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Sábado 22 de Junio de 2013

El crimen de Angeles, la televisión y las muertes que no duelen

Por Mercedes Minnicelli / Una reflexión sobre el asesinato de la adolescente Angeles Rawson y el papel de los medios de comunicación

Conmueve. La noticia me conmueve. La noticia nos conmueve. Desde el primer momento en que comenzó la búsqueda y escuché en la radio que una mujer relataba la desaparición de su hija, me sentí conmovida. Escuché cómo otros hablaban de su conmoción, comencé como tantos otros a pensar en qué podría haber pasado... lo comenté con otros.

Pensé "qué suerte que esta vez comenzó de manera inmediata la búsqueda pública". También pensé en que "si se trata de un secuestro por trata de personas esto podría ayudar mucho... "La búsqueda tomó rápido estado público y comenzó a comentarse en todos lados... ¿Viste lo de la chica que desapareció? La búsqueda pasó a estar en todos los canales de televisión con lujo de detalles repetidos una y otra vez.

Pocas horas después, una vez más sin saberse bien qué era lo que había sucedido, el peor de los finales no tardó en llegar. Otra vez la noticia. Una chica, su cuerpo, fue encontrado en el basurero. Allí comienza otra historia.

El peor de los finales se hizo público y luego la comunidad de televidentes y ciberseguidores comenzó también a convertirse en especialista en detalles de la causa, del caso, ¿quién fue? ¿Cómo hicieron para matarla? ¿La violaron? Y a cada segundo un detalle más? más y más obsceno que penalizaba a unos por momentos y a otros después, condenaba —con cantidad de años de prisión inclusive— a uno u otro cual si se estuviera comentando un partido de campeonato.

La escena judicial si bien parecía moverse velozmente, era superada a cada segundo por la data de los banner en pantalla que preguntaban lo que suponía los espectadores podrían preguntarse, haciéndolos (y haciéndonos) sentir protagonistas del análisis. Una gran aldea global opinando sobre el caso. En cada canal las mismas imágenes, casi las mismas preguntas... las sospechas...

Distintas posibilidades. Una vez más comenzaron a considerarse diferentes tipos de delitos y hasta pareciera que un alivio transmitían las noticias a medida que se iban descartando hipótesis. Aparentemente no había sido violada... aparentemente no se trataba de secuestro... aparentemente no fue por un problema de "inseguridad!"... Aparentemente no se trató de un robo... Pero no fue "aparentemente" que su vida quedó trunca sino que el dato es real.

La tele. Tan real es el dato que no alcanza para saciar la sed de saber más. La tele —si sale en la tele es verdad— nos dice que hace falta el detalle. Cuanto más íntimo mejor. La tele dice que sabe y configura una novela de horror que vende. Claro que los personajes no son ficticios sino reales.

La tele nos enseña cómo debemos convertirnos en criminalistas, analistas del comportamiento y que los próximos, los semejantes, los vecinos se vuelvan sospechosos. También casi estamos en condiciones de convertirnos en analistas de autopsias!! Más y más detalles de imágenes que sumergen al espectador en las zonas oscuras, secretas, en los sitios donde no se puede entrar así nomás... las fotos de los golpes... La tele nos dice que cualquiera nos puede matar, sobre todo los más próximos, pero a la vez no dice que ellos son parte de esa proximidad al ingresar en cada casa con sus imágenes que inundan la vida cotidiana con data —ya no es necesaria la buena información—. La tele nos dice que no miremos lo que nos muestran. También nos dice que podemos apagar el televisor porque somos "libres". ¿Y qué muestran? Lo obsceno a plena luz del día. El velo (el misterio del crimen que el escenario judicial, tercero social de apelación, debe discernir en el marco de la legalidad jurídica) se devela porque la tele sabe lo que ha pasado y si no lo sabe, lo hace saber. El relato de la tele se convierte prontamente en dato científico, hablan los expertos.

Preguntas.Comparto algunas preguntas que me fueron surgiendo estos días en los cuales, la sensación de sin-vergüenza con que se presentan ciertos análisis perturba. ¿Por qué conmueve tanto esta muerte? ¿Es esta muerte, la de esta joven mujer, linda, abanderada de la escuela la que conmueve? ¿Conmueve el crimen espeluznante y cómo descubrir la manera en que aconteció? ¿Está conmovida la sociedad argentina y, a partir de ahora, contamos con una marca simbólica que dice que no queremos ver a nuestra juventud y niñez perder la vida en ningún tipo de crimen? ¿O será que no se trata de esto y, más que conmoción el consumo de imágenes y de morbosidad atrapa, seduce, intimida, horroriza mientras enciende el furor del rating?

Difícil saber cómo cada quien ha recibido esta triste noticia. Pero sí sabemos que la escena judicial pierde en este manto de imágenes que poco informan, que mucho opinan, que reinstala el comentario entre panelistas que supuestamente saben del tema y, mientras tanto, la muerte, la de esta chica, la de tantas otras chicas, las de tantos chicos, la de tantos otros chicos mientras no estén en la tele, no duelen.

(*) Posdoctoranda Universidad Nacional de Rosario, psicoanalista, profesora e investigadora de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata

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