Educación
Sábado 26 de Agosto de 2017

El joven con rulos, silencioso y ojos asombrados

Conocí a Mario una mañana rodeada de recreos, maestras mate en mano y patio de tierra en la vieja Escuela Integral de Fisherton.

Conocí a Mario una mañana rodeada de recreos, maestras mate en mano y patio de tierra en la vieja Escuela Integral de Fisherton. Llegó con la profesora Beatriz Vettori, quien se encontraba en esos meses muy decidida a recuperar el legado pedagógico de la escuela de la señorita Olga. Nos sentamos en una mesa de la sala de primer grado, plegando piernas y cinturas para acomodarnos. Mario con sus rulos, en aquel entonces sin canas! Sus ojos, asombrados y tímidos, y parapetados bajo sus gruesos anteojos, susurró: "Bueno, yo encantado por la propuesta de la profesora Vettori de documentar una experiencia educativa, pero... ¿cómo lo puedo concretar si esa escuela no existe más?".Y ahí comenzó otra historia, la de recorrer cámara en mano decenas de encuentros con ex alumnos y de volver admirados a la documentación del archivo Cossettini del Irice, cuya directora de aquel momento, la doctora Iris Laredo, puso a disposición del joven cineasta.

Pasaron los meses y Mario silencioso, continuó su tarea, casi diría de arqueólogo, hasta que un día estando en el Irice rodeados del material y revisando lo ya filmado, cansino, declara: "Sólo sé en este momento que esa hubiese sido la escuela en que yo desearía haber sido su alumno".


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Leticia Cossettini y Mario Piazza.
Leticia Cossettini y Mario Piazza.

Palabras más, palabras menos y según el cristal de mis recuerdos, así comienza el recorrido de premios, reconocimientos y especialmente posibilitar a cientos de maestros tanto nacionales como internacionales conocer esta experiencia realizada en la Escuela pública Doctor Gabriel Carrasco, de nuestra ciudad de Rosario, enclavada en una barriada de hogares sencillos, huertas y pescadores, experiencia que fue magistralmente conducida por Olga Cossettini con la constante presencia de su hermana Leticia.

No me equivoco si afirmo que Mario puso la imagen justa para reflejar esta experiencia y que sin este material audiovisual no hubiésemos podido, todos los que abrevamos y difundimos ese lapso de quince fructíferos años —1935 a 1950— de escuela pública que se jugó por un diario hacer donde el arte y la ciencia se cruzaban y enriquecían con el arte y, por ejemplo, la práctica del cooperativismo.

Vaya mi agradecimiento a Mario en nombre de los tantos que continuamos teniendo esa obra La escuela de la señorita Olga como un inestimable material para reflexionar sobre el papel que puede jugar la escuela pública en el cambio social anhelado.

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