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Lunes 20 de Octubre de 2014

El amor propio colectivo puede más que la vanidad individual

En el fútbol el que piensa tiene una ventaja. El que planifica llega con un plus. El que trabaja en función de sus herramientas sabe de antemano cuáles son sus limitaciones.

En el fútbol el que piensa tiene una ventaja. El que planifica llega con un plus. El que trabaja en función de sus herramientas sabe de antemano cuáles son sus limitaciones. El que comprende que el coraje tiene un valor equivalente a la experiencia y la jerarquía es porque entiende el juego. Y aquel que potencie el amor propio colectivo por sobre las vanidades individuales sin dudas que fortalecerá sin mensura las posibilidades de imponerse en los desafíos más relevantes. Por todo esto ganó Central. Porque supo desde la previa cómo jugarlo. Sabedor de lo que tiene y de lo que le falta. Conocedor de las virtudes y de los defectos de su adversario.
Claro que en esto mucho tuvieron que ver los jugadores, y fundamentalmente su entrenador, porque es evidente que Miguel Angel Russo diseñó el clásico a imagen y semejanza de los dos anteriores, aunque en esta oportunidad las diferencias fueron muchas más notorias.
En el fútbol el que cree que con la trayectoria alcanza y sobra para imponerse ya arranca perdiendo. Los nombres son importantes, pero mucho más lo son los hombres, porque este tipo de confrontaciones requieren de juego y valentía, indispensables para vulnerar las adversidades. No basta con proclamar la búsqueda de una victoria, se debe protagonizar, jugar y luchar, algo que ayer Newell’s no hizo. Y por eso perdió.
Otro clásico transcurrió. No se trata de héroes y villanos. En el fútbol es cuestión de ganadores y perdedores. Sólo eso. Todo eso.

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