La historia de la foto
Sábado 01 de Julio de 2017

De plantas que dan cuadernos y lecturas

El día que la escritora Laura Devetach visitó la Biblioteca Popular Cachilo

"Ponete más cerca", "correte un poco", "vení Claudia", "vengan todos...". Se escuchaban las voces apuradas para que nadie se quedara fuera de las muchas fotos que hicieron aquel sábado 21 de noviembre de 2014, cuando la escritora santafesina, nacida en Reconquista, Laura Devetach llegó hasta la puerta de la Biblioteca Popular Cachilo.

"La Cachilo", como todos llaman cariñosamente a esta biblioteca de la zona oeste de la ciudad, es parte del proyecto de comunicación y educación popular que desde hace casi treinta años sostiene Aire Libre. Lo particular es que en su ingreso, sobre la vereda de Teniente Agneta, "crece" una planta levantada por las pequeñas y pequeños lectores y que todos conocen como "La planta de Bartolo", en alusión al cuento de Devetach que relata la historia de quien siembra en un macetón una planta que da cuadernos que son regalados a los chicos.

A la reconocida escritora le había llegado la noticia de esta idea que se dieron los chicos de la Cachilo, a partir de su cuento. Pero también del gran trabajo que hace en este espacio colectivo y público para promover la lectura, permitir que el derecho a la lectura sea un bien de todos. Es así, que casi casi de sorpresa, llegó ese mediodía soleado hasta la biblioteca. Primero se sacó las fotos, como la que se recuerda aquí, luego quiso conocer por dentro el lugar y conversar con quienes lo hacen posible día a día. Tal como recuerda una crónica publicada por La Capital ("La planta que regala emociones", del 28 de noviembre de 2014), en la parte alta la esperaban unos sadwichitos y varias cosas ricas para acompañar la charla. "Hoy cuando la palabra memoria se repite bastante es necesario «hacer memoria» de todas las maneras posibles", pidió en ese encuentro y se explayó sobre los riesgos siempre latentes del olvido.

El primer libro para chicos de Devetach, "La torre de cubos" (1964), fue censurado durante la última dictadura cívico militar por "ilimitada fantasía". Primero por el Ministerio de Educación de Santa Fe, hasta que ese decreto de prohibición cobró alcance nacional, por el entonces ministro Juan Llerena Amadeo, sucesor de Ricardo Bruera. A pesar de su prohibición, no lograron silenciarlo. Las docentes hasta lo copiaban en miméografos. Laura Devetach siempre supo de eso. Por eso cuando, a la vuelta de la democracia, se reeditó, se lo dedicó a las educadoras: "A todas las maestras y a todos los maestros que hicieron rodar estos cuentos cuando no se podía ¡Muchas gracias!".

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