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Lunes 18 de Abril de 2011

El chico de la tapa ya muestra los dientes

De la forma de cómo se sale de la euforia inmediata, de cómo administrar la sensación de poder ante una victoria aplastante, dependerá en gran parte el perfil que denunciará los pasos futuros del político en cuestión.

De la forma de cómo se sale de la euforia inmediata, de cómo administrar la sensación de poder ante una victoria aplastante, dependerá en gran parte el perfil que denunciará los pasos futuros del político en cuestión. Juan Manuel Urtubey ganó con el 57 por ciento de los votos su reelección en Salta el domingo pasado y no resignó, desde el inicio mismo de la semana, la posibilidad que le otorgaron los primeros planos. Fue, por siete días, el chico de la tapa.

Con estampa de broker, sin la estética del clásico caudillo peronista de provincia, Urtubey dejó en claro que pretende ocupar un lugar destacado en la futura sucesión, que no anticipa una derrota segura en lo inmediato.

Entretanto, el gobernador reelecto ya manda señales. Se ensañó con el jefe de la CGT, Hugo Moyano. Le dijo piantavotos, que no le cae bien y que hay que ponerle un límite. Así, eligió un blanco fácil con un doble destinatario: al segmento social no peronista que detesta al camionero y al ala política del PJ que recela del protagonismo que desea la CGT en las listas de candidatos, con la aspiración máxima, en esta oportunidad, de llegar a la Vicepresidencia.

Aun sin renegar del liderazgo de Cristina Fernández, el mandatario salteño no es considerado por el kirchnerismo como un dirigente enteramente del palo. Las sucursales mediáticas del gobierno no le han destinado informes heroicos ni empalagosas y repetitivas declaraciones a favor del “modelo”. Es, como Daniel Scioli, alguien que acompaña, que está en el lugar que ocupa por la gracia de Cristina y las bondades del proyecto nacional y popular. Pero el “pibe”, casi sin sonreír, ya mostró los dientes.

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