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Domingo 10 de Abril de 2016

El "cambio" que sigue golpeando el bolsillo

Si algo dejó en claro el viernes pasado en su paso por Rosario el ministro de Transporte de la Nación, Guillermo Dietrich, es que se vienen tiempos duros, demasiado para los golpeados bolsillos de los rosarinos.

Si algo dejó en claro el viernes pasado en su paso por Rosario el ministro de Transporte de la Nación, Guillermo Dietrich, es que se vienen tiempos duros, demasiado para los golpeados bolsillos de los rosarinos.

   Cuando todavía los vecinos no terminan de digerir el tremendo impacto que implicó el tarifazo de la luz, el funcionario macrista anunció que los subsidios al transporte serán los mismos que en 2015. Es decir, sin actualización por el ritmo inflacionario. En otras palabras, apenas una aspirina para mitigar el dolor de una fractura expuesta.

   En la Intendencia se encendieron todos los botones de alarma mientras Dietrich daba estas precisiones a metros de las malogradas dársenas del Movibus en la avenida Alberdi. Párrafo aparte, aunque cueste creerlo a nadie se le ocurrió pensar que los colectivos del futuro sistema no se adaptan y las están elevando entre 15 y 38 centímetros, lo que demora dos meses los plazos de obra. Pero a no detenerse en estas nimiedades.

   Dietrich no le confirmó a la intendenta si el gobierno nacional absorberá parte del incremento salarial de los choferes nucleados en la Unión Tranviarios Automotor (UTA), que a nivel nacional ya cerraron un 29%. Pero si los subsidios son los mismos que en 2015, todo indica que no.

   En el Palacio de los Leones miran ahora al histórico dirigente local de la UTA, Manuel Cornejo, y esta semana comenzarán a dialogar con él para evaluar qué porcentaje de aumento aspira para los choferes rosarinos.

   Cornejo, en tanto, sigue de cerca la negociación de la Fatap (aún no cerrada), la federación de transportistas del interior, una paritaria en la que suele basarse para presentar su demanda salarial.

   Actualmente, el desfasaje entre el boleto de 6,30 pesos y el que dio el estudio de costos (9,45 pesos) implica un déficit de 30 millones de pesos mensuales, que trepará a 60 millones después de la paritaria de los choferes. “Es una brecha muy grande”, se sinceró una alta fuente socialista y admitió que “habrá que buscar alternativas de financiamiento, el boleto no puede sufrir un incremento muy grande. Ni los propios concejales del PRO avalarían un aumento importante”, destacó.

   La encrucijada tiene fecha de vencimiento. “Pagar los sueldos de abril va a ser complicado”, admitió una de las espadas con las que cuenta la intendenta en el área de Movilidad.

   Saben que en las próximas dos semanas habrá que cerrar una fórmula que permita hacerle frente a la crisis. La idea es impulsar un mix de propuestas que estaría compuesto por un incremento del precio del boleto (“buscamos que sea lo menor posible porque es muy sensible para los trabajadores”), una ayuda que se le pedirá al gobierno provincial y alguna otra idea que aporte fondos, como la del concejal Sebastián Chale de poner las videocámaras a labrar multas y destinar lo recaudado al fondo del transporte.

   Toda esta ingeniería se pone en marcha para atemperar una decisión de un gobierno nacional que parece olvidarse de los preceptos del federalismo. “Se ha roto una historia creciente de inequidad que se venía dando entre el interior y el Area Metropolitana de Buenos Aires, donde la tarifa estaba congelada desde hacía dos años y por lo tanto los subsidios iban creciendo a una tasa enorme”, dijo Dietrich el viernes pasado. Claro que para romper esa inequidad la poda en los subsidios debería haber sido menor en el interior. En Buenos Aires ahora pagan un boleto a 6 pesos, cuando en Rosario ese monto se abona desde diciembre.

   La diferencia de tarifas que el kirchnerismo mantuvo durante 12 años entre el interior y la Capital sin dudas debía corregirse. Pero podar los subsidios en la misma proporción no parece ser el camino más adecuado.

   En la zona sur, en el centro comercial Arijón, el 20 por ciento de los comercios ya bajó sus persianas porque no pueden afrontar los costos de los servicios, principalmente la luz. Caerle ahora a los trabajadores con un aumento del boleto, es otra bofetada.

   La mayoría votó un cambio. Tal vez en la decisión primó el cansancio del autoritarismo, la prepotencia y la arrogancia. Pero hasta ahora el cambio trajo sólo ajuste y promesas de transparencia en medio de cuentas offshore. Todo, con bolsillos cada vez más flacos.

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