Ovación
Sábado 03 de Septiembre de 2016

El compromiso y la jerarquía de Lionel Messi están intactos

Messi volvió con hambre de gloria y brilló. No juega ante Venezuela.

Claro que hay dolor cuando no se concreta un título que está al alcance de la mano. Y más si se repite tres años consecutivos. Pero tildar de fracaso el proceso de Sabella en el Mundial y el de Martino en las dos Copa América resulta una temeridad, además de una completa injusticia. Fracaso es no intentarlo una y otra vez o sucumbir en la mitad del camino, como le pasó a Brasil en su Copa del Mundo, pero no le cabe el mote a esta selección que, pese a las críticas despiadadas, dio muestras de saber absorber los cachetazos con tal de ir por un nuevo intento. Eso demostró Lionel Messi al rever su decisión de renuncia y el resto de los compañeros que no habían seguido ese impulso pese a que ganas no le habrán faltado. Eso demostraron el jueves en Mendoza, con una victoria clara sobre el entonces líder de la eliminatoria, Uruguay, sustentada en fútbol y carácter. De su capitán, del sub Javier Mascherano y de todos. Y quedó claro que tienen mucho hilo en el carretel para dar.

Argentina se sigue manteniendo al tope de la élite mundial, aunque le falta calzarse la corona. Sus referentes no dudan en seguir recorriendo kilómetros, con menos descanso y hasta bancarse agregar el plus de recorrido que significa jugar en el interior del país, con tal de seguir vistiendo la albiceleste y volver a intentarlo. Aún lesionados, como estaba Lionel Messi, quien con una claridad que no dejó ningún lugar a segundas interpretaciones, dijo que no podía no estar con el quilombo que armó su salida. Tan simple como eso, aunque el costo sea seguramente el enojo de Barcelona por agravar un cuadro que sin dudas, de no haberse movido de allí, ya estaría solucionado o en vías de hacerlo. Cualquier similitud con aquellos tobillos inflamados de Diego Maradona no es pura coincidencia.

Por eso además del juego majestuoso del que hizo gala, Messi le agregó garra, entrega física y hasta enojo para discutir con el árbitro o para decirle a Godín, al que atendió, gestos más gestos menos, que se banque la patadita que le dio. Y por si algo faltaba para comprender que volvió decidido, recién tras el final del partido se supo, ahora sí sin dudas, que jugó condicionado por una molestia y que se le agravó el cuadro, por lo que no estará el martes frente a Venezuela. El franco que se tomará en la próxima cita, más que merecido.

Messi dejó el mensaje de que ya anidó en su espíritu el ánimo de revancha y no hay forma de que no contagie. Su gol, el del triunfo en el inicio del ciclo de Bauza, configuró una foto ideal para renovarse y creer otra vez. Cómo no, si el compromiso y la jerarquía están intactos.

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