Domingo 11 de Diciembre de 2011

El blues de Cristina

Como nunca antes desde 1983, un mandatario reasume el poder en Argentina en un contexto político tan favorable como el que goza Cristina Fernández de Kirchner. El 54 por ciento de los votos logrado en octubre y la absoluta ausencia de una oposición en condiciones de moverle el piso, transforman a la presidenta en el exclusivo atractivo de la galería y torna inútil cualquier intento de ampliar el zoom.

Como nunca antes desde 1983, un mandatario reasume el poder en Argentina en un contexto político tan favorable como el que goza Cristina Fernández de Kirchner. El 54 por ciento de los votos logrado en octubre y la absoluta ausencia de una oposición en condiciones de moverle el piso, transforman a la presidenta en el exclusivo atractivo de la galería y torna inútil cualquier intento de ampliar el zoom.

Es Cristina, y su circunstancia, la que generará la materia prima para cualquier análisis político que se precie de tal y la que irá pintando, con sus más y sus menos, una realidad política que, a priori, luce como un traje a medida del gobierno. Durante toda la campaña que desembocó en el 23 de octubre, y en el tiempo poselectoral que desaguó en la reasunción, la música fue la misma: el blues de Cristina.

Apenas aparecen como brumas en el escenario del poder los humores o malhumores de la presidenta con su séquito de ministros, tal cual le sucedió a Amado Boudou en las últimas semanas. De acuerdo a una editorial política publicada en el diario Clarín, la jefa del Estado modificó su relación con el hasta hace poco golden boy del kirchnerismo por una tira de la Side en la que se reproducían conversaciones del ministro de Economía con palabras hirientes hacia la presidenta. Nada demasiado relevante en términos de política real.

Subas y bajas. Esas caracterizaciones en el anillo de poder surfearon toda la previa a la conformación del nuevo gabinete, con subas y bajas de pulgar que, finalmente, se convirtieron apenas en información contaminada. El único que pareció alejarse del perímetro más o menos cerrado del gobierno fue Aníbal Fernández, quien desde la Jefatura de Gabinete fue trasladado a una banca del Senado de la Nación, poco trascendente en términos políticos.

Fiel al apotegma de "equipo que gana no se toca", Cristina encara sus últimos cuatro años en el poder con la sensación de que las eventuales tormentas no provendrán de una desvencijada oposición. El estado de las cosas en determinada vereda anti K bien podría haber quedado graficada con la imagen que ayer la Cadena Nacional mostró de Ricardo Alfonsín: el diputado fue escrachado mientras hablaba la presidenta, casi tirado en su banca (convertida en una especie de reposera) con la pata izquierda de sus antejos jugueteando entre los dedos de la mano izquierda y la mirada perdida en la nada.

La agenda progresista. Los operadores de Balcarce 50 captaron rápidamente la nueva instantánea de la oposición al aceptar que el Frente Amplio Progresista ocupe la vicepresidencia tercera de la Cámara baja, cargo que quedó en manos de Alicia Ciciliani, como una forma de meter una cuña "progresista" en la agenda legislativa y exasperando aún más el divisionismo en el aquelarre de lo que supo ser el Peronismo Federal, hoy un territorio en el que el desbande está a la orden del día.

El radicalismo deberá hacer muchas más convenciones, congresos partidarios e internas hasta que aparezca un nuevo líder en condiciones de pararse como alternativa al omnipresente gobierno kirchnerista. Recién la semana próxima (tal vez con Mario Barletta como presidente) la UCR empiece el lento y largo proceso de curación de heridas.

La cápsula PRO. El PRO es Mauricio Macri. En el nombre del jefe de gobierno porteño empieza y termina cualquier aspiración nacional de la centroderecha, por ahora encapsulada en el distrito porteño. Las posibilidades de crecimiento nacional están atadas a las alianzas con sectores del peronismo. Y no siempre piensan lo mismo, como queda más que claro en la provincia de Santa Fe.

Es hoy por hoy Hermes Binner el único dirigente mínimamente potenciado por los idus de octubre. El segundo lugar al que accedió el gobernador saliente de Santa Fe al menos le confiere legitimidad para pararse como observador crítico del oficialismo, pese a que en derredor del socialismo empiezan a repiquetear voces que aluden a potenciales acuerdos con el kirchnerismo para desenterrar proyectos de reforma constitucional aquí, allá y en todas partes.

Fuera de esa pequeña ola, todo el mar político es navegado por barcazas peronistas. La única novedad transformada en nube para el horizonte cristinista proviene del campo de la economía y el mundo gremial. El 2012 comenzará con reclamos de aumento salarial en todos los gremios, siempre con un gigante telón de fondo: la relación encrespada con Hugo Moyano.

Juntando firmas. El temor de muchos popes gremiales por un avance del gobierno respecto al manejo de las obras sociales ha hecho que Moyano obtenga adhesiones impensadas hace poco tiempo atrás, cuando parecía que su declinación estaba al alcance de la mano.

El camionero hizo una gran contribución durante el gobierno de Néstor Kirchner para que el gobierno dispusiera a su antojo el control de la calle, pero hoy no pocos habitantes del firmamento K creen que pueden despojarse de sus presuntos beneficios.

Es esa tensión la única que podrá incrustarse como puja, atento a que en el micromundo empresario todos parecen querer seguir formando fila en la ventanilla oficialista. En lo que fue el justicialismo disidente que no ancló en el PRO sólo existe confusión y apuro por cruzar las últimas vallas.

Cristina, al fin, es la gran solista de una orquesta que no se permitirá ninguna improvisación.

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