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Domingo 15 de Junio de 2008

El café más caro de Rosario

El conflicto con los productores del campo me cansó, no da para más, si siguen tirando de la cuerda se va a cortar y los perjudicados, como siempre, no serán los empresarios agropecuarios ni el gobierno, sino la mayoría de la población que mira atónita, en vivo y en directo por televisión, cómo este país se autoflagela.

El conflicto con los productores del campo me cansó, no da para más, si siguen tirando de la cuerda se va a cortar y los perjudicados, como siempre, no serán los empresarios agropecuarios ni el gobierno, sino la mayoría de la población que mira atónita, en vivo y en directo por televisión, cómo este país se autoflagela. Pero dije que me cansó, así que permítanme que me tome un café y pase a otro tema.

El sábado pasado fui a media mañana a la Terminal de Omnibus Mariano Moreno a buscar a mi hermano que venía de Buenos Aires de visita. Salvo por algunos retoques, la estación está igual de horrible que hace treinta años, pero al menos limpia, eso sí.
Como llegué temprano y el colectivo estaba demorado por los piquetes en la autopista decidí entrar a uno de los bares, tan o más horribles que la propia terminal. Me pedí un café doble con dos medialunas. Cuando luego vino el mozo a cobrarme no podía creer lo que me decía: “Son 8,50 pesos”. “¿Qué?”, le contesté. Veo la carta y, sí, la cuenta estaba bien hecha: ¡6 pesos! el café y ¡1,25! cada factura. Pagué y hui.

Luego recorrí los otros bares, y los precios eran similares. La Terminal de Omnibus es propiedad del Estado municipal y es éste quien la administra. Todos los locales que funcionan en su interior son concesiones. Entonces, ¿cómo puede ser que el municipio permita que se cobren estos precios en un lugar donde no precisamente circulan los sectores de mayor poder adquisitivo y donde encima la clientela es cuasi cautiva, ya que está de paso y no tiene tiempo de ir a otro lugar?

Ni el bar más emblemático de Rosario, El Cairo, ni el más fashion, Farina Rolls, cobran esos precios.

¿Por qué no se contempla en las concesiones municipales de bares y restaurantes una cláusula sobre política de precios, para que estos sean accesibles a la mayoría de los bolsillos? Y estoy pensando también en el bar de los Silos Davis (del Museo de Arte Contemporáneo) y en el restaurante Don Ferro (España y el río), por ejemplo, entre tantos lugares comerciales en espacios públicos.

Pero el colmo de la estafa sucedió cuando me fui buscar el auto que había dejado en el estacionamiento de la terminal: “Nueve pesos, señor”, me lanzó el hombre desde la ventanilla, por una hora y veinte de estacionamiento (6 pesos la hora y 3 la media). Pagué nuevamente, puse primera y me fui con 17,50 pesos menos en el bolsillo. Todo por ir a buscar a mi hermano, que indudablemente vale eso y muchísimo, muchísimo más.

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