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Sábado 03 de Agosto de 2013

El burka y los símbolos religiosos

Tensión en Francia por el cumplimiento de una ley. En Argentina los edificios públicos aún no son laicos.

En una pequeña localidad muy cerca de París llamada Trappes se produjo hace unos días un levantamiento de la población musulmana que incluyó un ataque a la comisaría, el incendio de vehículos y destrozos en varias viviendas. La revuelta se originó por el arresto de un hombre que se resistió a que su esposa, vestida con un burka, sea revisada por la policía. Hubo heridos y detenidos, en un rebrote de las tensiones religiosas nunca resueltas en Francia con los practicantes del islam.

Desde el 2004 está prohibido por ley en todas las escuelas públicas francesas que los alumnos asistan con notorios símbolos religiosos de cualquier naturaleza y confesión, sean grandes cruces, rosarios o estrellas de David.

Desde abril de 2011 la restricción, también aprobada por el Parlamento francés, se amplió con la prohibición a las personas de ocultar el rostro en lugares públicos con cualquier tipo de elemento e incluyó, obviamente, al velo islámico integral (burka o Niqab) que cubre desde la cabeza a los pies a las mujeres musulmanas que lo visten. El Niqab es un velo con una ranura para los ojos mientras el burka es total y sólo tiene una malla para poder ver a través de ella.

Las mujeres que violen la ley son penadas con 150 euros y si se establece que su esposo u otro hombre las obligan a usarlo por la fuerza o bajo amenazas, el castigo llega a los 30 mil euros más un año de prisión.

Argumentos. La controvertida legislación se sancionó bajo la presidencia de Nicolás Sarkozy, quien había apoyado la iniciativa con el argumento de que el velo encierra a las mujeres y representa una afrenta a los principios de igualdad y secularidad del país. "No podemos permitir que las mujeres estén presas detrás de una pantalla, aisladas de la vida social, privadas de identidad", dijo. El ex mandatario galo había sostenido también que el burka no es un "problema religioso" sino un "problema de libertad y dignidad de las mujeres". Y aclaró que el debate no debe transcurrir por senderos equivocados ya que "la religión musulmana debe ser tan respetuosa como las otras religiones".

En el debate parlamentario de la ley se planteó también que por temas vinculados a la seguridad nacional era inconveniente que una persona circule por espacios públicos totalmente cubierta.

De inmediato estalló el debate acerca de si el Estado, en nombre del laicismo, tiene derecho a restringir las libertades religiosas de la población. Una polémica que aún persiste y sobre todo se desarrolla con violencia en las calles de Francia. Trappes, donde estalló la revuelta, es un suburbio parisino con mayoría musulmana, alto desempleo y condiciones de vida por debajo de la media nacional. ¿El conflicto y la ira de la gente tuvieron que ver exclusivamente con cuestiones religiosas o también vinculadas a la marginalidad social? Tal vez fue la sumatoria explosiva de ambas.

En Francia viven casi seis millones de musulmanes, la comunidad más numerosa en Europa. Representan cerca del 10 por ciento de la población y el islam es la segunda religión del país después del cristianismo.

Sin embargo, las mujeres que usan el velo islámico integral no superan las dos mil en todo el país, según cálculos difíciles de precisar. En el primer año de aplicación de la norma se sancionaron a 300 mujeres por usar burka o Niqab a lo largo de toda Francia.

Debate. En un intercambio de ideas entre un periodista inglés que vive en París y cubre toda la información política de Francia como corresponsal de una agencia internacional de noticias y ciudadanos extranjeros se generó un interesante cruce de opiniones. El periodista, opuesto a la prohibición del burka, recordó que no han existido casos en Francia de acciones violentas o ataques cometidos por personas escondidas detrás del velo islámico. Y que su prohibición atentaba contra la libertad religiosa de los musulmanes franceses.

Como contrapartida, se esgrimió la teoría de que si los musulmanes u otros grupos religiosos pretenden vivir en Francia deben adecuarse a la vida del país y dejar atrás sus costumbres ancestrales que no conjuguen con la nación que les dio cobijo.

Es cierto que Francia abolió el absolutismo monárquico y equiparó los derechos de los ciudadanos en el siglo XVIII, pero en nombre de la libertad, igualdad y fraternidad ha cometido en el pasado atropellos a la dignidad humana. En la segunda Guerra Mundial casi la mitad sur del país, bajo el gobierno de Vichy, fue aliada de la Alemania nazi. Décadas después, como potencia colonial en Argelia reprimió a sangre y fuego el movimiento de independencia del país africano. En 2010, también bajo la presidencia de Sarkozy, deportó a Rumania y Bulgaria a varios miles de gitanos que habían llegado al país escapando de la miseria. Actualmente, tiene un fuerte partido de derecha liderado por Marine Le Pen, eurodiputada e hija de Jean-Marie Le Pen, conocido por sus posiciones xenófobas, racistas y ultranacionalistas.

Mas allá de las consideraciones culturales, históricas o filosóficas, las mujeres que adoptan una versión estricta del islam y usan velos integrales en Occidente son reducidas a categorías inferiores porque no encajan con la vida de la sociedad moderna. ¿Cómo abordar ese abismo? ¿Se puede prohibir en nombre de la libertad?

En Argentina. Se podría decir, casi con satisfacción, que nuestro país está muy lejos de tener un conflicto similar al de Francia. Pero, sin embargo, todavía subyacen ancestrales modalidades de una fuerte influencia religiosa en el Estado, al margen de la invocación a Dios como "fuente de toda razón y justicia" en el Preámbulo de la Constitución nacional vigente.

En la mayoría de las instituciones públicas, por ejemplo, aún se observan grandes símbolos religiosos que también se advierten en escuelas del Estado donde la educación debería ser absolutamente laica. Sedes judiciales, hospitales, recintos parlamentarios y gubernamentales de las provincias y de la Nación ostentan señales inequívocas de religiosidad.

Pese a esa práctica, el mismo Papa acaba de bendecir en Brasil al Estado laico. "La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad", les dijo Francisco a millones de personas en Copacabana.

Sin embargo, han fracasado los proyectos legislativos para imponer por ley la prohibición de todo tipo de significantes religiosos en lugares públicos.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la diputada María José Lubertino presentó el año pasado una iniciativa "para garantizar el efectivo cumplimiento de los principios de libertad religiosa y la laicidad en el ámbito de la ciudad" y propuso "prohibir la instalación o exhibición permanente de imágenes religiosas en todos los edificios públicos". El proyecto no avanzó nunca.

En la provincia de Santa Fe, en ese mismo sentido, la diputada provincial Alicia Gutiérrez insistió también en el 2012 con un proyecto que había presentado un par de años atrás para "prohibir en los espacios públicos de los tres poderes del Estado provincial, sus organismos descentralizados y empresas estatales, la exhibición o colocación de imágenes religiosas y retirar en 90 días las existentes". La iniciativa tiene estado parlamentario pero no está incluida entre las prioridades ni de su propio bloque.

Tal vez ahora, con la anuencia del Papa hacia la laicidad del Estado, ambos proyectos puedan avanzar en un país que consagró antes que Francia el matrimonio igualitario pero no puede remover los crucifijos de los ámbitos públicos.

¿Hay puntos de contacto entre el velo islámico en Francia y los signos religiosos católicos en los edificios estatales argentinos? Un tema que debería ser objeto de análisis y debate, tarea que queda a cargo del lector.

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