Educación
Sábado 01 de Abril de 2017

Recuerdos para abrazar

Cuando me pidieron que escriba alguna anécdota de mi paso por la escuela enseguida comencé a pensar en algo en particular, y me di cuenta que en pocas líneas me iba a resultar imposible hacerlo.

Cuando me pidieron que escriba alguna anécdota de mi paso por la escuela enseguida comencé a pensar en algo en particular, y me di cuenta que en pocas líneas me iba a resultar imposible hacerlo. Con solo recordar los días de tarde en la Escuela Nº 69 Doctor Gabriel Carrasco en mi primaria y los días de mañana en la Nº 272 Juan Bautista Alberdi, en la secundaria, me empezaron a llover las historias. Primero, los amigos, aquellos que todavía frecuento y aquellos que no veo desde hace más de 25 años por esos vaivenes que tiene la vida.

Las maestras y profesoras que pasaron por mis años de escolaridad, las que fueron, como todos dicen, "mis segundas madres". De aquellos directivos que en esa época marcaban una forma diferente de autoridad: ni mejor ni peor, solo diferente. De los propios porteros, quienes se ocupaban desde la limpieza hasta el cuidado de "sus chicos", como ellos mismos decían. Nombrar uno por uno sería interminable, y hasta irresponsable de mi parte porque seguro me olvidaría de alguno y no me lo perdonaría.

Pensar en esos días todavía me emociona, me hace lagrimear, fueron doce años irremplazables para mí. No puedo olvidar el entusiasmo que tenían esos docentes frente a sus aulas. Los gritos en los recreos, los silencios en clase porque la maestra se enojaba o porque el profesor se irritaba cuando no estudiábamos lo que correspondía e íbamos a dar lección sin haber abierto la carpeta. Por eso todavía le digo gracias a mis viejos, quienes decidieron hacerme "caer" en esas escuelas públicas. Puedo decir que me eduqué de una manera inigualable, no solo en materia escolar sino también en lo personal.

Cómo me habrá marcado esa escuela secundaria que fue ahí donde definí que sería periodista. Fue después de una larga charla, en primer año, con un profesor de educación cívica, quien notó esa condición en mí.

Por eso y mucho más, hoy, veo con nostalgia aquellos tiempos y añoro la forma de educar de esos docentes que me dejaron huellas entrañables y a quienes, con estas simples palabras, abrazo entre mis mejores recuerdos.

Pablo Kassabian (Periodista - Especial para educación)

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