Educación
Sábado 27 de Mayo de 2017

Pensar un mundo con conciencia de género

Estudiantes secundarios organizan un taller para desarmar los estereotipos sociales que promueven violencia hacia las mujeres.

Una adolescente recuerda que una vez, cuando estaba en la primaria hace unos cuantos años, un compañero de curso le pegó durante un recreo. Angustiada, la nena buscó a la señorita para contarle lo que había pasado. Casi por instinto acudió a ella, pensó que era la persona adecuada para intervenir y resolver el asunto. "Los que se pelean se aman", fue lo que le contestó la maestra y la niña se la quedó mirando sin entender la respuesta. "Si el nene te empuja, es porque gusta de vos".

Esta anécdota real desvela un mecanismo, un artilugio solapado que se repite una y otra vez a lo largo de la historia, tanto se repite, que terminamos por creer que es cierto y lo aceptamos como "normal". Los estereotipos, como las telarañas, se tejen con sutileza y de manera imperceptible, se crean tan naturalmente, en apariencia, que al descuidarse hombres y mujeres terminan enredados en ellos.

Para desandar ese camino y liberarse de las ideas que sentencian, un grupo de estudiantes de la ciudad creó el primer Taller de Género para alumnos del secundario. El objetivo es que los chicos tomen la palabra y cuenten sus experiencias. Es mirar con lupa los prejuicios que desde la cuna absorbemos como esponjas y darse tiempo para pensar recursos que puedan desarmarlos lentamente.

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Un espacio inclusivo

La iniciativa de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) surgió luego de una experiencia en formación de género de la que habían participado en la Fundación Igualar. "Queríamos replicar algo parecido porque nunca habíamos visto que se haya hecho algo así para chicos de nuestra edad y porque en la escuela no contamos con muchos espacios para hablar de estos temas", cuenta Naibí Castillo, militante de la UES y alumna de 4º año de la Escuela Provincial de Danzas Nº 5.032 Nigelia Soria.

El Taller de Género lleva el nombre de Micaela García, en homenaje a la joven de 21 años víctima de un femicidio el pasado 8 de abril en Gualeguay, Entre Ríos. Como Micaela, los integrantes de la UES forman parte del Movimiento Evita. "Decidimos ponerle su nombre porque nos golpeó mucho ese caso, ella era una compañera, una militante, es como si fuera una de nosotras, luchaba por lo mismo y levantaba nuestra misma bandera. Pensamos que haciendo esto podemos empezar a concientizar a muchos chicos sobre Educación Sexual Integral (ESI)", reflexiona Luna Garat, que cursa 4º año en el Instituto Politécnico Superior General San Martín.

Pero el curso no es sólo para militantes. "Lo buscamos como un espacio que sea bien amplio y para pensar las problemáticas que tenemos. Después de habernos formado en el tema, sentimos que es nuestra obligación preguntarnos qué es lo que los chicos no entienden o no saben y hacer algo con eso", cuenta Luna.

Del primer encuentro —de un total de tres— participaron más de cincuenta estudiantes de escuelas públicas, privadas y religiosas. Había jóvenes del Complejo Educativo Francisco Gurruchaga, de la Nigelia Soria, Verbo Encarnado, Politécnico, Nuestra Señora del Huerto, Superior de Comercio, Normales 1, 2 y 3, San Jorge y Técnica 5, entre otros colegios.

La reunión inaugural estuvo dedicada a conversar sobre los estereotipos ¿Por qué los reproducimos? ¿Somos conscientes de esa repetición? ¿Quién los inventó? ¿Cómo se sostienen en el tiempo?

Para abrir el debate se proyectaron dos cortometrajes que ponían en cuestión los roles tradicionales asignados a hombres y mujeres e invitaban a observarse en las prácticas cotidianas. Mientras en la sala los estudiantes miraban las producciones audiovisuales en absoluto silencio, el aire se llenaba de preguntas y las dudas sobre ciertos temas empezaban a aparecer ¿Quién fomenta los modelos de belleza? ¿Cómo se construye lo femenino? ¿Y lo masculino? ¿La orientación sexual se elige o se descubre?

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Los debates

Agrupados en comisiones los estudiantes se distribuyeron en los tres pisos que tiene el local de ATE Rosario, que brindó el espacio para desarrollar el taller. Mate de por medio, se sentaron en ronda y comenzaron a charlar. Los relatos se amontonaban y salían a borbotones. Como si el viento moviera las palabras de un lugar a otro, las conversaciones se repetían en los distintos grupos. "A mí mil veces me han dicho marimacho porque no uso pollera ni me gusta el color rosa. Todo me compran rosa, hasta las cortinas. ¡No entienden que no me gusta el rosa!", se quejaba una adolescente mientras otra agregaba: "A los varones en la escuela los dejan ir con pantalones en invierno y ¿por qué nosotras tenemos que ir en pollera?. Además debemos usarla larga, porque la directora nos dice que si la llevamos cinco dedos arriba de las rodillas, estamos provocando". Mientras, otro chico pregunta: "Si hoy nosotros hubiéramos venido con pollera, ¿nos hubieran mirado bien? Yo un día salí en calzas a la calle y me preguntaron si era gay".

Los relatos son simples y revelan que, en general, los estereotipos se aprenden en la casa, se refuerzan en la escuela y después, se nos impregnan como tinta.

"La verdad es que no vemos que se trabaje con perspectiva de género en las escuelas, todos tenemos más o menos la misma problemática de la no implementación de la ESI. Hay algunos centros de estudiantes que ni siquiera tienen la fuerza necesaria para poder trabajarlo ya sea porque no conocen muy bien la herramienta o porque se encuentran con directivos que ponen trabas. Incluso en muchas escuelas religiosas la ESI es como una mala palabra y en cambio, dan educación para el amor", evalúa Naibí.

En el Poli, donde los cursos suelen tener cinco chicas por cada treinta varones, "los profesores de materias clásicas, que están formados en la vieja escuela, hablan de las mujeres como el sexo débil. Los varones escuchan eso y después, lo naturalizan, porque el que lo dice es un adulto y se supone que los adultos dan el ejemplo. Nosotros nos vemos influenciados por todas las personas que nos rodean y si quienes nos rodean son docentes que no están preparados en cuestiones de género, entonces a nosotros se nos pegan un montón de cosas que después vemos como habituales. Yo no sé si hoy la escuela tiene una estructura para empezar a cambiar eso", opina Luna.

De a poco, la conversación se aleja de la responsabilidad de las instituciones y se enfoca en en ellos mismos. Los jóvenes empiezan a observarse en sus comportamientos cotidianos y se animan a hablar de sus propias contradicciones. "Somos una generación de transición que acepta la diversidad pero nos da asco ver a dos pibes besándose en la calle", dice uno de los chicos, mientras otros hacen referencia a los chistes o comentarios que circulan a diario y que no contribuyen demasiado en romper con los estereotipos.

"Somos conscientes que para lograr un mundo que tenga conciencia de género también tenemos que trabajar nuestros propios micromachismos", sintetiza Luna.

Después de varias horas de debate, los estudiantes volvieron a reunirse para pasar en limpio las primeras conclusiones. En un intento por subvertir las desigualdades que plantea el lenguaje, utilizaron la letra X para reemplazar al masculino como genérico. La intención es que el documento, que refleja parte del debate, pueda circular por todas las escuelas secundarias y después extender la discusión hacia afuera para sacudir los estereotipos y construir sociedades más igualitarias.


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