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Viernes 30 de Enero de 2015

El clásico que apasiona y avergüenza

Resulta atractivo cuando se acerca un Central-Newell’s por el torneo, cuando el país posa sus ojos en toda esa pasión que envuelve al clásico rosarino.

Resulta atractivo cuando se acerca un Central-Newell’s por el torneo, cuando el país posa sus ojos en toda esa pasión que envuelve al clásico rosarino. Resulta realmente triste ver transcurrir pretemporada tras pretemporada sin poder presenciar un Newell’s-Central sin que exista la mínima chance de poner ambos equipos cara a cara, sin nada en juego, más que el honor y el orgullo. Boca y River lo hacen todos los veranos (y en más de una oportunidad), amén del enorme negocio que ello significa. Independiente y Racing también miden fuerzas sin los tres puntos como objetivo de la compulsa. Hasta Estudiantes y Gimnasia se topan.

Y no sólo eso, sino que lo hacen fuera de La Plata. Pero Rosario tiene esas cosas que resultan inexplicables. Está atravesada por un fanatismo extremo, muchas veces exacerbado por el fundamentalismo que emana, muchas veces, hasta de las propias dirigencias. En los 15 años que hace que Central y Newell’s no se enfrentan de manera amistosa, River y Boca lo hicieron 38 veces. Aquel antecedente en el Gigante (1-1 el 27 de enero de 2000) ya es demasiado viejo. Se intentó en enero de 2013 (también en Arroyito), pero la irracionalidad fue más fuerte. Suena simpático cuando el mundo futbolero dice no entender cómo se vive un clásico en esta ciudad. En la misma magnitud es vergonzante todo lo malo que genera ese fanatismo feroz.

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