La historia de la foto
Sábado 10 de Junio de 2017

Las bicicletas de los chicos de pueblo

Una imagen mágica y repetida en los poblados del interior provincial.

Las bicicletas reclinadas en el ingreso de las escuelas (también en las puertas de las casas) son una postal repetida en los pueblos de la provincia. Una imagen imposible de pasar por alto, en especial si quien la contempla es habitante de una gran ciudad.

Esa magia cotidiana sigue pasando cada mañana en la Escuela Nº 6.058 General Guillermo Pinto de J. B. Molina, poblado ubicado a unos 80 km al sur de Rosario, y donde fue tomada esta foto, en 2008. Fue durante una entrevista donde docentes y chicos contaron cómo es aprender en una escuela de jornada completa. Pasaron nueve años de aquel instante, y esa rutina continúa ocurriendo cada día igual. "Sigue a lo largo del tiempo, y la gente (que llega de visita) se sorprende igual que ustedes. «Mirá lo que es esto!» se asombran señalando las bicicletas", cuenta hoy la directora Fabiana Mattioli a La Capital.

Fabiana dice que las bicicletas están siempre así, ubicadas sobre el cordón de la vereda, sin cadenas ni candados... de alguna manera hablan, relatan cómo se habita el pueblo: "Representan la tranquilidad con la que vivimos. También que los chicos son libres, que van y vienen despreocupados de los hechos de inseguridad". Esa convivencia se traslada a lo cotidiano de la escuela, que se vuelve "un ámbito de confianza".

En la escuela de jornada completa los chicos asisten por la mañana a clases de ciencias, matemática o lengua como ocurre en las demás primarias. Y por la tarde, las posibilidades de aprender y disfrutar se extienden a diferentes talleres y espacios. La directora valora el trabajo cooperativo y solidario que todo el tiempo mantienen con las familias y la comunidad. Actualmente son 145 los nenes y las nenas que cursan en la Guillermo Pinto, desde la sala de 4 años de jardín hasta el 7º grado. La mayoría de los chicos también almuerza y toma la leche en la escuela.

Fabiana lleva treinta años en la docencia y dice que disfruta de cada momento de su profesión, aún cuando las dificultades de trabajo del momento no sean nada favorables para la zona. La breve charla se extiende sobre cómo desde los pequeños gestos continuos de cada día se construye la autoridad pedagógica y el respeto necesario para enseñar y aprender. Se entiende mejor entonces el valor de esas bicicletas que descansan despreocupadas, confiadas, esperando la campana del final de la jornada escolar.


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