Educación
Sábado 01 de Julio de 2017

"Hay que estar cerca de los hijos para cuidarlos y lejos para no asfixiarlos"

El psicólogo Alejandro Schujman analiza vínculos familiares y los límites respecto de la tecnología

"Tenemos que estar cerca de nuestros hijos para cuidarlos, y lejos para no asfixiarlos o invadirlos". Con esta frase el psicólogo Alejandro Schujman inició la charla para padres y madres que se realizó la semana pasada en el Colegio María Auxiliadora de Funes. A través de talleres y encuentros que mantiene con las familias en distintos lugares del país, propone un espacio para analizar el vínculo con los hijos, aconsejarlos y acompañarlos en el uso de la tecnología. "Vivimos en tiempos donde el éxito y el fracaso es lo que mide la felicidad, donde cambiaron muchas cosas pero la esencia es la misma. Las herramientas para acercarnos a nuestros adolescentes continúan siendo el diálogo, los límites claros y el disfrute compartido", reflexiona.

"Los chicos tienen la pasión y la imaginación intacta pero cuando están todo el día frente a una pantalla, donde el entretenimiento pasa por lo que propone un juego en la computadora o celular, pierden esa capacidad de crear". Schujman es licenciado en psicología, especializado en el dictado de talleres psicoeducativos destinados a grupos familiares con niños, niñas y adolescentes de diferentes edades. En su visita a Funes realizó primero el taller "Atreverse a soñar mirando hacia adelante" para estudiantes de 15 a 17 años de las Escuelas Malvinas Argentinas, Nazaret y María Auxiliadora de esta localidad. "Nunca dejan de mirarnos, aunque a veces es cierto que no nos escuchan porque damos discursos largos y aburridísimos, y para decirles que no deben comer caramelos les damos una clase sobre la glucosa en sangre".

Con las familias

Durante su paso por Funes, Schujman también ofreció una charla para los adultos: "Ser padres en tiempos de virtualidad. Desconectarse para conectarse"; y habilitó así un espacio para pensar, acompañar e informarse de aquello que rodea a los nativos digitales. En un intercambio fluido con este grupo de padres y madres que dejaron durante dos horas sus obligaciones y actividades familiares, el profesional instaló el debate, exhibió material audiovisual e indagó en los usos y hábitos referidos a la tecnología. Inspirado en un extracto de una charla del director de orquesta británico Benjamín Zander, sobre aquello que dicen los ojos brillantes, propuso el ejercicio de mirarse a los ojos con la persona que cada uno tenía al lado, con el objetivo de descubrir qué percibían en el otro. "Costó hacer silencio primero, y luego encontrarse con la mirada del compañero. Debemos ser papás y mamás de ojos brillantes, generar el diálogo, la confianza y el disfrute", sostiene.

Entre sus experiencias destaca que cada vez que pregunta cuántas familias cenan con sus celulares lejos de la mesa y los televisores apagados, encuentra muy pocas. También sugirió al auditorio observar una foto que mostraba a un grupo de personas en una parada de transporte, donde todos miraban su celular excepto uno. "De esa situación surgieron varias hipótesis pero nadie pensó que quizás esa persona eligió mirar a los otros. Estamos hiperconectados pero solos, la tecnología genera esta fantasía de que estamos acompañados y tenemos un millón de amigos. En vez de combatir este tipo de situaciones continuamos incentivando esto de mirar hacia abajo y se colocan semáforos en el piso. A los jóvenes les pregunto por qué duermen con el celular encendido al lado suyo y en todas partes del país siempre me contestan lo mismo: por la alarma", señala incrédulo Schujman, autor del libro "Generación NINI. Jóvenes sin proyecto que NI estudian NI trabajan".

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A modo de taller, el psicólogo respondió aquellas inquietudes y preocupaciones más frecuentes que surgen entre las familias respecto del uso de las tecnologías.

—¿Cómo regular el uso del celular sin que se sientan invadidos?

—No hay que tener la clave de todas las redes sociales de nuestros hijos, tampoco convertirse en hackers para saber qué hacen; es necesario, en cambio, dialogar y regular su uso. Los chicos tienen celular a temprana edad porque los padres se lo permiten, quizás por culpa o temor. "No estoy en todo el día y encima le voy a decir que No". Los adolescentes siempre dicen que "todos van", "todos tienen" o "todos hacen", y entonces allá vamos. Hay cuestiones que son innegociables pero nos da miedo responderles con una negativa.

—Poner límites cuesta más a medida que crecen...

—El límite es una señal que acompaña como en un camino, es el equilibrio entre la firmeza y el afecto. Los adultos deben expresarse en un tono tranquilo sin sobreexplicar, y convencidos de lo que hacen. El grito no educa, paraliza la acción cuando ya no sabemos qué hacer, y los hijos se sienten absolutamente desamparados por esta situación. El vínculo con nuestros hijos tiene que ser asimétrico, no somos pares ni amigos, necesitan mamás y papás firmes, amorosos, y que seguramente se equivocarán. Es necesario desprendernos de aquellas cosas que no tienen que ver con su bienestar sino con nuestras necesidades, a veces nos involucramos mucho más de lo que deberíamos en cuestiones como la escolaridad. Si nos corremos un poco y dejamos que las responsabilidades sean de ellos, seguramente se van a interesar mucho más. A veces tomar distancia nos cuesta y parece terrible. Cuando les pregunto a los chicos qué les da miedo de crecer señalan dos cosas: fracasar y decepcionar a los padres.

—¿De qué manera se los puede acompañar?

—Hay un triángulo que debemos tener en cuenta: diálogo, confianza y disfrute. Si logramos armar esto en la familia, con pautas, regulando el uso de las redes sociales y explicándoles, sabrán que pueden contar con nosotros. Permanentemente los hijos y las hijas nos piden que los miremos desde que son chiquitos hasta el mundo adulto, y somos nosotros quienes muchas veces estamos inmersos en una burbuja tecnológica o en nuestros problemas, también perciben cuando estamos cansados y nos quejamos todo el tiempo. ¿Cuántos momentos disfrutamos en la semana con nuestros hijos, y cuántas horas perdemos para que ordenen la pieza, o por el boletín de calificaciones? Se nos mezcla lo importante con lo urgente. Lo importante es el boletín, el estudio y muchas cosas más pero lo urgente es acercarnos, comunicarnos y disfrutar. Mientras mantengamos intacta la capacidad de emocionarnos, podremos seguir educando, criando, escuchando y empatizando.

¿Qué dicen los hijos de los padres respecto de la tecnología?

—Los adolescentes siempre están un paso adelantados respecto de los adultos, que cuando le agarramos la mano al Facebook, ellos ya están en Instagram o en Snapchat. Olvidémonos de correr detrás de eso porque no hay chance. Sin embargo, ellos nos ven igual de complicados, en una charla en la provincia de Tucumán, los hijos le pedían a los padres lo mismo que los padres a los hijos: mirame, escuchame y dejá el teléfono. La simbiosis y dependencia que genera la tecnología en las redes sociales es parecida entre adultos y adolescentes, y cuesta mirarse a los ojos.

Preocupa no saber qué hacen tantas horas en internet o con el celular...

—Si los padres miran a sus hijos, siempre encontrarán señales cuando algo no anda bien. Si hubo chicos que jugaron a la Ballena Azul durante cincuenta días fue porque sus familias nada veían, y esto no tiene que ver con el desamor sino con la negación. Los chicos siempre dan señales pero se trata de que podamos captarlas, cuando en una familia no circula la palabra, se enferma. Los tiempos cambiaron pero la esencia continúa siendo la misma, un chico angustiado necesita un abrazo, el adolescente un límite y también esto es amor y cuidado. Los padres acostumbramos a acolchonar la vida de nuestros hijos para que no sufran cuando debemos ofrecerles las herramientas para crecer: capacidad de decidir, umbral de decisión y responsabilidad.

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