Opinión | Acoso escolar
Sábado 24 de Diciembre de 2016

Terminan las clases, pero no el bullying

Finaliza el ciclo lectivo en las escuelas santafesinas. Este hecho naturaliza la llegada de las vacaciones y el merecido descanso para alumnos y docentes. Vamos a detener nuestra reflexión un instante para fijar nuestra atención en el alivio que muchos niños y adolescentes sienten por haber sufrido el acoso escolar durante el año y seguramente las vacaciones, para ellos, tienen otro significado.

   La palabra de origen inglés bullying no es otra cosa en castellano que acoso, maltrato, discriminación. Sabemos que el acoso escolar existe desde siempre; todos tuvimos un compañero o una compañera que soportaba como podía, al gracioso del aula que lo cargaba logrando con sus chistes divertir a toda la clase. Hoy muchos cambiamos nuestras formas de pensar sobre esos chistes que recaían siempre sobre la misma persona y también muchos nos permitimos pensar que eso no estaba bueno. Hoy estas cargadas no se quedan en chistes que se dicen solo en el aula, estos chistes o bromas sarcásticas se expanden a través de las redes sociales y claro el fenómeno cambia... se vuelve más intenso, más agresivo.

   Lamentablemente los casos de acoso escolar que esconden actos inconscientes de provocación, discriminación, marginación, desigualdad, descalificación, degradación, maltrato, insultos se han intensificado en nuestro país. Estas nuevas formas de comunicación han provocado mucho daño a la persona que soporta estos actos, dejando secuelas que en muchas ocasiones son para toda la vida. Quien sufre el acoso escolar agudiza problemas con su autoestima, modifica el rendimiento escolar, presenta dificultades para relacionarse, modifica sus hábitos alimentarios, esquiva a sus compañeros de curso. Estas son algunas de las muchas consecuencias que padecen las personas que son víctimas, a veces con finales terminales y fatales como el suicidio o el ataque violento y descontrolado a los victimarios, hechos que lamentablemente ya se han producido en nuestro país.

   El análisis de los porqué es muy profundo para poder resumirlo en pocas líneas, pues todos padecen esta problemática tanto los victimarios como sus colaboradores o quienes simplemente miran y no intervienen, ya que también terminan sufriendo y arrepintiéndose en la mayoría de los casos. Por eso el respiro que con el final de las clases trae alivio para aquellos que han sufrido el acoso escolar y que tanto han sufrido por no ser oídos, por no haberse animado a hablar o a gritar su dolor. Un respiro de vacaciones que puede ser alterado por cualquier mensaje de cualquier red social cuyo objetivo sea molestar o acosar; pues las redes sociales no respetan los espacios escolares y continúan dañando a pesar del receso escolar.

   Es imprescindible renovar el compromiso de los actores adultos (familia, escuela y Estado) de involucrarnos para seguir trabajando en la búsqueda de las herramientas que nos permitan detener este flagelo escolar y social que tanto daño ocasiona. Para que finalmente "Si nos reímos, nos reímos todxs" sea no solo una expresión de deseo sino una realidad en cada escuela de nuestra provincia y país.


(*) A. Alvarez es director del Instituto Zona Oeste de Rosario. C. Giaccone, diputada provincial.

Comentarios