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Domingo 03 de Noviembre de 2013

El aliado inesperado que no para de crecer

Desde que Miguel del Sel sorprendió a los santafesinos en 2011 disputándole voto a voto la gobernación a Antonio Bonfatti, el PRO se instala cada vez más en la política local.

El resultado de las elecciones del último 27 de octubre dejó en evidencia un crecimiento del partido de Mauricio Macri en Rosario que lo erige como el bloque que sin dudas más votaciones definirá en el Concejo en los próximos dos años.

Desde que Miguel del Sel sorprendió a los santafesinos en 2011 disputándole voto a voto la gobernación a Antonio Bonfatti, el PRO se instala cada vez más en la política local. Ese mismo año el efecto Midachi logró hacer ingresar al Concejo tres ediles que se sumaron al único que por entonces tenía el PRO en el Vasallo. Y el domingo 27 Anita Martínez volvió a dar otro batacazo instalando otros tres concejales.

El análisis del voto al PRO seccional por seccional en las últimas elecciones se mantuvo prácticamente constante en todos los barrios rosarinos. La lista encabezada por Anita Martínez tuvo su menor cosecha de votos en la seccional 7º (zona de la terminal, 15,8 por ciento) y el mayor aluvión en la seccional 17 (Fisherton, con un 20,3 por ciento).

A diferencia del Frente Progresista, que cosechó hasta un 35,6 por ciento en seccionales céntricas y se desplomó a un 19,6 por ciento en Nuevo Alberdi, el PRO se mantuvo constante: lo votaron entre los bulevares y fuera de ellos.

Contar con un bloque compuesto por seis concejales pone al partido de Macri en un sitio clave a la hora de tejer alianzas en la política local. Eso lo saben los operadores políticos del socialismo, que en los últimos meses vieron en Rodrigo López Molina un interlocutor válido para acercar posiciones y frenar embates opositores en el Concejo.

Un ejemplo fue lo sucedido en la comisión investigadora de concesiones, donde la posición del PRO evitó que todas las concesiones debieran pasar para su aprobación por el Palacio Vasallo, algo que pedía el ala opositora más dura encolumnada detrás de la radical María Eugenia Schmuck, la kirchnerista Norma López y el socialista auténtico Alberto Cortés.

En el PRO son conscientes de este factor de poder que ostenta el bloque y buscan capitalizarlo. Pero puertas adentro no todo es un lecho de rosas, ya que comenzaron a aparecer algunas disidencias internas entre sus miembros. Además, habrá que ver qué es lo que hace desde diciembre Diego Giuliano, quien renovó su banca integrando la lista del PRO y deberá definir ahora si sigue en ese espacio o forma un monobloque del peronismo federal, sector al que pertenece.

Por ahora todo es futurología, pero en el socialismo saben que, de los opositores, el PRO es el arco más permeable a acuerdos. Alguna vez esa posición fue casi exclusiva del sector de Jorge Boasso, quien desniveló no pocos aumentos del boleto de colectivos, por ejemplo; pero por estas horas parece estar devaluado luego de unas elecciones que no le fueron del todo satisfactorias.

A Mónica Fein le quedan dos años de mandato en el marco de una economía inflacionaria en la que, por más que sea antipático, deberán ajustarse algunas tarifas. Para lograrlo necesitará aliados, y el PRO emerge en el horizonte como el sector a seducir.

Queda para el análisis interno del Frente Progresista el dilucidar por qué los votos a ese sector se desplomaron a medida que el votante se aleja de los bulevares. Por qué el mapa de los sufragios marcó dos ciudades. Por qué la percepción de Rosario que tiene un vecino de Las Delicias es distinta a la de uno de barrio Martin.

Como si esto fuera poco, de los nuevos cuatro ediles del Frente Progresista sólo uno es socialista. Por lo bajo muchos se cuestionan el armado de la lista, en la que predominaron los radicales.

Los próximos dos años serán clave para revertir este magro resultado electoral del oficialismo. Ya lo hizo varias veces, no son pocos los que confían en hacerlo de nuevo. Y en el éxito de la gestión será vital la alianza con el PRO.

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