La historia de la foto
Sábado 05 de Agosto de 2017

Sin techo pero que no falte el pizarrón

El aula se estaba levantando de a poco, había funcionado en un lugar cercano hasta que una tormenta y un viento muy fuerte le volaron el techo.

"Maestro, Macario le manda a decir que no podrá venir porque le salió una changa". Con ese recado la abuela Fabia interrumpió a Edgardo Giordano, por entonces docente del aula radial de la Escuela Nocturna Nº 2.565 de barrio Las Flores. Hacía un ratito que había comenzado la clase de esa tarde de marzo de 2002. El aula se estaba levantando de a poco, había funcionado en un lugar cercano, en Villa La Granada, hasta que una tormenta y un viento muy fuerte le volaron el techo. Consiguieron que la Municipalidad les done un terreno en Caña de Ambar al 1700 y quinientos pesos para comprar los primeros ladrillos destinados a levantar las paredes. Sólo faltaba dar una mano más de la comunidad y de aportes para poder techar. Aportes que las escuelas siempre se las ingenian para conseguir de aquí y de allá también.
Al frente de la larga mesa —como muestra la imagen tomada por el reportero gráfico Néstor Juncos— estaba sentado el maestro Edgardo, con su guardapolvo blanco. Parado Ubaldo, otro de los alumnos, escribiendo sobre el pizarrón. Ubaldo oficiaba además un poco de encargado de preparar el lugar un rato antes de la clases, de poner la pava para el mate, infaltable en estos encuentros.
Al aula radial también le faltaba el baño. "Si tenemos ganas de ir al baño, pedimos permiso y nos corremos hasta la casa", admitían los alumnos y alumnas entre risas. En ese momento la mayor aspiración era conseguir unas pocas chapas para el techo. Y claro, ya que está un poco de todo lo demás: materiales para el piso y acondicionar mejor el lugar.
Todos y todas quienes asistían a esta escuelita —y como pasa ahora también— lo hacían para darse una revancha en la vida. "Lo que más quiero es aprender a leer y a escribir", "Vengo para no olvidarme lo que aprendí". "Yo iba a la escuela pero me mudé y dejé, hasta que un día pasó el maestro y me invitó a venir". Se turnaban los testimonios para contar por qué estaban allí. Al aula la bautizaron "Claudio Pocho Lepratti", el militante social y muy querido en el barrio, asesinado por la policía de Reutemann en diciembre de 2001. Pocho Lepratti trabajaba en el comedor de la Primaria 756, que funciona en el mismo edificio de esta Nocturna.
Hoy Edgardo es el director de la Nocturna 2.565 de Las Flores y Guillermo Díaz es el nuevo maestro del aula radial. El aula ya tiene techo y por estos días esperan un subsidio para mejorar el espacio. Sigue siendo igual de humilde, sencilla y comprometida como siempre.

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