Educación
Sábado 20 de Mayo de 2017

"El maestro es un oído privilegiado para detectar cuando se vulneran derechos"

El juez de Familia Marcelo Molina alerta sobre los casos de violencia institucional que no son visibilizados por la sociedad.

La oficina del juez Marcelo Molina está empapelada de dibujos de nenes y nenas que pasaron alguna vez por su despacho. Allí hay caritas, escudos de Central y Newell's, castillos y corazones dibujados con trazos infantiles. Es un cuarto pequeño pero lleno de color que encierra historias complejas de niños y adolescentes que atravesaron situaciones de vulnerabilidad social y familiar. El juez que hace casi diez años que está en el Tribunal de Familia Nº 5 de Rosario se conmueve al recordar a cada chico que entrevistó. Como a esa nena a la que le dijo que faltaba "un tiempito" para encontrarle una mamá, y ella le retrucó: "¿Y cuánto tiempo es un tiempito?". La repregunta lo desgarró por dentro. "Es el tiempo de los chicos el que importa, no el de los adultos", afirma.

Junto con Carolina Hernández, Molina coordina el curso anual de infancia y adolescencia de la Cátedra James Grant (Icla - UNR). Un espacio pensado para abordar de manera transversal los derechos de niños y adolescentes y destinada a todos los que tengan interés en reflexionar sobre esta temática. A lo largo de estos años participaron del curso desde antropólogos y abogados a docentes e integrantes de organizaciones sociales que trabajan en niñez.

Para Molina una de las claves radica en hacer foco en la mirada y necesidades de los niños más que en los adultos. Advierte sobre los distintos tipos de violencia institucional que vulneran sus derechos. Y destaca el rol de los docentes y la escuela como "oído privilegiado" para advertir estas situaciones.

—¿Qué lugar ocupan en la agenda pública los derechos de los niños y adolescentes?

—El ordenamiento civil actual, por lo menos con lo que tiene que ver con los derechos más sociales, está pensado desde el punto de vista de las personas en situación de vulnerabilidad. A grandes rasgos hay sectores bien diferenciados: las cuestiones de género; niñez y adolescencia; salud mental; y ancianidad. La problemática de la mujer está muy visible y a flor de piel por lo que está pasando y por el gran laburo que ha hecho la gente que está trabajando en cuestiones de género, desde ONGs hasta organismos estatales. Recién después vienen los temas de niñez, que ya no están tan a la vista.

—Pese al gran laburo de las organizaciones sociales...

—Pese a ello y al de los gobiernos, donde hay un gran trabajo en materia de niñez. Pero en muchos casos se invisibilizan las cuestiones de niñez en sectores más marginales. O también en la clase media y alta, donde también la vulneración de derechos sufre una invisibilización total. Después en un tercer escalón están los temas de salud mental y más allá todavía la ancianidad. En materia de niñez hay situaciones de adopción o de graves vulneraciones que se ven un poco más, pero hay otras que no se ven.

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—Entre las que se ven hay muchas denuncias de violencia institucional contra pibes de sectores humildes...

—Eso es cierto y es visible. En sectores de la sociedad de pobreza la violencia institucional suele ser palpable. Pero el problema también lo tenemos en la violencia institucional no visibilizada. En chicos que se encuentran dentro de sistemas institucionales aparentemente preservados, cuando permanecen en una institución por años sin recibir una medida definitiva separados de sus padres, o cuando se dilatan los procesos judiciales. Y fuera de lo institucional, un padre que no paga la cuota alimentaria o una madre que no permite el contacto de su hijo con el padre también ejercen sobre su hijo una situación de violencia.

—En ambos casos de vulneración de derechos, en los visibles e invisibles. ¿Qué rol puede ejercer la escuela y el docente de ese chico?

—Nosotros abordamos temas de violencia familiar dentro del Juzgado y uno de los referentes más importantes que tenemos es la escuela. Hay escuelas que trabajan muy bien estos temas y en algunos casos es la propia institución la que viene al tribunal a hacer la denuncia de violencia detectada. Se remiten a la Municipalidad o a los equipos socioeducativos del Ministerio de Educación, pero ese ámbito de escucha del docente es fundamental, porque muchas veces el pibe encuentra en la maestra un lugar de confianza en el cual poder reflejar sus cosas. O las trasluce en sus conductas.

—Es un vínculo de escucha casi primario después de la familia...

—La escuela está ahí, al toque. Después también está el centro de salud o los médicos, pero la escuela es más cotidiano, mientras que el nexo con el médico es más diferido en el tiempo. A la maestra la ven todos los días y genera un vínculo de confianza con el chico. Son realmente un oído privilegiado para detectar situaciones de vulneración de derechos.

—Entonces trabajan cerca de las escuelas...

—Sí, se trabaja mucho y hasta también de un modo informal, porque las decisiones de violencia familiar no se pueden diferir y tenemos que resolver en forma inmediata. Y en muchos casos es la maestra o directora la que nos advierte. Y esto tanto en escuelas marginales como en colegios privados, donde pese a muchos preconceptos trabajan espectacularmente bien con gabinetes psicológicos, un nivel de compromiso y un trabajo muy fino vinculado al derecho de los chicos. Por ejemplo una situación de obstaculización de contacto, donde la mamá no permitía que el papá vea al chico. Ahí la escuela estuvo trabajando codo a codo con el juzgado a los efectos de poner las cosas en su lugar. Que no quiere decir ir en contra de uno o del otro, sino ir a favor de los derechos del chico a comunicarse con el padre. Por eso hay que pensar que es el chico el que tiene derechos y nadie tiene por qué obstaculizarlos.

Derechos de infancia

La Cátedra James Grant inscribe al curso universitario en derechos de infancia y adolescencia. Arranca el 23 de junio y culmina en junio de 2018. Se cursa los viernes de 18 a 21.30 en la Facultad de Humanidades de la UNR (Entre Ríos 758). Informes en la oficina de Postítulos de Humanidades (box 126), email catedrajamesgrant@unr.edu.ar o al Facebook: infancia y adolescencia icla


Historias detrás de los dibujos infantiles
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Las historias detrás de algunos de los dibujos que le regalaron los chicos al juez Molina están contadas en su libro “¿Cuánto tiempo es un tiempito?” (UNR Editora). Allí recuerda que la idea de hacerlas visibles surgió de una propuesta del periodista Claudio González para una nota que publicó en La Capital en diciembre de 2013.

“La idea de proponerles que dibujen —apunta Molina— surgió a condición de no usar los dibujos para ningún análisis psicológico, sino simplemente para jugar y distendernos”. En el escritorio del juez hay hojas, lápices y fibras de todos los colores. Hasta un enorme lápiz de plástico que pinta del color que quiera cada chico con su imaginación. Entre esas anécdotas recolectadas en el libro está la del nene hincha de Newell’s que al enterarse que el juez era de otro club le dibujó un escudo de la selección. “Para empezar a hablar yo le preguntaba a los chicos de qué cuadro eran, porque el fútbol abre diálogos por donde quieras. Y uno me cuenta que era de Newell’s y se puso a dibujar ocultando el dibujo con el brazo. Cuando termina me lo da y me dice «Tomá, de esta somos los dos». Y me dio vuelta todo. Ese pibe me enseñó que se pauta por lo que une y no por lo que desune”, reflexiona el juez.

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