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Domingo 10 de Julio de 2011

El chavismo estaba ya en decadencia

La enfermedad sorprende a Hugo Chávez y a su movimiento bolivariano en un mal momento. La explícita opción del presidente electo del Perú, Ollanta Humala, por Lula y su izquierda moderada y promercado es la mejor demostración de esta floja situación del bolivarianismo.

La enfermedad sorprende a Hugo Chávez y a su movimiento bolivariano en un mal momento. La explícita opción del presidente electo del Perú, Ollanta Humala, por Lula y su izquierda moderada y promercado es la mejor demostración de esta floja situación del bolivarianismo. En las elecciones de 2006, Humala se había echado en brazos de Chávez. Perdió, y precisamente por esa decisión, pero su nacionalismo radicalizado logró llevarlo a la segunda vuelta. Era el momento de auge de las opciones de izquierda autoritaria en la región. Chávez hacía agresivas giras por toda América latina, reclutaba aliados y financiaba "organizaciones sociales". El ALBA sumaba socios, si bien ninguno con un cierto nivel de desarrollo socioeconómico. Chávez, con la chequera petrolera al rojo vivo, estaba en su cénit. Evo Morales le hacía de portaestandarte.

Pero desde entonces la marea ha cambiado, al punto que Chávez y su "socialismo del siglo XXI" ya no son una opción a considerar en la región. Chávez sigue con sus actividades intrusivas, pero ya no es lo mismo: su maquinaria continental se ha agrietado, al mismo ritmo que su líderazgo perdió atractivo. Hay que suponer que su grave enfermedad disminuirá aún más su activismo regional.

En cuanto a especular sobre qué tan grave está Chávez, solo se puede hacer eso: especular, dado que no existe un solo parte médico oficial, en enorme contraste con el transparente manejo de la información médica en casos similares en las democracias de la región (Brasil y Paraguay). La única fuente autorizada para informar es el propio paciente, un lego que confunde la terminología médica y no da precisiones diagnósticas. El manejo de la información y el estilo de comunicación adoptados son soviéticos. Véanse, a modo de ejemplo, las fotos y videos de Chávez con Fidel en Cuba exhibiendo los diarios del día. Como modalidad comunicacional, eso tiene, al menos, 60 años de antigüedad.

A la deserción de Ollanta Humala del espacio bolivariano la antecedió la del presidente salvadoreño Mauricio Funes en 2009, quien dejó bien claro que él no iba detrás de Chávez, sino, en todo caso, si de elegir se trataba para un pequeño país, de Lula y de Obama. Funes demostró olfato y visión políticas, además de valores democráticos. Algo similar ocurrió con el paraguayo Fernando Lugo en 2008, hoy orgulloso presidente de una economía sojera y exportadora que crece al 14,5 por ciento anual, en base a un esquema de producción y de propiedad que el presidente no piensa agredir. Su tensa pero persistente alianza con el Partido Liberal y los buenos resultados económicos parecen garantizar la opción moderada de Lugo, para lamento y pesar de los que sueñan con expropiaciones en masa.

Fue por esa época, sobre el fin de la primera década del siglo, que se tomó conciencia de que la vía chavista conducía a un seguro fracaso, al asfixiar a la economía y a la sociedad civil a un mismo tiempo. Venezuela está resultando de este modo un caso ejemplarizador para muchos estadistas o aspirantes a serlo, que vieron con cierto interés la primera fase de la experiencia chavista y hoy retroceden con espanto ante el marasmo en que Chávez ha hundido a su país.

Las nacionalizaciones hechas por el bolivariano son un buen ejemplo de este desastre: además de costosas por las indemnizaciones, no ha habido una sola exitosa. Se trate de una hacienda ganadera o de la siderúrgica argentina Sidor, toda unidad económica nacionalizada ha registrado una caída neta de su producción. En el caso de Sidor, su producción de acero se desplomó de 4,3 millones de toneladas en 2007 a apenas 1,8 millones en 2010. Sidor fue nacionalizada el 12 de mayo de 2008. Tampoco mejoró las cosas el ingreso de trabajadores digitado por los sindicatos oficialistas. La grave situación de la petrolera estatal PDVSA es otro claro ejemplo de este desmanejo. Pese a los precios estratosféricos del petróleo (este viernes la canasta de crudos venezolana superó los 103 dólares el barril) su producción disminuye año a año, y no puede permitirse inversiones básicas en equipamiento, dado que tiene su caja intervenida por el gobierno desde 2002.

La decadencia precoz del chavismo se explica, además, por la pésima gestión de la seguridad ciudadana, de la inflación y de la provisión de electricidad (en un país productor de energía). A su vez, la continua agresión a las capas medias ha llevado al exilio a lo mejor de los universitarios y técnicos venezolanos. Es esta suma de pésimo nivel de gestión pública y hostigamiento del sector social que produce los recursos humanos más calificados el que envía al "socialismo del siglo XXI" a su rápida obsolescencia, a mostrar grietas y piezas oxidadas en lo que debía ser una maquinaria en su plenitud.

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