Mauricio Macri
Martes 14 de Febrero de 2017

El autoritarismo no educa

Días definitorios. Las graves amenazas que se ciernen sobre el normal comienzo del ciclo lectivo a partir de la decisión del gobierno nacional de no abrir la paritaria puede motivar una respuesta contundente por parte de los maestros. El ejemplo de Kirchner en 2003.

Habían pasado dos días de la asunción de Néstor Kirchner como presidente de la Nación cuando viajó a Entre Ríos a ponerle fin a un conflicto gremial, que por falta de pago en los salarios tenía paralizadas las clases desde hacía largo tiempo.

Aquel hecho del 27 de mayo de 2003 es recordado una y otra vez como ejemplo de qué pasa cuando la educación importa y es parte de un proyecto de país. Kirchner había llegado prácticamente solo a Entre Ríos, sin custodia. No había gendarmes, ni cordones policiales ni selfies ensayadas para la ocasión.

En la conferencia de prensa preparada para dar a conocer el acuerdo, estaban junto a él quien fuera su ministro de Educación, Daniel Filmus, y la entonces secretaria general de la Ctera, Marta Maffei. Fue la dirigente quien le agradeció el "gesto de venir a la provincia a solo 48 horas de asumir el mando" a resolver la extensa disputa.


Kirchner Filmus VIDEO

Enseguida llegó la aprobación de leyes que mostraron la proyección de política de Estado de aquel gesto y el reconocimiento de luchas históricas del magisterio. La primera fue la de los 180 días de clases, que no hay que limitar a un calendario medido en jornadas escolares. La norma se hizo para asistir a las jurisdicciones que no pudieran afrontar el pago de los salarios. Es decir obliga a la Nación a asegurar el derecho a educarse.

Esa medida se profundizó en un histórico anhelo de los educadores: la ley de financiamiento educativo (2005), que tuvo como meta elevar para 2010 a un 6 por ciento del PBI lo que se destinaba a educación. Y que también crea (artículos 9 y 10) el Programa Nacional de Compensación Salarial Docente y establece una paritaria nacional para el sector, fijando un salario por el cual no debe estar por debajo ningún docente del país. Las provincias son las que tienen la oportunidad de mejorarlo.

La paritaria nacional llegó para cerrar las desigualdades creadas por la "reforma educativa" de los noventa, a la que Menem equiparó con una "revolución educativa", igual a la que ahora pregona el gobierno de Cambiemos.

Pero, sobre todo, la paritaria nacional es una ley. Y hasta donde se enseña en las escuelas y ocurre en las democracias, hay que cumplirla y hacerla valer.

Todos los años hay tensiones entre los sindicatos docentes en la previa al inicio escolar. Esta vez hay una grave diferencia: el ministro de Educación y Deportes de la Nación, Esteban Bullrich, se niega a cumplir con esta norma, la desconoce, la da por cerrada dando pie al no inicio de las clases.

Una decisión que fue ratificada por el ministro en la última reunión del Consejo Federal de Educación, realizada en Mendoza el 8 y 9 de la semana pasada, antes sus pares provinciales. Según pudo conocer La Capital a través de fuentes irrefutables, Esteban Bullrich anunció la decisión categórica de no abrir la paritaria nacional, de fijar por su cuenta el salario en 9.672 pesos (según sus argumentos fue establecido por la paritaria de 2016 y representa un equivalente al 20 por ciento más del salario mínimo vital y móvil) y enviar a las provincias lo que corresponde por fondo compensador ya no a través de Educación sino del Ministerio del Interior.

Y también queda abierta la duda sobre qué pasará con el Fonid (Fondo Nacional de Incentivo Docente). Otra conquista del magisterio, que en este caso demandó 1.003 días de Carpa Blanca frente al congreso. En abril próximo se cumplirán 20 años de aquel histórico emplazamiento.

Más allá de los hashtag #LaEducaciónNosUne o mandar "bendiciones" para fin de año (mientras se despedían trabajadores de su cartera a cargo y se reprimía la protesta), o que acuerde con el responsable de Medio Ambiente, Sergio Bergman, dictar educación ambiental en las escuelas del país (casi una ironía luego de los incendios e inundaciones que azotaron grandes regiones, desastres a los que Bergman no supo dar respuesta), el ministro Bullrich no da señales concretas de que le importe mucho lo que pasará con la educación en la Argentina. Tampoco al presidente Mauricio Macri. que ya lleva el diez por ciento de su mandato de vacaciones y condona deudas ultramillonarias a su familia.

También durante estos primeros días del año se desmanteló la estructura del Ministerio de Educación de la Nación, cerrando direcciones de niveles y modalidades específicas. Por ejemplo, las de educación secundaria o especial, que tratan lo propio de los chicos que requieren de estas enseñanzas. Un informe difundido en el blog Fue la Pluma (fuelapluma.com) lo cuenta con lujo de detalles y es de recomendable lectura ("Reestructuración salvaje del Ministerio de Educación: el cajoneo de la LEN" /Por Manuel Becerra).

La situación se agrava con las amenazas de muerte a la familia del secretario general de Suteba, Roberto Baradel. Tan escandaloso es el hecho que hasta la Internacional de la Educación (IE), con sede en Bruselas y llegada a todo el mundo, envió una comunicación oficial a Esteban Bullrich condenando las amenazas, exigiendo protección y que se investigue lo denunciado. La situación —dice la IE— "atenta contra todas la formas de diálogo social entre gobernantes y gobernados y entre autoridades y trabajadores, rayana con la violación de los derechos sindicales y humanos".

Las amenazas aparecieron luego del rotundo rechazo del magisterio de la provincia de Buenos Aires al aumento del 18 por ciento que fijó la gobernadora María Eugenia Vidal, a su regreso de las vacaciones en las playas mexicanas. En realidad, ese es el aumento que el PRO impulsa para todos los docentes del país: cuatro cuotas de 250 pesos.

El panorama no es nada alentador si se suman las expresiones utilizadas por altos funcionarios del gobierno nacional y de la provincia de Buenos Aires mientras se trataba el tema docente en una reunión de días atrás: "Nos pintamos la cara y vamos a la guerra contra los reclamos docentes", "Deben aceptar la oferta del 18 por ciento y entender que no habrá paritaria nacional" o "Ningún maestrito nos va a torcer el brazo".

El horizonte tampoco pinta sencillo para Santa Fe, donde si bien la ministra Claudia Balagué se diferenció de inmediato de su par de la Nación, convocando a la mesa de negociaciones al magisterio, deberá primero responder por el cierre unilateral de la paritaria el año pasado.

El escenario lo completan las fundaciones y consultoras que funcionan al servicio del mercado con sus oportunos informes —proliferan en esta época del año— destinados a desacreditar a educadores ("son faltadores", "no cumplen con la tarea" y "no están capacitados", entre otros buenos titulares).

Los días que vienen son definitorios. Y si hay algo que muestra la historia es que no hay que subestimar a la docencia organizada, a las maestras y maestros bien parados en su condición primera de trabajadoras y profesionales que defienden a la educación como un derecho humano y esencial.

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