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Viernes 13 de Abril de 2012

El cultivo de orquídeas, una pasión que no decae

El productor entrerriano José Maggiolini comenzó con un invernadero en Paraná y luego pegó el salto a escala comercial. Las demandas que exige esta producción.

Desde tiempos remotos están vinculadas a la pasión y aún hoy se considera una planta misteriosa y exclusiva, cuya flor hace perder la cabeza a coleccionistas. La orquídea, flor mística y elitista por naturaleza, integra un universo propio asociado a la belleza que se convierte en un tesoro. Los europeos viajaban hasta América en su búsqueda, la nobleza tenía enormes jardines botánicos sólo para ellas y hacían fiestas cuando llegaba la etapa de floración. Así nació el mito que rodea a estas hermosas plantas. La familia de las orquídeas es la más extensa de las familias florales, existen unos 700 géneros con más de 30.000 especies distintas identificadas y muchas de ellas se producen en la provincia de Entre Ríos.

Jorge Maggiolini, un productor experto en la materia explicó a Agroclave sobre el arte de cultivar orquídeas. Precisó al respecto que “esta disciplina de la producción no fue una cosa que vino de familia o heredada sino que me dedico a la producción de plantas y la orquídea simplemente me gustó porque es totalmente distinta al resto. Me interesó su maravilla y comencé con un vivero”, dijo.

Luego reveló su pasión al señalar que “una vez que se empieza a producir orquídeas es difícil abandonar, hay bibliografía suficiente para aprender cada vez más y sostener los conocimientos en la experiencia propia”.

En campos de Escobar, provincia de Buenos Aires, reconoció especies y se lanzó a la prueba de variantes en su establecimiento de Paraná, en la capital entrerriana. “Ahí me agarró lo que defino como una adicción”, describió entusiasmado. “Empecé en un invernadero a hacerlas para mi en un buen lugar y cuando quedé satisfecho comencé a generar para llegar a una escala comercial”, dijo. Un dato que lo distingue: tanto le gustó la especialidad que dejó en un segundo plano las labores en el resto del vivero y se dedicó con exclusividad la producción de orquídeas.

Por historia y tradición, la orquídea lleva el signo de ser una planta muy cara en su precio y difícil de conseguir. Hasta no hace tanto, los costos de producción resultaban exagerados, lo que la transformó en un bien preciado. La evolución de la botánica hizo posible que la planta se popularice; la clonación mejoró la producción y bajó sus precios. El experto describe la coyuntura: “Se puede producir en cualquier lugar siempre y cuando se mantengan las condiciones de crecimiento que demanda. Es clave la humedad, el riego y la tempera tura”. Por ejemplo, “no se puede cultivar orquídea de Centroamérica bajo temperaturas de 2º”.

En Entre Ríos se las logra bajo cubierta plástica y media sombra, “hay que crear el medio ambiente natural para cada variedad”, definió y agregó: “Lo idea es optar por las especies nativas, plantas montadas en troncos, una vez que se domina ese aspecto pasa a la planta más sofisticada”.

Una historia que arrancó en el siglo XVIII, cuando desde Europa venían barcos a buscar plantas americanas continúa ahora en un vivero entrerriano que porfía en mantener el misticismo de una belleza natural al alcance de muchos.

Las orquídeas son plantas que se distinguen por la complejidad de sus flores. Pueden ser reconocidas por sus flores de simetría fuertemente bilateral. Constituyen un grupo extremadamente diverso de plantas, que pueden tener desde unos pocos milímetros de longitud hasta gigantescas de varios cientos de kilos de peso, como es el caso de Sobralia altissima, una orquídea de Perú. Sus flores varían en tamaño desde menos de 1 milímetro y difícilmente visibles a simple vista a grandes de hasta 20 centímetros de diámetro. Su fragancia no es menos variable. Se las halla en la mayor parte del mundo, si bien son especialmente abundantes en los trópicos. No obstante, su capacidad de adaptación les ha permitido conquistar un sinnúmero de nichos ecológicos, desde los más secos y calientes del planeta hasta los más húmedos y fríos ya que, literalmente, se distribuyen desde las regiones polares hasta el Ecuador.

Producirlas es una especialidad de la floricultura que va en franco crecimiento. Su propósito de producción comercial es dual: vender la flor cortada para el mercado internacional de floricultura y comercializar plantas de diferentes tamaños, en particular las que se hallan cerca de la floración, para ornamentaciones.

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