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Sábado 27 de Agosto de 2016

El arzobispo de Paraná justificó la autoflagelación de las carmelitas

Juan Puiggari dijo que las monjas eligen esas prácticas de penitencia con látigos y cilicios, y se quejó del allanamiento judicial.

El arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari, justificó las prácticas de autoflagelación de las monjas del convento de las Carmelitas Descalzas de Nogoyá, las cuales según una investigación periodística sufrían en verdad torturas físicas y psicológicas. Tras la publicación del periodista paranaense Daniel Enz, la Justicia allanó la casa religiosa donde secuestró látigos y cilicios. Sin embargo, el prelado se quejó de este procedimiento judicial, que el caso haya cobrado trascendencia internacional, y advirtió que tuvo que informar a la Santa Sede.

Tras la conmoción causada por el caso, Puiggari convocó ayer a una conferencia de prensa en la cual afirmó que los cilicios encontrados en el convento "no son de torturas", y tras rechazar que había privación ilegítima de la libertad, aseveró que "de ninguna manera se ha infligido ninguna ley". No obstante, este criterio fue cuestionado desde distintos ámbitos (ver aparte).

"Las Carmelitas es una de las congregaciones más antiguas de la Iglesia, que tiene una reforma muy importante en el siglo XV con Santa Teresa de la Cruz, es una de las órdenes más exigentes. Son monjas de clausura, de oración, de entrega, de alejamiento del mundo y de una vida de sacrificio", destacó Puiggari.

El jueves, la Justicia entrerriana allanó el convento de Nogoyá, y el fiscal de la investigación dijo que se encontraron elementos de castigo y autoflagelación. El obispo explicó que lo que se encontró fue lo que "se llama cilicios, que no son elementos de torturas". Respecto a la acusación de privación ilegal de la libertad, el sacerdote explicó: "Son todas mujeres mayores de edad en su sano juicio que deciden y eligen una vida austera".

En su visión, dijo que "no es que se torturen entre ellas, no hay privación de la libertad, no se cómo se puede tipificar el delito".

Puiggari ilustró que "los cilicios son unos alambres, que originalmente eran una camiseta áspera que se ponía debajo de la camisa, lo que provocaba una cierta molestia, y después se usan pequeños alambres con una punta que molesta". Añadió que "hace tomar conciencia de cierto dolor, pero de ninguna manera lastima, y no es que se use todos los días".

"Si los médicos no lo comprueban, no hay sangre, no es lastimarse. ¿Por qué no podemos dejar a ellas la libertad?", se preguntó en un tramo de la entrevista, y se respondió: "Entiendo que no estén de acuerdo, pero por qué no respetamos la libertad de ellas y sus actos privados que no está tipificado en la ley. No es que usan el cilicio todos los días, lo usan los viernes un ratito, ni sé cuánto porque es libre".

El arzobispo de Paraná expresó que "la Iglesia siempre ha fomentado penitencia, pero hoy hay otra tendencia a buscar otra penitencia, como privarse de un buen chocolate para dárselo al pobre".

El allanamiento al convento de la Preciosísima Sangre y Nuestra Señora del Carmelo, de Nogoyá se realizó tras una denuncia periodística del semanario paranaense Análisis sobre privación ilegítima de la libertad agravada, castigos intramuros, desnutrición, autoflagelación, y el uso del látigo, cilicio y mordazas, entre otros elementos de tortura.

El obispo admitió que lo primero que tuvo que hacer fue "comunicarle todo al señor Nuncio. Le tuve que comunicar a la Santa Sede. Creo que el procedimiento debería haber sido distinto. Tendrían que haberle comunicado antes al señor Nuncio, porque es una zona especialmente protegida por el Papa".

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