Educación
Sábado 18 de Marzo de 2017

Congestiones subterráneas

Todos los barrios de la ciudad tienen sus leyendas urbanas; historias que afortunadamente nadie se propone comprobar y que hacen que la vida cotidiana cargue con una dosis de fantasía, de picaresca y misterio.

Todos los barrios de la ciudad tienen sus leyendas urbanas; historias que afortunadamente nadie se propone comprobar y que hacen que la vida cotidiana cargue con una dosis de fantasía, de picaresca y misterio. También es cierto que esas leyendas no están a flor de piel o, en este caso, a flor de tierra. Permanecen guardadas en la memoria y muy de vez en cuando caen de la boca desdentada de algún viejo vecino, sobre la mesa de algún viejo bar, en el buffet de un humilde club, al lado del vaso de caña.

Si se suma la realidad y la leyenda, el subsuelo de Rosario es un queso gruyere. Recientemente el periodista Matías Loja en una nota publicada en este espacio hizo referencia al mito del túnel bajo el viejo edificio del Colegio San José; pero también el barrio Alberdi tiene su posible red de pasadizos.

Entre los viejos alumnos de los Colegios Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa y San Francisco de Asís, así como entre el vecindario, solía circular el rumor de que ambos establecimientos estaban unidos por un túnel que cruzaba por debajo de la avenida José Puccio y que, al menos por el lado de la Medalla Milagrosa, partía de uno de los salones ubicados precisamente detrás de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús.

Nadie jamás quiso ni pudo comprobar la existencia de tal pasaje, y la pura cronología de las obras de construcción tanto de ambos colegios como de la avenida Puccio desmienten su existencia. Sólo quedaron las interpretaciones cargadas de picardía. También, al parecer, una leyenda se neutraliza con otra mucho más improbable.

En efecto, otro túnel, de casi un kilómetro de extensión y en pronunciado declive debería haberse cruzado con el que unía a los colegios. Es el que _para prevenir la huida ante el ataque de presuntos "indios" que para esos años, a fines del siglo XIX, ya habían sido hace rato prolijamente reducidos, expulsados o masacrados_, habría mandado a construir el mismo José Puccio, fundador de Pueblo Alberdi, desde la mansión que hoy es el Centro Municipal Villa Hortensia, con el rio Paraná.

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