El Mundo
Sábado 16 de Julio de 2016

El atentado en Niza: ¿es esta la nueva normalidad en la Unión Europea?

La mayoría de los países del Viejo Continente, ante un fuerte dilema: dar prioridad a los derechos humanos o al derecho a la vida.

La ciudad costera de Niza ya estaba en alerta, como el resto del país. Las escenas de soldados fuertemente armados y patrullando los lugares más emblemáticos empezaban a parecer cotidianos y la gente se estaba acostumbrando a mostrar el contenido de sus bolsas antes de entrar en las tiendas. Pero a pesar de que seguía advirtiéndose de que la amenaza terrorista seguía siendo elevada y a pesar de las extensiones del estado de excepción, parecía que el final para esta situación estaba cerca. Se creía que Francia volvería a la afabilidad previa a los atentados del último año y medio. La Eurocopa de fútbol había terminado y el estado de excepción iba a expirar el 26 de julio.

   Pero tras este ataque de Niza, con al menos 84 muertos, esa sensación quedó sustituida por otro sentimiento. "Nos enfrentamos a una guerra que trae el terrorismo y el objetivo de los terroristas es infundir el miedo y el pánico", dijo el primer ministro francés, Manuel Valls. No fue el único funcionario público en aludir a una guerra. "Siempre estuve del lado de quienes reclaman más medidas para luchar contra el terrorismo porque sigo estando convencido de que estamos en guerra", afirmó Christian Estrosi, el presidente de la región en la que se encuentra Niza, Provenza-Alpes-Costa Azul.

Estado de excepción. El presidente francés, François Hollande, anunció a primera hora de ayer que el estado de excepción se ampliará otros tres meses más e informó de que Francia reforzará su presencia militar en Irak y Siria. Este estado de vigilancia, impensable hasta hace poco, podría empezar a intensificarse. Y, por muy incómodo que sea, Europa podría tener que enfrentarse a las difíciles cuestiones que ha estado evitando hasta ahora invocando lo transitorio de esta situación. "Creo que la mayor parte de los países europeos tienen que adoptar decisiones sobre a qué dan prioridad: los derechos humanos o el derecho a la vida", dijo el brigadier general israelí Nitzan Nuriel. "Mientras sigan debatiendo sobre esas cuestiones, no tomarán decisiones. Y tengo la sensación, sin criticar a nadie, de que todavía no están preparados para tomar esas decisiones. No puedes hacerlo (establecer medidas de seguridad) sin que afecte un poco a la rutina (diaria)", añadió.

   El estado de excepción permite en Francia ampliar las competencias de la policía, incluyendo los registros y detenciones sin órdenes judiciales. A principios de año, el gobierno intentó sin éxito incorporar algunas de esas medidas a la Constitución, incluyendo la retirada de la ciudadanía francesa a terroristas convictos. La entonces ministra de Justicia, Christiane Taubira, dimitió en protesta por esas iniciativas e importantes grupos de derechos humanos denunciaron que cientos de registros y detenciones estaban afectando a musulmanes de forma discriminatoria y representaban un alarmante exceso sin la suficiente justificación.

Agrios debates. La línea entre salvaguardar la seguridad de la gente y las garantías civiles ha provocado fuertes debates en Francia, donde la libertad es uno de los principios nacionales más apreciados.

   Las llamadas a contener las respuestas excesivamente militarizadas también han resonado a nivel europeo. La eurodiputada de izquierdas Barbara Spenilli aseguró recientemente: "En Francia, como en Estados Unidos, estamos siendo testigos de un cambio en la forma de terrorismo y radicalización". "Tenemos que tratar de entender cómo ocurrió esta transición, si centrarnos de forma obsesiva en detonantes individuales como Internet, las cárceles, las escuelas o las «banlieues» (barrios marginales) de París. Responder con una mayor vigilancia estatal, menos democracia, islamofobia y guerra subsidiarias sólo está empeorando la situación", añadió la europarlamentaria.

   Al mismo tiempo, después del ataque de Niza, Alemania anunció que la policía aumentará los controles fronterizos con Francia y controlará la identidad de cualquier sospechoso que se encuentre en zonas cercanas a la frontera para asegurarse de que no estén proporcionando ayuda a sospechosos que intenten huir de Francia.

Refuerzo de frontera. Tras los ataques terroristas perpetrados el pasado 13 de noviembre en París, que dejaron 130 fallecidos, uno de los principales sospechosos consiguió escapar por la frontera con Bélgica sin ser detenido por las autoridades. También el gobierno italiano aseguró haber aumentado las medidas de seguridad, sobre todo en los lugares de mayor riesgo, y la nueva premier británica, Theresa May, pidió a su viceasesor de seguridad nacional que convoque una reunión del comité de emergencia del gobierno para revisar lo que se sabe y lo que Londres puede hacer para ayudar. En cuanto a España, mantiene el nivel cuatro de alerta antiterrorista, uno menos que el máximo, pero decidió reforzar la seguridad en el control de fronteras, los aeropuertos y las zonas turísticas. Ante estos "lobos solitarios" difíciles de rastrear, no está claro qué nivel de seguridad habrá que emplear para impedir este tipo de ataques y qué sacrificios supondrán esas medidas de vigilancia. "Yo soy de los que creen que el terrorismo estará siempre ahí. Así como nos acostumbramos a la criminalidad, tenemos que acostumbrarnos a los ataques terroristas. Lo único que se nos puede pedir es mantenerlos en el menor nivel que podamos", explicó el brigadier israelí Nuriel.

El atropello masivo, una táctica terrorista cada vez más usada

El autor de la matanza era un lobo solitario que eligió un enorme vehículo como arma mortal y el atropello como táctica. Se trata de una metodología cada vez más utilizada por los terroristas, que estrellan autos y camiones contra edificios y aglomeraciones de personas. Es una forma de atacar tanto a instituciones como a peatones. Un fenómeno que ofrece a los terroristas sin acceso a explosivos o armas la oportunidad de atacar sin tener experiencia o entrenamiento previo".

   En algunos de sus videos, Estado Islámico (EI) anima a sus seguidores a utilizar todo lo que tengan a mano para matar a civiles en Occidente. Cualquier acción, por pequeña que sea, vale. Y el atropello no es una excepción. En enero de 2015, pocas semanas después del atentado contra el semanario satírico "Charlie Hebdó", el vocero de EI, Abu Mohamed al Adnani, instaba a sus «guerreros», a través de un audio, a atacar a los occidentales en su propio territorio: "Cualquier musulmán con capacidad de derramar una sola gota de sangre de los cruzados que lo haga, ya sea con un artefacto explosivo, una bala, un cuchillo, un auto, una piedra e incluso una bota o un puño". El grupo Al Qaeda emplea esta técnica con frecuencia en países como Israel, donde las medidas de seguridad son muy altas. Es por ello que los yihadistas recurren al método del atropello y esperan a que masas de personas se concentren en lugares peatonales donde nadie espera que llegue un vehículo para sembrar el caos. Una táctica que ahora los terroristas pretenden implantar en una Europa cada vez más blindada y aterrorizada.

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