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Miércoles 23 de Noviembre de 2016

El arzobispo Martín dijo que para la Iglesia el desafío es "salvar la vida"

Los sacerdotes ahora pueden perdonar a las mujeres que abortan. Sin embargo, el prelado recordó que el aborto "es un horrendo crimen".

El arzobispo de Rosario, monseñor Eduardo Martín, formuló ayer algunas consideraciones sobre la última disposición del Papa Francisco, quien resolvió extender en el tiempo la autorización dada a los sacerdotes para que concedan el perdón a aquellas mujeres que hayan abortado, beneficio que alcanza a las demás personas intervinientes en la práctica. El prelado destacó enfáticamente que "el aborto sigue siendo un horrendo crimen" y sostuvo que el gran desafío de la Iglesia sigue siendo "salvar la vida" de los tres integrantes que forman parte de la concepción.

"El aborto sigue siendo un horrendo crimen, así lo sigue sosteniendo el Papa y lo demostró la ciencia, porque se mata a un inocente que no puede defenderse. Hemos visto en videos donde el niño se defiende queriendo evitar que lo maten", sostuvo Martín en LT3, respecto a la decisión del pontífice.

En ese sentido, el prelado explicó que "una cosa es el pecado en sí y otra cosa es la conciencia de la persona y su liberdad", ya que desde su punto de vista, hay mujeres que son llevadas a esta situación (el aborto) por presiones sociales o económicas".

"El gran desafío nuestro en la concepción es salvar a los tres, porque siempre que se vaya al aborto se matará a uno", aseveró Martín, quien agregó: "Tenemos que propiciar una cultura de la vida para que la persona que se sienta alentada a no abortar, que encuentre contención en el Estado".

Asimismo, afirmó que la interrupción del embarazo "deja huellas psicológicas y espirituales muy profundas, por eso la Iglesia dice que hay que abrir las puertas de la misericordia a todos para que nadie se quede con esa herida".

Hasta ahora, según la doctrina católica, un sacerdote sólo podía absolver el aborto, un pecado grave que conlleva la excomunión, por orden de un obispo o del Papa.

"Para que ningún obstáculo se interponga entre la petición de reconciliación y el perdón de Dios, de ahora en adelante concedo a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado de aborto", escribió Francisco, en el párrafo 12 de la carta apostólica, que tituló "Misericordia et misera", las dos palabras que San Agustín usó para relatar el encuentro entre Jesús y una adúltera. "Jesús ha mirado a los ojos a aquella mujer y ha leído su corazón: allí ha reconocido el deseo de ser comprendida, perdonada y liberada".

"Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente", puntualizó también Francisco en el documento, un texto de 20 páginas que él firmó el domingo y el Vaticano la dio a conocer el lunes.

"Con la misma fuerza, sin embargo, puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre. Por tanto, que cada sacerdote sea guía, apoyo y alivio a la hora de acompañar a los penitentes en este camino de reconciliación especial", indicó.

"No existe ley ni precepto que pueda impedir a Dios volver a abrazar al hijo que regresa a él reconociendo que se ha equivocado, pero decidido a recomenzar desde el principio. Quedarse solamente en la ley equivale a banalizar la fe y la misericordia divina", escribió.

"Desde la época de Zazpe". El vicario general del Arzobispado de Santa Fe, Javier González Grenón, sobre la cuestión recordó que "desde los tiempos de monseñor Zazpe, los sacerdotes de la Iglesia santafesina tienen la facultad de remitir ese pecado" (el del aborto).

"Para la Iglesia, el aborto además de un pecado gravísimo es un delito", amplió González Grenón, quien además ocupa el cargo de juez del Tribunal Canónico.

Monseñor Vicente Zazpe, junto a otros obispos del país, denunció enfáticamente las atrocidades de la dictadura militar y abogó por las personas detenidas y por las desaparecidas. Falleció el 24 de enero de 1984.

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