La ciudad
Domingo 14 de Agosto de 2016

El auge de San Cayetano y los individualismos

SIETE DÍAS EN ROSARIO. En esta ciudad la mayoría se volvió insensible ante los padecimientos de sus vecinos.

Los rosarinos transitaron una semana con un común denominador que inquieta cada vez más: la pérdida de trabajos. Una situación lacerante que humilla y degrada a quien la padece y a todo su entorno, con el consiguiente deterioro de los lazos familiares y afectivos, y su inevitable correlato en una sociedad cada vez más violenta e individualista.

Una realidad que arroja indicadores que encienden alertas. De acuerdo a los últimos datos del Observatorio Laboral de la provincia, en el segundo trimestre del año se perdieron 3.365 puestos de trabajo en el Gran Rosario.

No se trata sólo de un número. Detrás hay sueños y proyectos que mutan en angustia y preocupación. Esas cifras tienen rostros, como los que el domingo pasado poblaron la plaza Libertad en la misa a San Cayetano, el patrono del pan y el trabajo. El santo que se vuelve más popular en tiempos de crisis, cuya festividad congregaba multitudes en épocas menemistas y que hace una semana atrajo a cientos de fieles a la parroquia de Buenos Aires al 2100.

Allí estaban los rostros detrás de las cifras. Marcelo, que se quedó sin su trabajo en una empresa de transporte a los 49 años; María, que fue a pedir por su hija que perdió su empleo en un geriátrico; Betty, cuya hija fue despedida de un supermercado, o Antonela y Mauricio, un matrimonio que trabajaba en una empresa de limpieza que prescindió de sus servicios. Todos hablaron con LaCapital en el marco de esa procesión que volvió a colmarse de gente. En la masiva congregación de fieles no hubo una sola persona que no conociera al menos un caso cercano de alguien que no haya perdido el trabajo en los últimos meses.

Los datos oficiales remarcan que en el segundo trimestre en el rubro de la construcción se perdieron en la provincia 2.090 empleos en comparación con igual periodo de 2015. El informe señala además que se observa una desaceleración del crecimiento en actividades que habían tenido alzas en el primer trimestre, como en los sectores de salud, servicios profesionales y técnicos, entre otros.

Esta situación ya tuvo su correlato en la salud pública local, que cada día recibe a nuevas familias, y se palpa en los comedores comunitarios.

Pero mientras los rostros se desdibujan a medida que pasan los días y la peregrinación muta tristemente en sólo una fotografía de una espiga ante la imagen del santo, la pérdida de trabajo deteriora las relaciones interpersonales.

En esta ciudad la mayoría se volvió insensible ante los padecimientos de sus vecinos. La violencia, la falta de oportunidades y de trabajo, ya no conmueven. Esta semana los habitantes de La Florida cortaron bulevar Rondeau para protestar por la ola de robos y arrebatos que sufren a diario. Hace una década habían hecho lo mismo. Diez años con el mismo padecimiento. En el medio hubo gente que murió en entraderas y asaltos. Y en todo este tiempo, ante la ausencia de soluciones, gran parte de la sociedad dio vuelta la cara. Al punto tal que ver el mismo reclamo diez años después, no la conmueve.

En Rosario se observan a diario situaciones como las que el jueves pasado vivió Fernando Burgos, un joven que volvía de trabajar en su bicicleta y en Santa Fe y la vía lo bajaron de un fierrazo para robarle la mochila. En su muro de Facebook contó cómo le pegaban ante la mirada de mucha gente que no lo ayudó. Remató su relato con algo tan certero como lacerante: "Yo asumo parte de mi culpa, nos volvimos insensibles ante la inseguridad del otro: sea asalto, pobreza, desempleo o maltrato. El otro no importa porque no me pasó a mí".

Esta semana se conoció que 50 médicos firmaban licencias a docentes que no iban a trabajar. Un solo profesional rubricó unas 2 mil autorizaciones. El gremio docente en vez de repudiar la actitud y exigir una investigación a fondo, denunció que era una maniobra del ministerio para no abrir las discusiones paritarias.

Por cada maestro que no fue a trabajar hay un reemplazante que sí lo hizo. Y muchos llevan años en esa condición porque hay titulares que tiene largas licencias médicas. En todos los ámbitos, el trabajo que no hace uno recae sobre otro. Ese individualismo que atraviesa la sociedad y desprecia a su par, siempre tiene un correlato.

No es bueno que en estas circunstancias aparezcan las miradas corporativas. El gremio debería repudiar el abuso de licencias médicas y no desviar el eje hacia la política salarial, que por cierto nadie discute que debe ser revisada en medio de una escalada inflacionaria.

Pero los tiempos que corren parecen ser los del individualismo. Mientras tanto, Marcelo, María, Betty, Antonela o Fernando suman sus nombres a una larga lista de rosarinos que se ya sienten en carne propia lo que es padecer la falta de trabajo, la violencia y la exclusión.

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