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Domingo 23 de Agosto de 2015

El consumo de drogas tiene relación con la presión alta

Piden que los médicos cardiólogos interroguen a sus pacientes sobre este tema. Tomar alcohol en forma excesiva, aunque sea eventual, puede provocar un infarto o accidente cerebrovascular.

La adicción al consumo de sustancias psicoactivas tiene un peso importante a la hora de evaluar el riesgo de sufrir un infarto o accidente cerebrovascular. Entre esas sustancias se encuentra el alcohol, aunque sea legal. Su uso  excesivo, aún en forma eventual (en una cena, una fiesta, en el hogar) puede incidir en la presentación de un problema cardíaco o cerebral.
  Los médicos que tratan la hipertensión arterial no solían preguntar por este tipo de hábitos a la hora de evaluar a sus pacientes. Mucho menos si esas personas no respondían a los estereotipos sociales con los que habitualmente se relaciona al consumo de drogas. Así se pasaba (o se pasa) por alto un factor fundamental de riesgo.
  “Hoy estamos logrando que la pregunta por el consumo de alcohol o de drogas forme parte del interrogatorio que el médico debe hacerle a cada paciente, porque está claro que eso tiene una incidencia directa en la presión arterial, por lo tanto, debe ser tenido en cuenta de la misma manera que los valores habituales de presión, los antecedentes de diabetes, el peso, el colesterol, sus hábitos alimentarios o si fuma”, sostuvo Fernando Filippini, presidente de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial.
  El abuso de sustancias “es un factor que suele extender el riesgo cardiovascular en la población hacia pacientes más jóvenes”, dijo.
  La relación entre el consumo de sustancias psicoactivas y los factores de riesgo cardiovascular fue uno de los temas debatidos en el último Congreso Argentino de Hipertensión Arterial que contó con la presencia de uno de los expertos mundiales en este tema, el doctor Juan Carlos Negrete, investigador en psiquiatría, un argentino que reside desde hace muchos años en Canadá.
  “Hay creencias en la población, y aún entre profesionales de la salud, que pueden conspirar contra un manejo clínico adecuado del paciente cardiovascular. Una de ellas es que el alcohol protege contra la enfermedad coronaria y los ACV —explicó Negrete—. Los datos demuestran que, efectivamente, la morbi-mortalidad es menor en personas que consumen un máximo de una o dos unidades por día; pero a partir de tres copas diarias o más, la curva asciende rápidamente”.
  “Otro mito es la imagen preconcebida de un adicto: hay tendencia a no buscar el diagnostico en personas que supuestamente no representan ese estereotipo, como por ejemplo gente de edad, mujeres, gente de recursos medio altos o gente exitosa”, remarcó el especialista.
  Cuando el consumo de alcohol excede la moderación de las dos copas diarias “existe una asociación lineal con la elevación de la presión arterial”, agregó.  
   De acuerdo con un artículo publicado por la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial, entre un 5 y un 7 por ciento de los casos de presión elevada tienen su causa en el alcoholismo.
  La relación entre consumo de alcohol e hipertensión, sin embargo, no deja de ser multifactorial y compleja: “Resultó directa y lineal en todos los estudios realizados y en diferentes poblaciones”, señaló su autor, el médico Claudio Bellido. Sin embargo, es relevante que esta relación sea evaluada respecto a otros factores de riesgo como no llevar una dieta saludable.
  Según la 3ª Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, dada a conocer el año pasado por el Ministerio de Salud de la Nación, la hipertensión alcanza al 34% de la población adulta del país. En números redondos: unos 10 millones de personas la sufren. En ese contexto, el alcoholismo sería la potencial causa de la enfermedad en unos 700.000 argentinos.
   Al respecto, Negrete dijo: “No se puede tratar la hipertensión en una persona alcohólica sin corregir este último problema”.

Otras drogas

  Según los últimos datos oficiales del Sedronar un 9,4% de los argentinos entre 12 y 65 años consume o consumió “alguna droga ilícita”. Por eso esta población no pueda ser considerada por los médicos como “una excepción” o algo que pueda ser pasado por alto a la hora de evaluar a un paciente.
  Negrete señaló que el abuso de cocaína y otros psicoestimulantes como las anfetaminas, anorexígenos, o drogas de diseño como el éxtasis, también “implican un serio riesgo cardiovasculares, aun en personas jóvenes”. Taquicardia, hipertensión arterial, vasoespasmo coronario, infarto de miocardio, arritmias, bloqueos, fibrilaciones, ACV y otros pueden presentarse entre quienes consumen.
  Estas drogas tienen la particularidad de que pueden provocar casos de hipertensión aguda, que es transitoria pero muy severa.
  Con este tipo de sustancias, aclaró el médico, el potencial daño es independiente de la adicción: “Las complicaciones cardiovasculares están generalmente relacionadas con la cantidad ingerida en un episodio dado de consumo, especialmente en casos de abuso de psicoestimulantes como cocaína o éxtasis. Es así que se las puede observar en individuos que no son necesariamente adictos, pero se han intoxicado excesivamente en esa ocasión”.
  Los consumos excesivos de estas drogas, según el artículo de Bellido, “pueden desencadenar cuadros de inusitada gravedad como episodios hipertensivos con repercusión en órganos blanco, muy especialmente sobre el miocardio”.
  El consumo crónico de cocaína no estaría relacionado estadísticamente con la incidencia de hipertensión pero sí se relaciona con el daño renal.
  Carlos Borrego, médico cardiólogo miembro de la sociedad de hipertensión, señala que aunque existen pocos datos confiables en la materia porque el consumo de estas sustancias se suele ocultar “se calcula que alrededor de un 5 por ciento de las crisis hipertensivas que se atienden en el servicio de emergencias se deben al consumo de cocaína o de éxtasis”.
  Aclara que dentro de lo que se conoce como “éxtasis” conviven en realidad varios tipos de drogas diferentes, con lo cual es difícil especificar el efecto concreto: “Incluso la mezcla de cocaína con alcohol produce en el organismo otra sustancia, llamada cocaetanol, que la vuelve más adictiva”.
  “La acción de la cocaína es similar a la de la adrenalina, porque aumenta el gasto cardíaco y la resistencia periférica y eso puede provocar hipertensión aguda en una persona que no es hipertensa”, explica el especialista.
  En cuanto al cannabis (marihuana, hachís), aunque en principio produce una disminución de la presión arterial, también puede dar lugar a patología cardiovascular: “La combinación de los efectos de taquicardia, hipotensión y alta concentración de carboxihenmoglobina en sangre —producida  por el consumo de estas drogas— disminuye la irrigación y la oxigenación del miocardio, con el agravamiento de un déficit coronario preexistente, o aún puede provocar una anoxia aguda de miocardio”, explicó Negrete.

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