Educación
Sábado 02 de Septiembre de 2017

Se divierten con la ciencia, aprenden y ganan medallas

Estudiantes destacados en la Olimpíada Ciencias Junior. Alejo Melfi, del Poli, ganó el oro y realizó "la mejor prueba teórica".

Alejo Melfi tiene 15 años, cursa 3ero. en el Politécnico y fue premiado con medalla de oro en la 10º Olimpíada Argentina de Ciencias Junior. Además logró la distinción a "la mejor prueba teórica" de esta competencia. No es todo, junto a otro compañero de escuela, Matías Raimundez, fue seleccionado para participar en la instancia internacional de este certamen que se realizará en Holanda en diciembre próximo. Con todos esos méritos cosechados, dice que lo mejor de las olimpíadas es la oportunidad "de conocer estudiantes de todo el país, de tomar mates en ronda con otros y hablar como si nos conociéramos de toda la vida".

   Otros estudiantes rosarinos también sobresalieron en las olimpíadas que unen física, química y biología en un solo desafío. Milca Kil, de 16 años, y alumna del Colegio Santísimo Rosario fue premiada con la medalla de plata. Lorenzo Cabrera, medalla de bronce y Valeria Gómez reconocida una mención de honor por su destacada participación. Lorenzo y Valeria son también alumnos del Politécnico (depende de la Universidad Nacional de Rosario).

   La etapa nacional de Ciencias Juniors se realizó en Mendoza entre el 19 y el 26 de agosto. Hasta allí llegaron unos 500 estudiantes de casi todas las provincias. Son quienes pasaron las instancias previas a la nacional. El certamen tiene la particularidad de unir en pruebas teóricas y experimentales la física, la química y la biología. Es promovido por la Universidad Nacional de Cuyo, y auspiciado y financiado por el Ministerio de Educación de la Nación.

Espacios recreativos

Pero la estancia en Mendoza no fue solo encerrarse en las paredes de un aula o en un laboratorio, también resultó una oportunidad de compartir espacios recreativos entre los estudiantes. "La parte más linda!", coinciden en charla con La Capital. "Yo me hice un grupo amigos, íbamos al patio, hacíamos ronda de mates, hablábamos, jugamos al fútbol, al vóley...", repasa Alejo. "Nos divertimos conociendo cómo se nombran las cosas en cada lugar", dice Valeria sobre ese aprendizaje invisible pero perdurable, que es el reconocimiento de la diferencia, de los otros.

   Matías Raimundez también participó en esta olimpíada nacional pero sin competir. Su meta era quedar seleccionado para la internacional de Holanda. Y lo logró. En diciembre, Matías, Alejo, dos estudiantes de Buenos Aires y una alumna mendocina llegarán al mundial de Ciencias Junior representando a la Argentina.

   "Para mí, lo más lindo de la olimpíada es disfrutar", se sincera Lorenzo, de 15 años. Es alumno de 2º del Poli y está tan contento con haber sido parte de esta experiencia que no duda en explayarse en los beneficios que tiene aprender estas disciplinas: "Aprendemos muchas cosas —de la física, la química y la biología— que están en tu vida cotidiana y no te das cuenta". Lo explica con un ejemplo que protagonizó con sus compañeros de olimpíada y un subibaja al que subió con una alumna de Mar del Plata. "¿Quién pesa más: Alejo de un lado o nosotros dos juntos?" se preguntaron y ahí nomás se pusieron a calcular quién tenía razón con la respuesta. Con sus palabras Lorenzo también muestra lo provechoso del sentido lúdico cuando se aprende, también que las ciencias no son para nada distantes.

La clave del trabajo docente

¿Cómo transmitir el entusiasmo por estas ciencias? Matías dice que "con entrenamiento" y "con profesores que nos apoyen". Es ahí cuando miran y nombran al profesor de física Juan Farina que los acompaña en la entrevista. También prepararon a los alumnos del Poli para esta olimpíada Ignacio Evangelista y Aylén Avila.

   "Para mí lo más importante es que los profesores estén entusiasmados por enseñarte, que vos te entusiasmes por aprender", apunta Alejo como dato clave. Valeria cuenta que comenzó participando de las olimpiadas de matemática, hasta que conoció al profesor de física, Juan Farina: "Nos empezó a plantear incógnitas que te das cuenta que tienen que ver con estos conocimientos, ahí empecé a tener más dudas, interés por ver qué pasaba, así te empiezan a gustar las ciencias". Darle lugar a la pregunta en la escuela, en las clases, es otra de las observaciones que hacen valer los estudiantes.

   "Muchos piensan que la ciencia es algo de privilegiados o de los más sabios, pero la ciencia es algo de todos, cercano a nosotros, está en lo cotidiano", desafía Milca, de 16, a animarse a romper con los prejuicios y mitos que rodean a estos saberes. Es el segundo año que participa de Ciencias Junior, la primera vez que llega a la nacional donde fue reconocida con medalla de plata. También Milca aprecia el intercambio estudiantil que se genera en las olimpíadas.

   La joven del Santísimo Rosario considera importante que la escuela y sus docentes se involucren en esta competencia. Eso anima a más chicos y chicas. "Son muchos los profes que nos ayudan...", dice y menciona entre otras a las profesoras de física Andrea Zárate, quien la acompañó a Mendoza, y a Mariela Rinaldi quien "tuvo la primera idea de participar".

   Para llegar a esta competencia, los adolescentes dedican buen tiempo al estudio, al entrenamiento, incluso a indagar en temas que aún no han llegado a dictar en clases. Un esfuerzo que es acompañado por muchos docentes, que hasta —lo dicen con mucha admiración— ofrecen tiempo propio, sin cobrar un peso, para prepararlos. Los organizadores de Ciencias Junior distinguen que la olimpíada "favorece el desarrollo del pensamiento científico, además de promover vocaciones por las ciencias experimentales".

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