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Sábado 22 de Septiembre de 2012

El acoso escolar es cada vez más frecuente, violento y se da en edades tempranas

Las burlas y cargadas permanentes afectan a niños desde el preescolar. Qué pueden hacer los docentes. La mirada de los padres.

El aula es un escenario particular en el que los alumnos aprenden, pero sobre todo, desarrollan su vida afectiva y moral. Un espacio en el que las relaciones personales se reflejan sin ocultamientos. Lo que sucede intramuros en la escuela muestra, devela y a veces delata eso que el "mundo exterior" muchas veces se niega a ver. El incremento de los casos de bullying (acoso escolar) —en cantidad y violencia— y el hecho de que afecta a chicos desde los primeros grados, es uno de los fenómenos que este año captó como nunca la atención de directivos, maestros, padres y profesionales. Sin dudas la punta de un iceberg enorme y pesado que vale la pena sacar a flote.

La preocupación respecto de estas conductas por las que uno o varios chicos y chicas son víctimas de burlas permanentes y agresiones verbales y físicas por parte de sus pares es creciente. Por eso, el Colegio de Psicopedagogos de Rosario viene tomando el tema, exponiéndolo y discutiéndolo entre sus miembros, con dos ambiciosos objetivos: entenderlo y evitarlo.

María Celeste Arena, psicopedagoga, secretaria de la entidad, afirmó que "en los últimos cinco años aumentaron los casos de bullying que además se presentan con mayor violencia y en edades cada vez más tempranas". La especialista comentó que "hay situaciones registradas entre niños del preescolar".

¿Qué cambió respecto de aquellas burlas que se hacían entre compañeritos de escuela 20 o 30 años atrás? "La agresión física ahora aparece en casi todas las peleas, y el maltrato psicológico es más profundo", no duda la psicopedagoga. El acceso a las redes sociales en internet también le imprime un sello diferente a las cargadas. "Antes, la burla quedaba circunscripta al ámbito escolar; era algo preocupante que lastimaba al chico o chica que era agredido, pero que no trascendía necesariamente al barrio o al club. Ahora, la víctima del acoso en el aula vuelve a la casa y ve que sus compañeros lo siguen cargando en Facebook o que los amigos de básquet recibieron en sus celulares una foto que lo humilla. Es como un acoso permanente, sin límites", destaca.

Aprendizajes. Arístides Alvarez, director del Instituto Zona Oeste, se puso al frente de una cruzada a la que sumó a docentes, alumnos y familias para hacer visible el problema del bullying y minimizar su impacto. Fue a raíz de una situación grave que pasó una alumna de la institución, engañada por un adulto en las redes sociales, cuando comenzó esta tarea de prevención de ciberbullying (acoso en internet) y también de maltrato en la escuela entre pares. "Con las nuevas formas de comunicación la cargada se magnifica y ya no es predecible", reflexiona, y agrega:"Por un lado está el sufrimiento de la víctima pero también, finalmente, el del victimario y sus cómplices que multiplican el acoso sin medir sus consecuencias; por eso es fundamental que trabajemos desde la escuela para crear conciencia sin olvidar que debe charlarse también en el hogar".

Lamentablemente, dice el directivo, "no siempre tenemos de los padres las respuestas que esperamos. Son pocos los que se comprometen". Una queja frecuente entre los maestros.

Estar más cerca. La psicopedagoga María Celeste Arena menciona que "es imprescindible la prevención, algo que debe encararse desde todos los ámbitos". Desde el lugar de los docentes "es por medio de acciones específicas, pero sobre todo a través del diálogo cotidiano como se puede llegar a los alumnos".

Señala que "se pueden tomar casos públicos de bullying y analizarlos entre todos; los docentes de las áreas de informática pueden encarar el tema de redes sociales, advertir a los chicos que todo lo que escriben es público aún cuando se trata de una conversación privada y darles pautas para un manejo saludable de internet y también herramientas para resguardarse. En definitiva, ofrecerles apoyo en cuestiones prácticas que inviten a la reflexión".

Desde el Colegio de Psicopedagogos se insiste en que la tarea de los padres es ineludible: "Los adultos somos los modelos a seguir de los menores. Por lo tanto, debemos esforzarnos por sostener un trato cordial entre los miembros de la familia, que los niños vean, por ejemplo, que si alguien tiene alguna dificultad lo ayudamos y jamás lo agredimos o le hacemos una cargada".

También deben estar atentos porque hay señales que pueden advertir que un chico está siendo acosado o maltratado: "El niño que sufre el acoso generalmente no lo manifiesta porque está avergonzado; suele cambiar de conducta, ya no quiere salir de su casa, los amigos no lo invitan a paseos o reuniones, modifica su vestimenta, empieza a comer compulsivamente o come menos. Todos pueden ser signos de que algo está pasando y es necesario hablarlo".

El director del Instituto Zona Oeste agregó que "instamos a los padres a que comprendan el uso que los chicos hacen de las redes sociales, que conozcan, que no nieguen; es necesario monitorear qué hacen y qué les pasa. Sin ser invasivos ni imprudentes es importante estar cerca. Nos guste o no, es el modo en el que se comunican y establecen sus vínculos y grupos de pertenencia".

Las conductas agresivas e intencionales entre los chicos, de las que no escapa ninguna institución escolar, merecen toda la atención. Una investigación de Unicef y Flacso, hecha en la Argentina con alumnos de los tres últimos años del secundario, mostró que el 71 por ciento de los estudiantes presenció peleas entre sus pares, el 66 por ciento fue testigo de humillaciones entre ellos y el 25 por ciento vio compañeros con armas blancas en la escuela. El témpano está allí, navegando ante nuestros ojos, mostrando apenas la punta de una realidad de la que todos somos parte.

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