Opinión
Domingo 26 de Junio de 2016

El big bang del kirchnerismo

Claves. La salida del Movimiento Evita del FpV se constituye en una estocada directa al corazón del espacio que gobernó el país durante 12 años. El derrumbe modifica el tablero político y abre nuevos interrogantes.

La explosión del kirchnerismo será el dato central de la política argentina durante todo 2016. El espacio que marcó a fuego los últimos 12 años desde el poder central no sólo se convirtió en una franquicia exitosa del peronismo sino que, a diferencia del menemismo, intentó convertirse en un movimiento en sí mismo para dejar atrás al PJ.

El big bang se produjo mucho más rápido de lo pensado no sólo por los kirchneristas sino por la política toda, y eso modificará el plano de la acción política, por derecha y por izquierda.

El Frente para la Victoria (FpV) fue un sello abarcativo transversal para todas las franjas sectoriales que quedaron adentro del oficialismo: desde Cristina a Urtubey, pasando por Martín Sabbatella y Agustín Rossi, pero también por Omar Perotti, los gobernadores (y sigue la lista). Aun sin comulgar con muchos de los modos y las formas, el sello FpV fue redituable para todos y todas. Hasta que llegó el temblor del despoder.

Nada grafica mejor el fin del kirchnerismo como alternativa de poder que el portazo del Movimiento Evita, grupo seminal, fundante y central del espacio creado por Néstor Kirchner. El Evita aportó militancia, cuadros, control de la calle y trabajo social como para blindar políticamente al matrimonio que llegó del sur.

Un golpe al corazón K. La salida del FpV y las declaraciones de sus principales referencias, pidiendo una autocrítica sin "peros" y admitiendo el estigma de la corrupción que pesa sobre lo más alto de la cúpula kirchnerista es un misil, incluso, para la continuidad en el tiempo del proyecto de poder que fue por todo.

La voluptuosidad del gobierno saliente a la hora de administrar los tiempos buenos, que incluyó el "vamos por todo", "nunca menos" y consignas por el estilo, también es estentóreo a la hora de la caída. Alguien podría decir: hizo falta tanta agua para apagar tanto fuego.

El grotesco de José López —funcionario que acompañó a los Kirchner de principio a fin— revoleando casi 9 millones de dólares por encima del umbral de un convento religioso, sacó de escena y le quitó racionalidad a cualquier recurso dialéctico basado en un cuerpo extraño, teoría del cerco o galimatías que se le parezca. Aunque Hebe de Bonafini haya tildado a López como un "infiltrado" en el kirchnerismo, buena parte de la estructura dirigencial y militante acusa recibo y admite que se trata de un golpe devastador.

La implosión kirchnerista —al margen de los vaivenes judiciales que ahora lleva adelante la misma casta judicial de Comodoro Py que se tapó los ojos durante 12 años— produce efectos políticos inmediatos y a mediano plazo.

Con sus más y con sus menos, Cristina conservaba antes de la sucesión de escándalos una masa crítica cercana al 25 por ciento, que le hubiera hecho difícil el tránsito inmediato al peronismo no kirchnerista.

El cristinismo mantenía en su salida del poder un espacio militante consolidado y una buena aceptación cultural de sus propuestas. Aunque no le iba a alcanzar para ganar elecciones per se, podría haber puesto en aprietos a cualquier otro espacio peronista.

La salida del Movimiento Evita y las fugas por postas que se produjeron antes y se producirán más adelante terminaron con esa ilusión de hacerle cosquillas al gobierno nacional. Hoy por hoy (y habrá que ver hasta cuándo) adentro de la pulpa K se mantienen La Cámpora, La Corriente, el partido de Martín Sabbatella, entre otras referencias.

Una fuente de Movimiento Evita cree que, incluso, podría haber novedades en la agrupación que conduce el hijo de la ex presidenta. "Hay dos posiciones: la de Wado De Pedro, quien está alertando sobre los riesgos de quedar asfixiados en un espacio testimonial, y la del Cuervo Larroque, quien sí prefiere que la agrupación se mantenga lejos de todo lo que no sea el kirchnerismo puro", reveló el informante.

Pero el derrumbe tan anticipado, no le conviene al macrismo, que imaginaba un escenario con el kirchnerismo arriba del cuadrilátero, con sus aparatos simbólicos a pleno, funcionales a la hora de elegir al enemigo. Una remake de lo que hizo Cristina con Macri, quien se le fue demasiado lejos y terminó por derrotar en las elecciones al candidato del FpV.

Por si algún lector cree que el derrumbe kirchnerista es, apenas, una elucubración teórica, están los datos de una encuesta realizada en las últimas horas por Andrés Mautone & Asociados, en la ciudad de Rosario. En ese sondeo, Cristina Kirchner es la referencia política con mayor imagen negativa (58,4 por ciento).

El FpV le servía a Cambiemos como contraplano, pero también para tornar imposible la unidad peronista que, de producirse, no le permitiría al oficialismo sacar del Parlamento ni una declaración de apoyo a la paz en el mundo. Esa historia del cristinismo como adversario funcional se terminará cuando bajen las luces de la televisión repiqueteando todo el día, con indagatorias, allanamientos y cuestiones por el estilo.

Una noticia tapa a la otra. Sí le vino de perillas a Macri para sacar de escena los efectos de los brutales tarifazos la espectacularidad televisiva que proporcionó la lluvia de dólares en el monasterio de General Rodríguez, las excavaciones en los campos interminables de Báez y las huellas digitales limadas de Ibar Pérez Corradi. Como decían los analistas del discurso televisivo en los 80: una noticia tapa a la otra.

El nuevo mapa político adentro del peronismo tardará en reacomodarse. Un cambio de piel lleva sus tiempos, pero ahora todo se precipitó.

En ese contexto también desapareció la idea que existía en algunos sectores del massismo de buscar puntos de confluencia con Cambiemos en las próximas elecciones legislativas en la provincia de Buenos Aires, la ya remanida estación central de la madre de todas las batallas.

Aunque el kirchnerismo desaparezca como opción de poder, el macrismo deberá mantenerlo como sujeto político, aunque sea a baño María, en el principal distrito del país. Incluso, no son pocos los que están fogoneando en ese distrito la reaparición de Florencio Randazzo.

"No creo que Cambiemos juegue todas sus fichas a Elisa Carrió. Si Macri quiere quedarse 8 años tiene que ganar ahí las elecciones de 2017, y Lilita es como un jarrón chino: no saben adónde ubicarla", reveló a LaCapital un dirigente massista, conocedor hasta de las pelusas del paño político bonaerense.

Los últimos episodios han llevado a pensar erróneamente a algún sector del análisis político y de la dirigencia que el peronismo está en rigor mortis. El PJ siempre sobrevive a sus franquicias. Como dijo el sociólogo Juan Carlos Torre: "En el peronismo hay un alma permanente y un corazón contingente. Sea porque ese clima de época se eclipsa, sea porque se cometen errores políticos, la estrella de ese peronismo contingente puede perder su brillo".

Ahora, el PJ es un montón de islotes buscando un archipiélago. Y un nuevo conductor.

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