Educación
Sábado 25 de Junio de 2016

El colegio que desde hace 50 años sostiene una enseñanza integradora

Es Nuestra Señora de la Rocca, fundado para atender a los inmigrantes. Opinan la primera maestra y la actual directora.

A nadie parece importarle mucho el frío de la mañana. Las docentes corren de un lado para otro cerrando detalles de lo que en menos de una hora será el acto por los 50 años del Colegio Nuestra Señora de la Rocca, de barrio Azcuénaga. Hay una especial comunión en ese trabajo colectivo de maestras, directivos y porteros: el buen recibimiento y hacer de la diferencia un valor son parte del ideario de esta escuela.

El colegio está en Camilo Aldao 2051 y a la vuelta su parroquia. Llegaron casi juntas al barrio de la zona oeste para dar una mano a la población de inmigrantes asentada en el lugar, en especial la italiana. No es casualidad, el trabajo educativo se apoya en la prédica de Juan Bautista Scalabrini (1839-1905) conocido como "Padre de los migrantes" (además de tío del pensador e historiador argentino Raúl Scalabrini Ortiz).

Luisa Guerrero de Tassi es la primera maestra que tuvo el Colegio "La Rocca" (como también se lo conoce), además de haber ejercido la dirección escolar por largo tiempo. Junto a la actual directora, Graciela Smerilli, recorren la historia y las ideas que sostiene la escuela. "Hay un hecho que conmueve a monseñor Scalabrini y es el de la Estación de Milán (Italia) desde donde partían en tren, en condiciones deplorables, inhumanas, miles de italianos corridos por el hambre y la miseria, rumbo a Génova para luego partir en barco a América", trae Luisa para explicar qué hay detrás de la enseñanza inclusiva que sostiene esta escuela parroquial.

Desafíos

Junto al recuerdo de esos retos iniciales Luisa y Graciela hablan de los desafíos del presente, desde los dramas de las migraciones hacia Europa y las guerras hasta los que se viven en el interior de las escuelas: la atención a las diferencias, la necesidad de estar preparadas para responder a las problemáticas que derivan de las violencias y la vulneración de derechos. Repasan que a las migraciones (de antes y de ahora) se asocian problemáticas como las de "la trata, el trabajo en negro, la explotación de las personas". "El proyecto de Scalabrini fue el de un visionario. Más allá de lo religioso, se trata de un hombre que hizo cosas de avanzadas", rescata la actual directora y dice que esas ideas de vanguardia se vuelcan en la enseñanza que ofrece el colegio, inclusiva, comprometida con los derechos humanos.

Dice que esta escuela siempre fue "inclusiva y heterógenea" y por eso ni a la dirección ni a sus maestras les resulta nuevo hablar de atender a la diversidad. También admiten que esa mirada de la enseñanza les permite estar más atenta y receptivas a las distintas realidades que hoy llegan a las escuelas, desde los niños armados, los embarazos a temprana edad y hasta los distintos modelos de familias.

Graciela Smerilli lleva 30 años unida al colegio. Lo eligió porque su deseo era enseñar en una escuela religiosa. Ingresó como maestra y desde hace casi seis años está a cargo de la dirección. "Mi vida está en la escuela", asiente feliz. En medio de la charla aparece Graciela Colman, portera y una ex alumna de la primera promoción del colegio, quien ofrece un amable café. También está Ricardo Gómez, quien primero fue monaguillo de la parroquia, y cuando tenía 18 años el Padre Jorge Berti (primer sacerdote de esta iglesia barrial) le ofreció hacer tareas de mantenimiento, luego continuó como portero. "Llevo 34 años trabajando aquí, conozco a todos", dice y muestra su orgullo de pertenecer a esta comunidad.

Anécdotas

Actualmente desde la sala de tres años hasta el secundario, al Colegio Nuestra Señora de la Rocca asisten unos 800 alumnos. Muy lejos de los 70 iniciales. De este último número, 36 asistían a la sala de jardín de infantes a cargo de Luisa Guerrero de Tassi. Un grupo que mantuvo por los seis años siguientes. En esa época las maestras de primaria también sostenían la educación inicial.

No hace falta más que preguntar por algún recuerdo en particular, para que asomen las anécdotas y emociones. Como la de los primeros días de clases de Luisa, en 1966, cuando se inundaba el barrio y no se podía llegar a la escuela. "Una vez nos decidimos a llegar igual. No se veía nada por dónde caminábamos. Hasta que la directora se cayó en una zanja, y el agua se llevaba sus papeles. Nosotros no podíamos parar de reírnos. Y cuando contaba lo ocurrido me preguntaban, «pero, ¿vos dónde trabajás?»".

Entre muchos nombres que repasan, Graciela se detiene en el de Magalí Herrera, una alumna de cabello negro ensortijado, siempre impecable, a quien enseñó por tres años, que se graduó como docente y ahora enseña en la escuela. Otro recuerdo que reafirma que es un colegio al que asisten hijos y nietos de ex alumnos, la mayoría del barrio.

Luisa la interrumpe, se acuerda de cuando nació su hija Verónica y todo el tercer grado la fue a visitar al sanatorio: "Llegaron los treinta y pico que eran acompañados por la mamá de Nicastro y la abuelita de Bermúdez. Hasta me trajeron saludos del chofer del ómnibus que me llevaba al trabajo. Cuando se fueron venían las enfermeras, querían conocer a la maestra que habían venido todos sus alumnos a saludarla".

En pocos minutos llegará la ministra de Educación Claudia Balagué, quien además de participar del aniversario trae al colegio una buena noticia: la asignación de un cargo administrativo (de secretaria) que esperaron por 50 años. Es casi la hora del acto. En el trayecto hasta el salón donde será la fiesta, Luisa no deja de abrazarse con ex alumnos y maestras. Graciela muestra su alegría de ser parte de ese proyecto educativo. "Hay que participar en la vida pública, haciendo uso de todos los medios legales para el triunfo de la verdad y la justicia", escribió Juan Bautista Scalabrini en 1882 en su carta pastoral. Un compromiso que defienden desde el colegio parroquial.


Marcela Isaías


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