El Mundo
Viernes 14 de Octubre de 2016

El calvario de una cristiana en el corredor de la muerte en Pakistán

Asia Bibi fue condenada por blasfemia en 2010. Si la Justicia de su país no invalida la pena, sólo un indulto presidencial puede salvarla.

Esham y Esha se pasan parte de su vida enclaustradas. Las calles de Lahore no son seguras para estas dos adolescentes, hijas de Asia Bibi, una paquistaní cristiana condenada a muerte por blasfemia. Asia Bibi fue juzgada en 2010 en virtud de una polémica ley tras una discusión con una musulmana por un vaso de agua. Lleva años en el corredor de la muerte de una cárcel paquistaní. En seis años de batalla judicial, su caso se ha vuelto emblemático de las derivas de una legislación contra la blasfemia que, según sus detractores, suele instrumentalizarse para ajustes de cuentas mediante acusaciones falsas. El caso de Asia Bibi deja patente que las autoridades paquistaníes parecen dudar entre respeto de los derechos humanos y concesiones a los fundamentalistas religiosos.

En Pakistán, donde el islam es religión de Estado, la blasfemia es un tema muy delicado. La ley prevé hasta la pena de muerte para las personas declaradas culpables de ofender al Islam. Unas simples acusaciones, en muchos casos sin pruebas reales, terminan a menudo en linchamiento. Y los cristianos, una minoría perseguida en Pakistán, suelen ser blanco de ellas.

El caso de Asia Bibi tuvo eco a nivel mundial. Hizo reaccionar a los Papas Benedicto XVI y Francisco. El primero pidió su liberación y el segundo recibió a su hija en 2015 y rezó por la condenada. El marido de Asia Bibi escribió al presidente paquistaní, Mamnoon Hussain, para pedirle un indulto y autorización para irse a Francia, pero fue en vano.

Reunión con el Papa. El Tribunal Supremo desestimó varios recursos y el año pasado sólo aceptó revisar el caso. Si no invalida la pena de muerte, a Bibi sólo le quedará esperar un indulto presidencial. Una vista prevista para ayer fue suspendida sin nueva fecha.

Desde hace seis años la familia de Asia Bibi vive con miedo. "Siento que el Papa reza y va a seguir rezando por mi madre y que al final, gracias a eso, será liberada", declaró recientemente Esham, de 18 años. En 2011, el gobernador de la provincia del Punyab, el progresista Salmaan Taseer, murió asesinado por su propio guardaespaldas tras haber defendido la causa de Asia Bibi. Su asesino, Mumtaz Qadri, murió en la horca, lo que desató la ira de los extremistas, que claman la ejecución de la cristiana. Precisamente, uno de los tres jueces que iban a escuchar ayer la apelación, Iqbal Hamid-ur-Rehman, declinó el caso porque fue uno de los juristas en el proceso del asesinato del gobernador del Punyab.

Unos hechos que acotaron todavía más los movimientos de Esham y Esha. "Papá me decía que no saliera, que la situación fuera era muy mala" durante los días que siguieron al ahorcamiento de Mumtaz Qadri, explica Esham. "Nos quedábamos dentro todo el tiempo", añade. "Un día, alguien llegará y me preguntará «¿eres la hija de Asia Bibi?»".

Separadas por precaución. Dos veces por mes, las hermanas van a Multan, a 350 kilómetros de allí, a visitar a su madre en la cárcel. "Le contamos lo que pasa en casa", dice Esham. Las visitas comienzan con alegría y terminan con pena. "Está triste porque sus hijas van a verla desde tan lejos y ella no puede ni abrazarlas", suelta.

Esham y su hermana Esha, de 17 años y con una minusvalía física y mental, vivían hasta hace poco con un tutor, separadas de su padre por motivo de seguridad. Pero la familia logró juntarse. Según la organización Human Rights Watch, 17 personas se hallan en el corredor de la muerte por blasfemia en Pakistán. Ninguna fue aún ejecutada.

tecnologías

Comentarios