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Jueves 09 de Julio de 2015

Educar desde los saberes de la diversidad

Investigador mexicano compartió experiencias en institutos de pueblos originarios con cátedra abierta de la UNR.

“El espacio universitario es importante en la lucha por reconocer la diversidad de formas de conocimiento. Pero, es necesario incidir y transformar a esa institución, porque no sólo la ciencia moderna puede producir conocimiento, como lo hizo durante muchísimos años”, dice el profesor Sergio Enrique Hernández Loeza. El educador disertó en el encuentro sobre “Educación superior intercultural”, realizado en la Facultad de Ciencias Política de la Universidad nacional de Rosario (UNR).
  El antropólogo doctorado del Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) y radicado en Puebla, participó del encuentro con alumnos y profesores, la mayoría miembros del Programa Intercultural para Estudiantes de Pueblos Originarios y de la Cátedra Libre Creencias y Luchas de los Pueblos Originarios, de esa facultad, coordinado por Claudia Gotta, profesora de historia de la UNR.
  Hernández Loeza también disertó en las universidades nacionales de Tres de Febrero (Buenos Aires) y en la de Salta, como parte de un trabajo que realiza sobre “la interculturalidad en instituciones de educación superior en México, Ecuador y Argentina”.
  Sobre la situación en México, explica que “el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural y la Universidad Campesina Indígena en Red (Ucierd) son organizaciones con una experiencia educativa fundada en la lectura crítica del contexto y vinculada con la práctica transformadora de las desigualdades, con el fin de crear comunidades de aprendizaje”.

Proceso regional. “En México, desde 1978 funciona un área de educación indígena, y se puso énfasis en el nivel primario, pero sin muchos cambios con respecto a la enseñanza en otras escuelas, salvo el intento por preservar la lengua. Funcionaba la experiencia de la telesecundaria, con un profesor a cargo un grado al que le enviaba programas grabados con los contenidos”. El profesor, de 34 años, agrega que “el sistema educativo en México contiene seis años de primarias, tres de secundaria y tres de bachillerato”.
  Ante la falta de escuela secundaria en la región de Puebla, comienza la experiencia que llevará en el 83 a formar el Ceder, radicado en la sierra norte de Puebla, zona centro de México, departamento de Zautla, con población campesina y otros de tradición Nagua.
  “En 1989, cuando los egresados de la secundaria necesitaban seguir su formación se crea la licenciatura en planificación para el desarrollo rural, y a principios del siglo XXI, ese grupo de fundadores funda la Universidad Campesina en Red. El cambio generacional lleva a que los egresados que salían del Centro de Estudios hoy trabajen en el Ceseder. Contiene varias áreas de trabajo en el acompañamiento a procesos locales, no sólo en la educación formal, sino también en la organización comunitaria”.

Diversidad y región. Cerca de cuarenta alumnos cursan dos maestrías, la de “pedagogía del sujeto y práctica educativa, y en febrero último comenzó la de «prácticas narrativas», que busca sistematizar las prácticas de colectivos que trabajan en relación a pueblos indígenas y campesinos”.
  “Hay núcleos de pocas personas y las clases se hacen en la modalidad semi presencial porque se busca que la gente no se aleje de sus comunidades. Algunas asisten una vez al mes al centro de estudios, en otras van un fin de semana o tres días cada dos meses. Se trata que sigan inmersos también en sus procesos comunitarios”, relata.
  Sobre los profesores, indica que “algunos llegan invitados desde otras comunidades y universidades, en función al tema a desarrollar. Participa una gran diversidad de docentes que aportan diversas experiencias y formaciones universitarias y comunitarias”.
  Explica que la carrera de desarrollo comunitario es de cinco años y tiene tres ejes fundamentales; uno referente al análisis del contexto, con asignaturas como economía, política y análisis regional, entre otras. Otro eje es el de comunicación e intervención comunitaria, sobre cuestiones prácticas como las herramientas de diagnóstico, identificación de actores, solución de conflictos y elaboración de proyectos. Y el tercero es sobre cuestiones ambientales y los trabajos ya más técnicos”.
  Hernández Loeza advierte que “lo ambiental tiene que ver con la producción. El municipio de Zautla se halla donde termina el valle de Puebla y comienzan la sierras, entonces es muy árido. La primera necesidad por la que surge el centro de desarrollo es la falta de agua y la búsqueda de técnicas para mejorar la agricultura, porque hay muy baja producción y no alcanza para la subsistencia familiar”.
  En ese marco resalta que “el énfasis inicial está en la cuestión hídrica, luego por la diversidad de origen de los estudiantes de otros estados y con otras condiciones ambientales, se acondiciona el plan de estudios para las necesidades particulares de las regiones de donde vienen los estudiantes. Se busca que al regresar puedan aplicar esos conocimientos y técnicas, además de generar nuevos comunidades de aprendizaje y producción. Los egresados han impulsado centros en Chiapas y Yucatán, entre otros”.

Construcción. “En la construcción de la Nación la búsqueda del Estado se orienta a generar un ciudadano mexicano homogéneo, lo que lleva en los territorios de pobladores originarios, a someterlos a un proceso de denegación del origen y su adscripción a un pueblo indígena”, explica el especialista.
  “Ello lleva —agrega— a que en Zautla, la población se autodefine como campesina y no como indígena, pese a que su forma de vida, cultura y tradiciones marcadas por esa identidad.

Cambio de modelo. Trabajamos con campesinos y con grupos indígenas que se reconoce como tal. Buscamos cambiar el modelo y tener una secundaria vinculada a la comunidad y recuperar los conocimientos propios, además de alternar la educación y la producción”.
  Y afirma: “El problema está cuando la escuela rompe la dinámica de la formación y la comunicación propia de la familia indígena al establecer distintos horarios y actividades disciplinarias. Se introduce una lógica distinta al de las comunidades. La escuela se debe adaptar a la gente”.
  También señala que Fernando Sarango, rector de la Universidad Intercultural de las Nacionalidades y Pueblos Indígenas Amawtay Wasi, de Ecuador, decía que al empezar con el modelo de la universidad fundada en el pensamiento quichua, trabajaron cerca de cinco años con un grupo de intelectuales indígenas y no indígenas. Al elaborar el programa y presentarlo a los ancianos, estos le dijeron: “Llevamos cientos de años dominados por los universitarios, cómo se les o curre ahora otra universidad para seguir jodiéndonos. Así comenzó un debate sobre la universidad, sus fines y principios”.
  Por último, Hernández Loeza sostiene que “uno momento central en la educación está en la reflexión sobre el contexto en el que se vive, dada la diversidad de regiones de dónde llegan los estudiantes. Ello permite no negar la identidad y combatir ese subordinarse al sistema económico dominante, para luego construir alternativas de vida”.

Conocimientos recuperados

“En Argentina aún estamos muy lejos de los ensayos que desde hace tiempo se plantean en México. La educación intercultural nos permite recuperar la formación indígena, con tanto para ofrecer  y que no fue sumada al proceso educativo”, dice Claudia Gotta.
  “En el país —agrega— al pensar en la formación del Estado nacional, planificó en tener una población blanca y una educación sin sumar a los originarios. Hoy “la cuestión tiene un reconocimiento, parece como «correcto» reconocer la multiculturalidad de la Nación Argentina”.
  También señala que “se conformó la Red sobre educación superior intercultural en América Latina (Red Esial) son 124 universidades: la de Tres de Febrero (bonaerense) y otras de México, Nicaragua, Bolivia, Brasil, Costa Rica y Colombia, entre otras. Con modelos diferentes, la articulación en red nos fortalece”.
  Además, remarca: “Hace unos días, en Iruya compartimos el trabajo que realiza desde hace décadas la universidad de Salta. Luego de cientos de años de silencio, tienen nueve profesorados de enseñanza primaria, con formación intercultural bilingüe”.
  “Hay que pensar —advierte— estrategias múltiples, desde la cátedra libre y el programa intercultural de la UNR, acompañamos a que los alumnos que son de pueblos originarios reconstruyan su identidad, que en algunos casos fue prohibida y negada”.
  “Nuestra cátedra se inserta en una facultad donde se piensa en política. No se puede negar la presencia y participación activa de los originarios, sin que por acceder a la universidad dejan de ser de sus comunidades”.
  Por su parte, Hernández Loeza, sostiene: “El acceso a la educación es una demanda histórica de los pueblos, pero hay casos donde la formación  promueve valores referidos a la competencia, el individualismo y el consumismo. Entonces, además de la visibilización de la población indígena, afrodescendiente u otros grupos negados, también se debe transformar el sistema educativo, para la construcción de conocimientos desde instituciones  distintos a la universidad como las conocemos ahora”.
 

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