Educación
Sábado 29 de Abril de 2017

"Quieren ligar la Reforma con las políticas del gobierno nacional"

Roberto Follari cuestionó al radicalismo universitario y dijo que este espacio "está colonizado por el PRO".

El año que viene se cumplen cien años de la Reforma del 18, uno de los hitos más importantes de la universidad argentina y latinoamericana. Para el investigador Roberto Follari, hay que sostener y defender las conquistas de la gesta de Córdoba. Propone "ir contra una oficialización de la Reforma Universitaria que pretenda presentarla en ligazón con las políticas del actual gobierno nacional" y advierte que "se quiere "recolonizar a la noción de Reforma desde un radicalismo que hoy está completamente al servicio del PRO".

Doctor en psicología, docente de la Universidad Nacional de Cuyo y autor de "La selva académica" (Homo Sapiens Ediciones, 2008), Follari renunció días atrás al Comité Académico del VIII Encuentro Nacional y V Latinoamericano "La universidad como objeto de investigación", que se realizará del 3 al 5 de mayo en la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Con fuertes críticas hacia las autoridades del encuentro, el investigador dijo que pertenecen a "un radicalismo colonizado por el PRO" y espera "que no veamos a la Reforma como la bandera con la cual se quiera tapar el apoyo al neoliberalismo del actual gobierno".

—¿Cómo ve el actual panorama de las universidades, con reclamos salariales y otros debates más profundos?

—Sin dudas que los docentes universitarios tuvimos una mejora en los años posteriores a 2003 desde el punto de vista salarial. El salario docente subió un cien por ciento en términos reales del poder adquisitivo, no nominales. Pasamos a ganar el doble en dólares en capacidad interna de compra. Esto ha comenzado a revertirse en ofertas como los aumentos escalonados y prácticamente se nos ha recortado cerca del 30 por ciento del salario en dos años. Es alarmante, como también la pérdida más general en términos presupuestarios. El salario sólo no garantiza un buen funcionamiento universitario, pero es condición necesaria. Estamos en una situación bastante regresiva.

—¿Entiende en esto una necesidad del gobierno de cerrar números o una mirada particular con la universidad pública?

—Ambas cosas están articuladas. La mirada del gobierno implica un recorte pero implica también qué tipo de condición estratégica se le da a la universidad y a la ciencia. Si no hay un proyecto de desarrollo autónomo es evidente que la ciencia en sus aspectos tecnológicos pierde significado y valor. Sin dudas que hay un pensamiento ligado a que todo se resuelve con la venta de commodities, materias primas. Y el retorno a ser prácticamente un país agropecuario donde la industria nacional no tiene lugar en base a esta apertura indiscriminada de las importaciones.

—¿Cómo vivió los cuestionamientos que se le hicieron a las ciencias sociales?

—Como un daño que se hace a la importancia estratégica de las ciencias sociales, en un tiempo en el que el vulgo y las formas más brutales de la ignorancia se ejercitan a través de la televisión al tratar temas sociales. A la seguridad se la banaliza en términos de "hay que matar a todos los que delinquen". Estas barbaridades, que uno puede escuchar en cafés y reuniones familiares, vienen de la televisión por parte de "expertos televisivos". Que lo son en manejo de opinión, pero absolutamente ignorantes de cuanta cosa exista. El programa Animales Sueltos es el caso más extremo de esa mezcla de banalización y mala fe. La ciencia social tiene hoy un rol importante contra la vulgata que se crea que de la sociedad puede opinar cualquiera, porque todos pertenecemos a ella. Por supuesto que todos pueden opinar. Ahora, hay opiniones que están basadas en el conocimiento y que por lo tanto tienen un valor. Evidentemente se quiere atacar a las ciencias sociales desde el gobierno, y más cuando hay un personaje como (Alejandro) Rozitchner diciendo que ellos están en contra del pensamiento crítico, porque llama pensamiento afirmativo a una especie de alegría estúpida parecida a la canción "La felicidad" de Palito Ortega.

—¿Iría a debatir a ese tipo de programas o cree que esa "batalla cultural" hay que darla en otros lados?

—Básicamente hay que darla también por otros lados. Por la grieta que exista. Grieta no en el sentido habitual del uso de esta palabra, sino que los pequeños espacios que haya vale la pena aprovecharlos. Pero quizás no ya en algo como Animales Sueltos, que evidentemente ellos creen que es un programa cuyo nombre quizás aluda al pensamiento de sus conductores. Intratables deja algún margen, más allá que es desastroso su formato y tiene una amplia hegemonía retrógrada, así y todo hay algún margen. Pero Animales Sueltos no, directamente están dedicados a producir desprestigio y difamaciones.

—El año que viene se cumplen cien años de la Reforma ¿Qué debates cree que hay que empezar a transitar para llegar a esa fecha?

—Por un lado creo que el legado de la reforma está consolidado, pero siempre hay que sostener la garantía de la libertad de expresión en las universidades, la libertad de cátedra y la autonomía. Todo esto hay que garantizarlo, porque hoy se vive en la Argentina el período de menor libertad de palabras desde la dictadura para acá. Esto no te quepa la menor duda, hay programas de radios que han cerrado, esto abunda. Así que no hay que dar por hecho que algunas de las conquistas de la vieja Reforma están consolidadas, sino que hay que sostenerlas y defenderlas. Y habrá que ir contra una oficialización de la Reforma Universitaria que pretenda presentarla como en ligazón con las políticas del actual gobierno nacional. Porque se va a recolonizar a la noción de Reforma desde un radicalismo que hoy está completamente al servicio del PRO. Un radicalismo colonizado por el PRO, vergonzosamente perdido de lo que alguna vez fue su identidad. Y esto tiene que ver con este encuentro en Santa Fe, que no sea que veamos a la Reforma como la bandera con la cual se quiera tapar el apoyo al neoliberalismo del gobierno actual en la Argentina. La Reforma Universitaria fue hace un siglo, ser reformista hoy es reformar hacia adelante. Y esto significa que quien se quiera quedar simplemente en el elogio de lo que pasó hace un siglo está atrasado en relación a lo que se necesita hoy. Hay que pensar la relación de la universidad con la producción y el medio, las políticas de extensión, el ingreso y sobre todo la permanencia de los que pueden ingresar. Y también con el tipo de organización interna, si por departamento o por cátedra, si la cátedra es algo muy viejo que hay que modificarlo. Los organismos de decisión deberían ser más decisorios, porque en un Consejo Directivo no se puede seguir discutiendo cuándo un profesor pide licencia. Los consejos tienen que trabajar sobre los temas estratégicos, no sobre toda la cuestión administrativa y rutinaria. Eso es un legado de la Reforma, cuando había un tres por ciento del número de estudiantes de hoy.

—¿La comunidad académica está metida en estos debates?

—Estos encuentros acerca de la universidad, que Pedro Krotsch inició en su momento, han colaborado a producir una mirada renovada y estratégica. Pero en ellos participan expertos e interesados especiales, no la mayoría de las universidades. La idea de comunidad para la universidad es una noción amable pero que quizás no la describe, porque la universidad es una especie de anarquía organizada, como dijo Burton Clark. Es un espacio donde con muchos de mis colegas no comparto ningún horario ni espacio institucional. De modo tal que cada uno funciona por su lado y la construcción de sujetos colectivos es muy difícil. Por ello la conciencia colectiva de los problemas que tenemos como universidad es bastante baja, porque no hay lugares donde producir una identidad en común.

—La Reforma tuvo un impacto por fuera del país ¿El centenario también debe repensarse en el actual contexto latinoamericano?

—Si, por supuesto. Pero habría que decir que si bien ha habido debates y publicaciones, han estado más por debajo de lo que exige la circunstancia. La universidad, por esto que decíamos que es difícil a veces agregar voluntades, no se ha hecho eco suficientemente de estas discusiones. Un caso es en la teoría de la comunicación, uno de los espacios donde doy clases. Pese a que los temas de la hegemonía y los oligopolios mediáticos han tenido enorme importancia en la lucha ideológico-política de estos años, es lo que menos se discute en las carreras de comunicación, donde se sigue con Jesús Martín Barbero que decía "De los medios a las mediaciones", y entonces parece que los medios no son importantes, cuando en América latina están siendo enormemente decisivos en los procesos políticos.

—¿Cómo se enmarca su renuncia a formar parte de este encuentro en la UNL?

—Mi renuncia es un pequeño gesto, pero no soy el único del comité académico que ha escrito su insatisfacción a las autoridades del evento. Me consta que hay varios miembros que están molestos con cómo se ha manejado por parte de la cúpula, que pertenecen a la Unión Cívica Radical. Adolfo Stubrin es un reconocido representante del radicalismo en las universidades y uno de los responsables máximos del evento. Es quien nos invitó a formar parte de un comité académico para que pusiéramos el nombre y nada más, porque no nos ha dado siquiera información de ninguna otra cosa. Y esto muestra un uso bastante autocentrado de organización y e indebido de los nombres. Por lo menos para mí esto está muy claro, yo no soy prestanombres para nadie. No estoy para que nadie tome decisiones en nombre mío sin consultarme, como aquí ha ocurrido. Y además está tomando una larga tradición que tuvo la revista Pensamiento Universitario y este encuentro, que ha tenido siempre un claro contenido crítico. Está el riesgo que hoy sea reorientado hacia una relación funcional con el gobierno nacional.

—¿Este "destrato" que denuncia cree que está relacionado con un intento de no confrontar con el gobierno nacional?

—Si así no fuera yo lo celebraría. Pero hay una fundada sospecha que es así. Porque: ¿por qué ocultar las decisiones? ¿Por qué no abrirlas y discutirlas? Esto no es inocente. Insisto, hay una molestia entre miembros del comité, y de otros investigadores que no pertenecen al comité pero que pertenecen a la tradición de la investigación sobre la universidad. De modo que hay un malestar bastante generalizado en torno al comportamiento de la organización.

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