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Lunes 29 de Marzo de 2010

El debate de los impuestos

Los legisladores justicialistas santafesinos (reutemistas y kirchneristas) lograron abortar la iniciativa del gobierno provincial de levantar la exención al pago del impuesto a los ingresos brutos que gozan la industria, la construcción y el campo. El fin que perseguía el gobernador Hermes Binner era redistribuir la carga de este tributo que actualmente recae sobre el comercio y los servicios. Pero el proyecto no pudo sortear el poderoso lobby de los grandes empresarios que se resisten a pagar más impuestos, la apuesta de parte del PJ a la debacle del gobierno socialista y la propia incapacidad del oficialismo para anudar acuerdos políticos que faciliten su gestión en la provincia...  

Los legisladores justicialistas santafesinos (reutemistas y kirchneristas) lograron abortar la iniciativa del gobierno provincial de levantar la exención al pago del impuesto a los ingresos brutos que gozan la industria, la construcción y el campo. El fin que perseguía el gobernador Hermes Binner era redistribuir la carga de este tributo que actualmente recae sobre el comercio y los servicios. Pero el proyecto no pudo sortear el poderoso lobby de los grandes empresarios que se resisten a pagar más impuestos, la apuesta de parte del PJ a la debacle del gobierno socialista y la propia incapacidad del oficialismo para anudar acuerdos políticos que faciliten su gestión en la provincia.

El sistema tributario nacional es totalmente regresivo, ya que proporcionalmente las personas con menos recursos son quienes más pagan. A diferencia de los países desarrollados donde los ricos dan por hecho que son quienes proporcionalmente más deben tributar al Estado, aquí impera el reino del revés. Los sistemas impositivos nacional y provincial evidentemente no están inspirados en Robin Hood (sacarle algo a los ricos para darle a lo pobres), lo que llevaría a una sociedad menos desigual económicamente, donde todos los habitantes tendrían garantizados sus derechos básicos y los niveles de violencia urbana serían mucho más bajos.

El lema de los empresarios argentinos es tajantemente “No más impuestos”. En cambio, los sectores progresistas proponen bajar el impuesto al consumo (IVA) que pagan ricos y pobres por igual, subir el impuesto a la renta y a la riqueza, suprimir la exención del pago de determinados impuestos que gozan algunas actividades y combatir la evasión.

La mayoría de la población no tiene la opción de no pagar sus impuestos. Los consumidores los pagan a través del IVA. Sin embargo, los empresarios pueden eludir los tributos con “trucos” de contabilidad ante la mirada “boba”, cuando no cómplice, del Estado a través de sus funcionarios públicos. Es decir, los sectores más fuerte económicamente no sólo no quieren que se cambie el sistema tributario, sino que además muchos eluden parte de los impuestos que tienen que pagar.

El socialismo se quejó porque los legisladores kirchneristas no acompañaron la reforma del sistema tributario del gobierno de Binner, pese a que era una medida que va en sintonía con la “redistribución del ingreso” que tanto pregona la pareja K. “Los que a nivel nacional son enemigos acérrimos, en Santa Fe son aliados incondicionales en contra del gobierno del Frente Progresista”, denuncia el socialismo, en referencia a reutemistas y kirchneristas. Pero lo mismo se podría decir del socialismo, que en la provincia libra una guerra declarada contra Reutemann (a quien acusan de menemista), pero a nivel nacional sus dirigentes no tienen ningún empacho en sacarse fotos junto al ex presidente Menem para votar en contra de iniciativas del gobierno nacional.

En política cuando uno no cuenta con mayorías legislativas, los acuerdos son imprescindibles si uno no quiere limitarse a administrar el statu quo y pretende llevar adelante una política de cambio.


 

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