Educación
Sábado 25 de Febrero de 2017

Investigadores se plantan contra los "lugares comunes" del debate científico

Científicos del Conicet y la UNR rechazan el ajuste y defienden el rol del Estado frente a las corporaciones.

Desde fines de 2016, cuando el gobierno nacional anunció un fuerte recorte en el ingreso a la carrera de investigador en el Conicet, la comunidad científica viene realizando distintas actividades para visibilizar un problema que trasciende lo que pasa dentro de los laboratorios. "Queremos una ciencia al servicio del pueblo y no de las corporaciones", advierten desde la asamblea local de trabajadores de ciencia y técnica. Convocados por La Capital, un investigador en ciencias sociales, una becaria y una científica repatriada de Bioquímicas dan el debate sobre el rol de la ciencia en la sociedad. Y se animan a desmontar una serie ideas que intentan desprestigiar su reclamo.

Agustín Prospitti es docente e investigador de la UNR y desarrolla su tarea en el Instituto de Investigaciones Socio-históricas Regionales de Rosario (Ishir-Conicet/UNR). Su estudio está orientado a los procesos de historia política y el movimiento obrero. Becaria doctoral del Conicet, María Julia Blanco desarrolla su tesis sobre la historia editorial, las bibliotecas y el pensamiento político argentino. Es además docente de la UNR. La historia de Alejandra María Pacchioni tiene otro recorrido, ya que es una de las científicas repatriadas durante la anterior gestión. De 1992 a 1998 trabajó como docente en Bioquímicas, luego realizó el doctorado en Córdoba y de allí marchó a Carolina del Sur (Estados Unidos), donde estuvo cinco años. Regresó al país en 2009 y hoy trabaja en el área de toxicología de la Facultad.


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Los tres forman parte de la Asamblea de Trabajadores de Ciencia y Técnica y participarán el próximo miércoles del "paro científico", donde se montará una feria de ciencias en la Plaza Pringles (de 17 a 20), en protesta contra el recorte para el área dispuesto por el gobierno nacional. Quienes desarrollan sus trabajos en el Conicet y en las facultades de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) buscan visibilizar un conflicto que ya lleva varios meses, cuando el Ministerio de Ciencia y Tecnología dejó afuera en todo el país a unos 500 becarios del sistema, pese a haber sido evaluados positivamente para ingresar en la carrera del Conicet. Tras una fuerte protesta de la comunidad científica y universitaria, el gobierno prorrogó transitoriamente la gran mayoría de esas becas. Pero a mediados de febrero, el directorio del Conicet resolvió que el número de vacantes para 2018 será de 450 —y la mitad de ellas para ciencias aplicadas— consolidando el cuello de botella en el ingreso al sistema.

De esta manera el ministro Lino Barañao echó por tierra, al menos en términos prácticos, con la "pesada herencia" que él mismo proyectó junto a la expresidenta Cristina Fernández, cuando en 2013 se lanzó el Programa Argentina Innovadora 2020, donde se proponía pasar de 2,9 a tener cinco científicos por cada mil personas económicamente activas. En rigor, el plan buscaba llegar en 2015 con 10 mil científicos (meta que se cumplió), y a 15 mil en 2020. Eso implicaba un crecimiento del 10 por ciento anual en los ingresantes al Conicet hasta 2018.

Pero a la par de dar la discusión hacia dentro de los organismos del Estado, los científicos se encontraron teniendo que dar batalla contra ciertos lugares comunes que se instalaron en la agenda de discusión. Agravios en muchos casos, "zonceras" (como diría el ensayista Arturo Jauretche) en otros, que fueron amplificados por las redes sociales.

—¿Cómo tomaron que se catalogue a ciertas investigaciones como inútiles, o que se cuestione el financiamiento a las ciencias sociales?

—María Julia Blanco: Lo que nos estamos dando cuenta con este gobierno es que hay cosas que parecían superadas en el tiempo que no lo son. Se volvió a cosas tan básicas como cuestionar el número de desaparecidos, que pensamos que era una locura que eso pudiera volver a suceder, y sucede. Y en ese contexto que resurge el neoliberalismo con mucha fuerza, hay cuestiones que parecían saldadas y están muy vivas. Los que nos dedicamos a las ciencias sociales notamos que de repente lo que nosotros hacemos no tiene validez porque no tiene una utilidad práctica en términos de cuál sería el rédito monetario que se le puede conseguir. Deja de tener prestigio aquello a lo que no se le encuentran un fin comercial. Entonces nos encontramos, en el actual sistema científico, que aquellos que pueden justificar que le pueden ser útiles a las corporaciones o a las empresas privadas tienen alguna validez y eso interesa. Y los que no lo tienen no debe por qué ser sustentado por el Estado.

—Agustín Prospitti: Lo que hay que explicar una y otra vez es que efectivamente las sociedades tienen un legado, una tradición y una construcción de sus instituciones que necesitan ser repensadas todo el tiempo. Ser conocidas por las nuevas generaciones en términos de la formación de los lazos de la sociedad, para dar los debates necesarios y teorizar determinados modelos o proyectos de país ¿Por qué es importante investigar en ciencias sociales? Porque es recuperar nuestro pasado, las tradiciones, las formas en las que nuestras instituciones pensaron en el pasado los desafíos de nuestro presente. Los temas que hacen a la cultura y la historia tienen una importancia fundamental para el desarrollo de las sociedades. No son temas que vienen de complemento con los que tienen rentabilidad económica, sino que son fundantes de las sociedades. Tienen tanta importancia como la generación de valor agregado.

—MJB: Y tienen utilidad en términos de política pública, como es el caso del decreto contra los inmigrantes. Ahí hay todo un trabajo que hacen muchos cientistas sociales que pueden dar muchas pautas que irían totalmente en contra de lo que finalmente se decretó, pero es una fuente que no fue utilizada.


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—Otra cosa que se dijo es que "los científicos hacen lo que quieren".

—AP: Está más que claro que la actividad del investigador no es individual sino en equipo y responde a líneas de investigación, con un régimen de jerarquía que establece qué temas son pertinentes y cuáles no. Hay evaluaciones constantes que tienen estándares científicos sobre la relevancia de un tema para la sociedad. Y quienes establecen eso son las autoridades de los organismos. Es una falacia decir que cada uno hace lo que quiere, tiene que ver con la relevancia y pertinencia temática que establecen científicos.

—Alejandra María Pacchioni: En las ciencias duras necesitamos que alguien nos financie para trabajar. Y son las instituciones las que dan el dinero, como Conicet o la Agencia (de Promoción Científica y Tecnológica). Ellos establecen prioridades de a qué área se va a priorizar la investigación y en qué temas. Por otra parte, en esto de la "investigación inútil", en la ciencia básica es el Estado el que la subsidia, que a veces no va a dar en el corto plazo nada económicamente rentable. Muchas veces son investigaciones en temas que de entrada no son rentables, como el de las enfermedades que afectan a poblaciones de bajos recursos. Una empresa farmacéutica no va a invertir dinero en algo que después no le va a redituar. Todos esos temas que tienen que ver con enfermedades que no son redituables, o con la generación misma del conocimiento, lo tiene que financiar el Estado.

—MJB: La frase de Barañao fue: "El becario no puede pensar en lo que él quiere hacer, tiene que trabajar para mejorar las condiciones generales de la sociedad". Y ahí quiere poner a los becarios en el lugar del capricho, como si de repente se nos ocurrió lo que queremos hacer y no estamos dentro de un sistema en el que tenemos que dar cuenta de líneas de investigación que ya existen y que tenemos que conocerlas. Estamos muy lejos de la cuestión caprichosa de investigar porque sí. Y al mismo tiempo los becarios tenemos como ciudadanos la obligación de reflexionar sobre lo que hacemos, y en general lo hacemos. Pensamos cuál es la utilidad, no en un sentido material, sino el valor de lo que hacemos y en qué estamos aportando en un debate que excede la utilidad de la ciencia, que tiene que ver con el por qué producir conocimiento, por qué dedicarnos a esto.

—AP: Hay otro principio más general que tiene que ver con una cuestión valorativa que implica cuál es el destino del saber, si sólo debe ser producido para beneficiar determinados intereses sectoriales, con una lógica de rentabilidad que impacte en el sector privado, o si efectivamente ese saber debe ser democratizado. Y ahí hay un debate interesante, en términos de por qué el Estado debe invertir en ciencia. Un ejemplo son los fármacos que a lo mejor no tienen un impacto de rentabilidad concreta en el mercado, pero que efectivamente si el Estado no invierte en ello, esos grupos sociales se quedan sin respuesta. Por ejemplo con el mal de Chagas.

—MJB: Se las llama enfermedades desatendidas, justamente porque el mercado no las atiende. Es un problema que excede a la Argentina. La OMS le pide a los Estados que inviertan en eso. Y acá vemos cómo de alguna manera se está legitimando el discurso contrario.


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El financiamiento estatal

—Otra idea es que en "los países serios" la inversión fuerte es privada.

—AMP: Eso es mentira. En el desarrollo de los celulares y computadoras si no hubiera aporte estatal en países como Estados Unidos no estaríamos donde estamos hoy en este nivel de tecnología. Los investigadores de Estados Unidos el subsidio que más querían tener era el del Estado, que era millonario. Los privados aportan, tienen una participación, pero son mucho menores.

—AP: Los países más desarrollados o avanzados en términos de conocimiento tienen los presupuestos más altos en ciencia e investigación. De hecho, los grandes avances que se han producido en empresas privadas en determinadas áreas del mercado primeramente han sido financiados por el Estado. Y en todo caso, con respecto a la inversión privada, también hay que tener una mirada crítica y hacer una interpelación a los empresarios por qué no invierten en ciencia. Hace años que se habla de la correspondencia público-privado, pero efectivamente hay un empresariado con poca conciencia nacional en términos del mediano y largo plazo, para generar inversiones que tal vez no generen una rentabilidad inmediata.

—AMP: Con la idea de promover las energías renovables hubo ofertas y contrataciones desde el Estado para hacer desarrollos. Pero no se puso un límite para que participe la industria nacional. Se compra y se permiten negocios con compañías del exterior y no se permite el desarrollo de compañías argentinas. Se está comprando afuera el aparato, el desarrollo y el mantenimiento. Entonces todo lo que se podía desarrollar acá queda frenado. Se termina dependiendo tecnológicamente de otro país, cuando se podría hacer lo mismo acá. Ahora en Estados Unidos el nuevo gobierno está disminuyendo el financiamiento de entes que producen conocimiento y que dependían del Estado, como la Agencia de Protección Ambiental, que impidió a los científicos que se contacten con los periodistas. No en vano los científicos marchan el 22 de abril, algo que era impensado que sucediera en los Estados Unidos. Lo del ambiente fue emblemático porque (Donald) Trump no está a favor del cambio climático y cree que es un invento de los chinos.

—Ustedes cuestionan también que se hable del fin del "rejuvenecimiento del sistema".

—AP: Eso claramente marca los umbrales de la expectativas que se tiene sobre el desarrollo de la ciencia en la Argentina. Uno trata de entender las razones por las cuáles el gobierno intenta achicar el Conicet y evidentemente es porque quiere achicar la presencia del Estado en la prestación de servicios y el desarrollo de determinados conocimientos que lo van a empezar a hacer empresas privadas. Detrás de esto hay muy buenos negocios que generan mucha rentabilidad y que están vinculados a funcionarios del gobierno. Esto hay que decirlo claramente. No es casual que el 90 por ciento del gabinete provenga de grandes empresas y que esos intereses permeen sobre la decisión que se toma del Estado. Eso fue Aranguren, accionista de Shell, operando para el aumento del precio de combustible. Está claro, en el caso de Arsat, que se le quita la prioridad para brindar el servicio de la conectividad en las comunicaciones y que ahora parece que hay una apertura a otras empresas extranjeras. Y, oh casualidad, una de esas empresas está vinculada a (Federico) Pinedo. Lo que acá se está discutiendo una disputa económica y de generación de negocios. No es solamente una cuestión ideológica, claramente nos oponemos a una política que propone este gobierno, que implica una lógica de achicamiento del Estado y de privilegio de sectores concentrados de la economía. Por eso el gobierno toma decisiones que no tienen gran impacto en términos del presupuesto nacional y sin embargo achica y pone casi en crisis un organismo como el Conicet que se estaba ampliando y consolidando como política de Estado. Hoy se pone eso en cuestión porque hay una filosofía antiestatal.

—MJB: Ahí también hay una justificación un poco complicada de un ministro (Lino Barañao) que tiene que defender lo que ahora está destruyendo cuando él ayudó a construirlo. Dicen que hay que detener el rejuvenecimiento, pero eso no tiene sentido cuando el horizonte era llegar a 2020 con miles de investigadores más de los que tenemos hoy.

—AMP: Por eso es importante también el impacto internacional que tiene el conflicto. Revistas de alto impacto como Nature y Science han sacado artículos sobre el recorte y el problema de los científicos en la Argentina.

—Otra idea fuerte fue la de Alejandro Rozitchner, asesor del gobierno, quien dijo que "el pensamiento crítico es un valor negativo".

—MJB: No sorprende, pero preocupa que no sea solo él quien piensa eso. Porque se dice sin saber qué es el pensamiento crítico, como una caricatura de alguien a quien le cae mal todo, un pesimista. Y la base del pensamiento crítico es pensar en contra de uno mismo y superarse. Ir en contra de eso no tiene ningún sentido, más allá de esta caricatura de decir que "la alegría va por otro lado, no pensemos en nada, podemos ser felices sin pensar". Lo cual es hasta peligroso, porque para alguien que estudió filosofía (por Rozitchner) no es inocente decir eso del pensamiento critico. Lo grave es que haga ese tipo de propaganda para el gobierno de ese modo.

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