Cartas de lectores
Martes 17 de Mayo de 2016

El cadáver de Eva Perón

Como se sabe, la "vida" de Evita no terminó con su muerte.

Como se sabe, la "vida" de Evita no terminó con su muerte. No sólo por la notable persistencia de la memoria sino porque hasta su cuerpo embalsamado fue secuestrado por un comando del gobierno golpista llamado risueña e hipócritamente "Revolución Libertadora". La decisión gubernamental se tomó tras arduos debates sobre qué debía hacerse con el cadáver, que incluyeron proposiciones premonitorias, como arrojarla al mar desde un avión de la Marina, incinerar el cadáver, o rociarlo con ácido. "Finalmente se decidió que, ante todo, debía sacársela de la vida pública para evitar que cada lugar en que estuviera se transformara en un lugar de culto y por lo tanto de reunión de sus fervientes partidarios". El subsecretario de trabajo del gobierno golpista de entonces dijo públicamente: "Mi problema, nuestro problema, no son los obreros, la inflación ni la pobreza, mi problema, nuestro problema, es ese cadáver que está en el segundo piso de la CGT". Las órdenes de gobierno, emanadas desde la cúpula por los jefes golpistas, curiosamente denominados "libertadores", propiciadores de un supuesto cambio en el país. Junto a sus grupos de operadores cumplían órdenes muy precisas, había que darle a ese cuerpo cualquier destino no visible, incluyendo cualquier acto clandestino. La pregunta del mundo político de entonces y de los imparciales analistas resultaba ser por entonces: ¿Por qué urgía tanto al gobierno trasladar, hacer desaparecer, o proscribir públicamente el cadáver de Evita?". La respuesta del militar gobernante no se hizo esperar: "Tal vez porque a ella es a la única que siempre, aún después de muerta, le tuvimos miedo".

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