Mi anécdota
Sábado 17 de Junio de 2017

Un alumno llamado Pancho

Allá por la década del 60, llegaba como director a la escuela del barrio La Orilla, de Esperanza. Recuerdo que entre los alumnos estaba Pancho. Cursaba su tercer grado, con trece años. Su comportamiento era diferente al resto, se expresaba a los golpes, empujones y gritos, corriendo sin sentido por toda la escuela. Sus compañeros lo evitaban, lo rechazaban y habitualmente se producían incidentes.

Ante el primer contratiempo surgido con Pancho, cité al padre para conversar al respecto y le solicité me narre qué actividades realizaba en el hogar y cuáles eran las que consideraba que más les gustaban. Ante ello me refiere que era muy trabajador y siempre dispuesto a cumplir con la tarea de campo, arriar el ganado, alimentarlo, ordeñar y ayudar al padre a trabajar la tierra, arar, sembrar, cosechar.

Luego de la entrevista, me reuní con Pancho y me contó todo lo que le gustaba hacer. Fue entonces que lo consulté sobre qué se podría hacer con un sembrado de maíz, que ocupaba parte del terreno de la escuela. La respuesta fue inmediata: "Si usted me permite, lo cosecho, y preparo el terreno para que quede como el patio, yo traigo todas mis herramientas".

Había logrado un primer compromiso de voluntad! Le pedí que lo hiciera por la mañana, ya que por la tarde debía cumplir con la actividad escolar. Aceptó con gusto.

Terminado el trabajo, ayudó a marcar una cancha de tenis criollo, que también se usó para otras actividades recreativas.

En el transcurso de estas tareas recibió el reconocimiento de todos. Su conducta había cambiado, ahora su autoestima era otra, y todos respetaban los saberes y actitudes de Pancho, quien a su vez se sintió seguro y valorado por sus compañeros.

Finalmente Pancho gozaba al ver que su trabajo y dedicación se convirtiera en un lugar de diversión para todos sus compañeros, y yo estaba satisfecho por lo logrado.

(*) Ex director y supervisor de escuelas y secretario general de Amsafé provincial.

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