Ovación
Lunes 23 de Mayo de 2016

El Chacho de la gente

Un intenso aroma de impotencia e incertidumbre, entremezclado con esperanza y pasión, se apoderó de los cientos de personas que se congregaron en las puertas del country de Arroyo Seco para pedir por la continuidad de Eduardo Coudet.

Un intenso aroma de impotencia e incertidumbre, entremezclado con esperanza y pasión, se apoderó de los cientos de personas que se congregaron en las puertas del country de Arroyo Seco para pedir por la continuidad de Eduardo Coudet. El por ahora entrenador de Central no develó qué hará de su vida profesional después del partido de esta tarde ante Belgrano (ver aparte). Ayer sólo se acercó y se comunicó con los hinchas mediante el lenguaje de señas antes de emprender el viaje hacia Córdoba. La emoción lo envolvió en todo momento, pese a que intentó disimularla ofreciendo múltiples sonrisas. No obstante, los canallas de todas las edades aprovecharon el convite que se pergeñó desde las redes sociales para renovar los votos de confianza hacia este cuerpo técnico. El "Chacho no se va, el Chacho no se va" fue el hit más entonado y escuchado de la jornada dominguera. Ahora la pelota volvió al pie del entrenador, quien dialogará en breve con los directivos para rediseñar el proyecto. Sea dentro o fuera del club.

Un buen número de chicos y grandes portaban con orgullo pancartas alusivas al Chacho. Y muy creativas por cierto. Los más pequeños lo hacían sin comprender en demasía lo que realmente sucedía a su alrededor. Mientras el tibio sol asomaba entre el despejado cielo, el sonido de los bombos y redoblantes mantuvo en vilo y en movimiento a la masa.

"Oooohhh, que se queden todos, que no se vaya ni uno solo" fue la otra estrofa cantada por los simpatizantes durante las casi cuatro horas de aguante que hicieron en la puerta del búnker canalla en Arroyo Seco. La larga espera ofreció todo tipo de postales. Por ejemplo, Leandro se pasó a upa de Paula, su madre. El niño de dos años mantuvo feliz un cartelito que decía "Chacho no te vayas" y estaba firmado por él y Mili, su hermana. Ambos estaban junto a sus padres, quienes llegaron en auto desde "el barrio Parque Casas con amigos".

Mientras que en otro sector, Bárbara y Ariel se alternaban para mantener en brazos a Felicita, de dos años y medio. Roxana gritaba en otro lado pidiendo que "vengan a hablar con nosotros". O Juan, quien agitaba a los presentes arrancando canciones relacionadas con la continuidad de Coudet. Todo era pasión. Canallas de corazón estaban unidos por una misma causa: pedirle a Coudet que no deje Arroyito.

Los fieles permanecieron atrincherados como buenos soldados desde el mediodía esperando al Chacho. Ese mismo que, como argumentaron varios testigos, "siente la camiseta como nosotros". Incluso María Fernanda se tomó en serio este encuentro. "Hoy (ayer) celebramos junto a mi amor, Maxi, dos años de novios. Y qué mejor manera que hacerlo acá", tiró "la voz del estadio canalla cuando se celebró el Día de la Mujer".

El grueso de la masa estaba a tono con la convocatoria que partió desde las redes sociales. Esas mismas que a veces pueden plasmar una fiesta como en esta ocasión. O demostrar simplemente el grado de ingenuidad que tienen cuando están frente a los teclados y piensan que están armando un carnaval auriazul.

Los presentes no miraban el reloj. Pero estuvieron mucho esperando a los verdaderos protagonistas. "Llegamos a las 12.30", señaló Juan Pablo, de zona sur. "Nosotras vinimos tipo 13.30. Queríamos estar antes, pero el colectivo no venía más", respondió indignada Lucía. "Llegamos a las 13 y la verdad es que está buena esta movida. Ojalá el Chacho nos escuche y decida quedarse", afirmó Sebastián. Marcos y Gabriela, de barrio Belgrano, fueron otros de los cientos que dieron el presente. Como también la familia Mazza, que mediante Micaela y Rosario prepararon con mano de orfebre carteles bancando al DT. Claro que uno de los puntos sublimes fue cuando Coudet asomó a las 14.45. Antes de subirse al micro decidió acercarse unos metros al sitio donde estaba el público. Lo hizo a paso lento, mirando y cruzando palabras con un grupo de jugadores que decidieron acompañarlo en la peregrinación. Por lo poco que pudo verse a la distancia, el Chacho sonrió varias veces con Ruben, quien desde lejos parecía pedirle con una cómplice mirada que se quedara.

A medida que Eduardo Coudet avanzaba, la gente explotaba más de esa sana locura que tiene por Central. El "Chacho no se va, no se va, el Chacho no se va" o "y ya lo ve, y ya lo ve, es el equipo de Coudet" fueron dos de las tribuneras canciones que tronaron en las siempre cerradas puertas del country de Arroyo Seco. Mientras los hinchas se expresaban, el por ahora técnico tiraba besos para todos los wines. En un momento se puso más serio, juntó las palmas de la mano y las llevó hasta la altura de la boca como pidiendo perdón por no haberles dado un título. También fue muy fuerte cuando todos exclamaron: "Que se queden todos, que no se vaya ni uno solo". Sin dudas, esa apuntó directo a la dirigencia.

Fueron menos de 5 minutos de contacto. Pero de intensa furia. Luego, el pelotón dio media vuelta y se subió al micro. Sólo pensando. O imaginando cómo seguirá esta historia. Al rato, el colectivo salió en cámara lenta y la masa se amalgamó a los laterales de manera espontánea. Pía, de 6 años, estaba con su hermana Sol y mamá Silvana y le preguntó en ese instante a su padre. "¿PaSINGLE_STRAIGHT_QUOTE, se va el Chacho?". A lo que Marcelo respondió: "No, esperemos que no, hija". Quizá, esa es la síntesis y el deseo de todos los canallas. Que Coudet siga. Porque el Chacho, hoy por hoy, es el Chacho de la gente de Central.

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