Educación
Sábado 06 de Mayo de 2017

La huella de la maestra rosarina Juana Elena Blanco

La maestra rosarina que pensó en la educación de los niños más pobres.

"Nuestras pretensiones son modestas. Que ningún niño quede sin instrucción dentro del municipio proveyéndole de vestidos, útiles escolares y cuanto fuera menester". Las palabras las pronunció la maestra rosarina Juana Elena Blanco ante el Congreso Americano del Niño que se realizó en 1906 en Montevideo. Ya había comprobado que unos dos mil niños de la ciudad estaban por ese entonces sin escuela.

   Juana Blanco fue una de las primeras maestras normales graduadas en Rosario y desde el primer momento mostró una particular preocupación por los niños pobres. Tanto fue su compromiso que en 1905 creó la Sociedad Protectora de la Infancia Desvalida. Una institución que se propuso atender a la infancia más necesitada, con educación y asistencia sanitaria y social. Años más tarde, con esa misma intención, impulsa la creación de una colonia de vacaciones en Carcarañá.

   Las crónicas de La Capital repasan que Juana Elena Blanco nació y creció en Rosario (entre fines del siglo XIX y principios del XX), en los años de las "grandes migraciones, del esfuerzo a destajo, de inquilinatos atestados de gente y de calles que devoraban las ilusiones de los niños que formaban parte de la fuerza de trabajo. «Ningún problema nuevo había que resolver pero sí uno trascendental, educar a los hijos de las familias pobres». Ese era su norte. Tal como lo recoge una reseña histórica de 1930, a cinco años de su muerte, que ocurrió cuando sólo tenía 59", escribió la periodista Silvia Carafa en su artículo "Juana Elena Blanco, la maestra rosarina de los niños pobres" (5/8/2006).

   En ese mismo escrito publicado por este diario, habla el querido educador Ovide Menin (fallecido en enero de 2015) quien describe a Juana Elena Blanco como una educadora de avanzada para la época: "Su filosofía es el respeto a la participación activa del niño en el proceso de aprendizaje. Una idea concebida a la luz del positivismo de ese entonces. Es de avanzada si se piensa que en ese momento el concepto de niño era el del niño quieto. La Escuela Activa admite el movimiento en el chico, de alguien que participa activamente, y donde el trabajo manual adquiere relevancia. Dicho ahora parece una simpleza, pero para aquel entonces, para la escuela del silencio, del permiso que el chico debía pedir constantemente para moverse y hablar, era revolucionario".


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