderas son autores de una obra teatral: "Así es la vida". En esa obra el personaje deja una frase importante en Buenos Aires, Argentina, en el siglo XX… "pero socialista, che…". Un personaje de la obra (un drama costumbrista) calificaba como bueno y simpático pero descalificaba por su posición política: socialista. En la comedia como en la vida son las ideas las que suben y bajan prestigios.

Hay un aliento en el país sobre honestidad, romanticismo y conducta intachable, como así también sobre la bonhomía de quien se sabe minoría de principio a fin. Aplicaba al socialismo. Todos podemos citar en la familia un pariente, acaso cercano, que fue socialista.

En las recorridas del más importante candidato nacional que han tenido, Hermes Juan Binner, era frecuente la confesión… "Yo tuve un tío que… Usted sabe que mi padre en su juventud fue…". Mediáticamente lo van a extrañar, Binner abría puertas, daba confianza. En el socialismo hay un viejo viento popular y las leyes laborales uno de sus bastiones. El espacio estaba. Ese candidato perdió frente a CFK e igual creció y hoy se añora ese sitio. El plano nacional no se consigue fácilmente.

"La ley 11.729 de contrato de trabajo en el sector servicios, la ley laboral más importante de la Argentina hasta 1974, tiene su pulmón en Ángel Borlenghi, es él quien la hace respirar. Ese éxito lo colocó como uno de los dirigentes sindicales más importantes del país, junto con José Domenech y Francisco Pérez Leirós. Fue el ministro socialista de Perón y una de las personas (esto es anécdota, pero define) con las que pidió hablar, en 1961, Ernesto Guevara". Está en Wikipedia la información.

El socialismo y "lo popular" se entroncan. Es el peronismo el que reemplaza, aumenta y oscurece al socialismo argentino. La sustitución es tan flagrante que el socialismo solo atina a refugiarse en la "Unión Democrática" y enfrentar al peronismo. Angel Borlenghi, es necesario aclararlo, renuncia al socialismo y es uno de los fundadores del "Laborismo". Es con la sigla de "Partido Laborista" que concurre Perón en febrero de 1946. Después el Partido Justicialista, después el peronismo. "El tiempo está después" canta Fernando Cabrera con justa razón. Algo más, eso fue transversalidad al palo por parte de Perón.

Si uno debiese indicar de qué modo se pueden defender los intereses populares, los del pueblo, no sería inconveniente recurrir a cualquier cátedra de socialismo, que eso eran las "Casas del Pueblo". La biblioteca, la cartilla y las clases nocturnas. Romanticismo y decencia, que son tan hermanos. Tan perdidos en el tiempo.

El costado más transparente del radicalismo, el primer viento popular del siglo XX, que después compartió con el peronismo, es el que los ubica a los radicales afiliados y miembros plenos de la Internacional Socialista. Se huele traición cuando integran un proyecto de centroderecha, popular y democrático, pero alejado de su historia. Hoy los radicales ministros, embajadores, funcionarios de la centroderecha en el poder no son ni buenos ni malos, simplemente traidores a una esencia. Cualquier ensayo que abunde sobre el fin del bipartidismo y el crecimiento de los núcleos autónomos de poder los justifica pero es eso: justificación. La transversalidad es un tsunami a las ideas y los principios.

No es sencillo para el socialismo (imagino) convivir con eso. En la crónica de la visita de la señora Carrió a Santa Fe, cuando insulta a Rubén Galassi, a quien ubica como el ministro político de Bonfatti (La Capital domingo 3 de julio) y reitera sus insultos a Binner, en rigor a quien insulta es a una conducta. Gestión buena o mala (hay cada uno verdaderamente pésimo) pero inatajable en los protocolos de sanidad social. La señora Carrió insultando a gestores de la cosa pública suena a impotencia y rencor. Nunca gestionó.

Si apelamos a la historia (que siempre es necesaria para ubicarnos) la señora Carrió les reclama a los socialistas un sitio en la Unión Democrática, la alianza de 1946, con Spruille Braden. Todos contra el peronismo y la chaqueña, feliz. Desnuda, sin embargo, la contradicción socialista. No se pelearon con el kirchnerismo y su nuevo dirigente nacional, el diputado provincial Antonio Bonfatti, dice que nunca será aliado de PRO Cambiemos. Esa es el nudo del conflicto. Un frente provincial que ella no integra ni conduce debe desaparecer. El informante de Carrió sobre socialismo, eso aparenta claro, es otro histórico socialista. Deberían asumir, los tres sectores del socialismo, que resuelven sus contradicciones internas o se los come el porvenir.

El socialismo, todo el socialismo, un partido de cuadros, ahora en Rosario y Santa Fe con cuadros gobernantes (que no es lo mismo, para nada, que cuadros militantes) ha demostrado que replica conductas peronistas. Todo el socialismo está construido para defender al pueblo. Sin dudas, por construcción. No necesitaban mandar una señal interna y externa tan expuesta. Internamente el socialismo se expresó con el hecho: le pagamos nominando para Defensor del Pueblo a quien ocupó, por conducta partidaria, un cargo para el que no estaba preparado, lo mandamos solito a pelear contra la violencia urbana, la corrupción policial y el narcotráfico. Cumplan y serán recompensados, ese es el mensaje. Para "el afuera", externamente, el socialismo disciplinó opositores y copió al peronismo: somos gobierno y ponemos uno de los nuestros. Sin consultar a la Carrió, claro está. Ella vendrá siempre a cobrarles esa independencia. Deberían saberlo. Así es la vida.

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