Educación
Sábado 16 de Julio de 2016

Un grupo de alumnas alfabetizan en la cárcel y aprenden a ser maestras

Son estudiantes del magisterio del Instituto María Auxiliadora. Aun en vacaciones son voluntarias del "Yo, sí puedo".

Quieren ser maestras, enseñar en la escuela primaria, pero también estar preparadas para garantizarles el derecho a la educación a todos. Por eso no dudan y en plenas vacaciones de invierno se suman como voluntarias al Programa de Alfabetización "Yo, sí puedo", que se implementa en la Unidad Penitenciaria Nº 6 (Francia al 5200). Tienen tres meses de trabajo por delante asistiendo a los jóvenes que, en ese tiempo, aceptaron el reto de aprender a leer y a escribir sus primeras letras. Orgullosas del oficio elegido, se ponen a la par, codo a codo, con los internos para hacerles frente a este desafío. Una historia de estudiantes que abrazan la docencia y jóvenes que buscan en el aprendizaje otra forma de ser libres.

Todo empezó con una nota que leyó en el diario Lorena Sambuelli, docente del Profesorado de Educación Primaria del Instituto María Auxiliadora. En ese recorte de diario se anunciaba la inauguración de la Biblioteca Federico Pagura en el ámbito de la Unidad 6, un espacio complementario del Programa de Alfabetización cubano "Yo, sí puedo", que desde fines de 2013 se desarrolla exitosamente en este penal. Así llegó hasta Guillermo Cabruja, coordinador alfabetización de la Multisectorial de Solidaridad con Cuba, quien se acercó a conversar con las estudiantes del profesorado sobre el alcance de este plan. Tanto entusiasmo transmitió Cabruja con su relato que de inmediato se organizó una visita al penal, la invitación a ser parte de este proyecto y una aceptación masiva de las alumnas a ser alfabetizadoras voluntarias.

La dinámica

Dos veces a la semana las chicas se reparten horarios para atender a los veinticuatro alumnos, divididos en dos grupos, que aceptaron apropiarse de la lectura y la escritura. Asisten al penal y de ahí corren rápidamente a cumplir, en tiempo de clases, con la currícula del profesorado. De acuerdo con este plan de alfabetización, las clases son guiadas con un cuadernillo y un material audiovisual, a lo que se suma la práctica con lápiz y cuaderno. Las estudiantes guían el trabajo, responden preguntas, ayudan en los trazos más difíciles y aprenden que la escuela no es una sola. Para todas, estar ahí significa "romper con prejuicios", "valorar lo que se puede ofrecer", "sentirse útiles" y "aprender sobre cómo enseñar en un contexto no siempre conocido". En este grupo de chicas que comparten sus opiniones están Melisa Fontana, Bárbara Stafforte, Cecilia Duarte, Melani Kosinski, Carolina Costamagna, Anabel Vecchiarello, Sara Vrankovich, Gisela Parrota, Belén Montanari, Ailín Pesci, Abril Scoponi, Floriana Parrino, Florencia Valenzuela, Jésica Encina y Micaela Fabre.

Apropiarse de la escritura

"Para eso vengo, para aprender", dice Rodolfo, uno de los jóvenes internos que recién este jueves se incorporó al programa. En su momento, cursó hasta 4º grado de la primaria, pero confiesa que ya se olvidó "cómo era eso de leer y escribir". Sigue cada instrucción que le va marcando el programa cubano, que permite que en poco tiempo las personas adultas se apropien de ese bien común que es la lectura y la escritura. En el pabellón que oficia de aula también están Walter, el responsable de la Biblioteca, que por estos días busca voluntarios externos que quieran ir una vez a la semana unas horas para recibir y entregar libros; Brian, que ya se graduó en el "Yo, sí puedo" pero quiere estar cerca de sus compañeros, animarlos a seguir. Igual que Diego, quien afirma que le gusta leer y escribir de todo, por ejemplo "relatos y poemas". Un rato antes, Héctor abre una de las cartillas y detalla en qué consiste el aprendizaje diario.

El "Yo, sí puedo" es un método de alfabetización para personas adultas, diseñado en 2001 por el Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño de Cuba (Inplac) y gracias al cual ya se han alfabetizado millones de personas en el mundo, en especial en los países más necesitados. En 2006 fue premiado por la Unesco.

Escuela inclusiva

"Nosotras queremos formar maestras que incluyan, que se pregunten qué pasó con la escuela que no supo contener a estos jóvenes, que no los buscó a tiempo", expresa la profesora de práctica Cecilia Ferrari al argumentar por qué impulsan a sus alumnas a ser parte de estas experiencias. Cecilia y Lorena son las docentes a cargo de la cátedra Sujeto de la Educación Primaria. Cecilia se encarga de las prácticas profesionales y Lorena de lo teórico. Ambas se complementan en las metas de trabajo: que sus alumnas conozcan, aprendan cómo es enseñar en distintas modalidades y que no se formen con una mirada única de la educación.

Con ese objetivo por delante, sus planes de clases incluyen reconocer distintos contextos como la educación intercultural bilingüe (participan de la experiencia escolar en la Primaria Taygoyé que la comunidad Toba), en las aulas hospitalarias y también en contextos de encierro. Una tarea que la profesora Sambuelli impulsa desde hace siete años, y sobre la cual comenta: "No se trata solo de que conozcan cómo se enseña en estas modalidades, la intención es que también se involucren con el contexto, convivan con cada necesidad". La intención es demostrar que la educación no se limita al aula, sino que la comunidad, las familias, la realidad social influyen en la enseñanza y aprendizajes.

Amor y ompromiso

Las mesas se acomodan, los jóvenes se van ubicando alrededor, esperan las primeras instrucciones. Todos son muy respetuosos con las jóvenes estudiantes que ofician de facilitadoras. Preguntan, corrigen y a ninguno lo perturban las canciones que en ese preciso instante de las explicaciones llegan desde el pabellón evangélico. Justo están en un momento de oración. Alguien les dirá que no es muy diferente a lo que pasa todos los días en las escuelas, donde se aprende a trabajar paralelamente a los ensayos de un acto, las horas de educación física o los arreglos de algún salón.

Guillermo Cabruja conoce a cada joven de la Unidad 6 que pasan por estas aulas inclusivas, sus historias tan duras, difíciles, también la voluntad que ponen para escribir otro destino para sus vidas. Está convencido que el Programa "Yo, sí puedo" hace más que enseñarles a leer y a escribir: los habilita a otras oportunidades, como esta que viven por estos días, de compartir aprendizajes con estudiantes que en dos años más serán maestras, profesoras de educación primaria. Y para las alumnas del Colegio María Auxiliadora, una posibilidad de ejercer los principios de educar en la solidaridad, el amor y el compromiso, propios la pedagogía salesiana. Una experiencia en la que todos se enriquecen.

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