Mi anécdota
Sábado 10 de Junio de 2017

El yeso

No sé bien por qué razones, seguramente razones de peso, siempre jugué de arquero. Se trataba, con mayor precisión, de obstaculizar la visión del arco de los delanteros contrarios. Una tarde destemplada fuimos con la Iguana, Moyita, Mauro, el Vasco, el Judío, Ariel, Leandro, Pantera, Rolo y Chimi a jugar a la canchita de Náutico. Unos minutos antes de terminar un mediocampista —percatado de ese rol de cuarto poste móvil— lanzó un pelotazo cuya trayectoria hacia el fondo del arco solo fue detenida por el escafoides salvador de mi muñeca derecha.

El yeso, que le puso fin a mi fugaz paso por los potreros rosarinos, me acompañó durante los últimos meses de cuarto año de mi Escuela Superior de Comercio. Le acarreó una tarea adicional a Gabriela: copiar con carbónico las hojas de sus carpetas para que yo pudiese conservar al día las mías. También despertó en Liliana, las Marcelas, Claudia, Ana, Marisa, Mónica, Roxy, Carlita, Andrea y Gueli un súbito amor por el dibujo agreste.

Las pruebas escritas pasaron a ser orales y algunas devinieron en dictados mas, en el caso de matemática, la oralidad atentaba contra la individualidad del resultado. Un jueves el profesor Angelone me propuso hacer la prueba de matemática al finalizar la jornada. Ese día se había dado una de las clásicas contiendas entre quinto y cuarto año que consistían —visto desde la actualidad— en un cuasi infantil cruce de cánticos. A la salida decidimos ir a festejar al Monumento —no sé bien qué— y allí partí.

El viernes el profesor Angelone entró al aula, más alto y erguido que de costumbre, y me hizo salir con un breve y adusto gesto. Su mirada se estacionó en sus propios lentes, se acompasó con su voz grave y derramó: "Ayer lo esperé más de media hora. ¿Sabe usted Marcelo?, el tiempo de los demás vale tanto como el propio; su ausencia solo se ha reflejado en una nota baja, por ahora en la escuela". Antimo Angelone, en la última frase de su última clase, siguió enseñando matemática bajo una fórmula distinta: respeto al otro.


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