Educación
Sábado 18 de Febrero de 2017

Con sus hijas en brazos estudian para ser maestras

Las historias de Rocío y Marianela ponen en debate la falta de guarderías en la educación superior.

Son jóvenes mamás que quieren ser maestras. Cursaron parte del año pasado con sus bebas en brazos y el apoyo decido de la dirección del profesorado. Pero dicen que la voluntad y el acompañamiento no alcanzan, que esa experiencia no se repite en todas las instituciones por igual. Hacen falta guarderías, la ayuda necesaria para que nadie se quede sin una carrera. Las historias de Marianela y Rocío abren el debate sobre la educación superior, cómo hacer una enseñanza inclusiva y el derecho de las mujeres a estudiar.

Marianela Ru es la mamá de Malena, de seis meses, y de Tomás de 11 años. Rocío Campilongo es la mamá de Sara, también de seis meses y de Milena de 10. Las dos están en tercer año del profesorado de educación primaria en el Instituto de Educación Superior (IES) Nº 16 Bernardo Houssay. El año pasado, primero con sus embarazos y luego con las bebas recién nacidas asistieron a clases, visitaron escuelas para observar de cerca el trabajo que hace una maestra y rindieron materias.

Una y otra acuerdan que el apoyo que reciben de la institución es determinante para no abandonar los estudios, para seguir adelante. También el de sus familias. El rector del IES 16, Pedro Dabin, asegura que lo que cientos de autores llaman "inclusión educativa" allí se trata de vivirla como propia para poder enseñarlo también. La regente Ana Bugiolacchio suma lo gratificante que es ver los logros de esa elección, y repasa su propia historia de alumna, cuando iba con su hijo a clases.

Pero lo que se hace desde el sentido común, la sensibilidad y la coherencia educativa no es suficiente. Las historias de Rocío y Marianela no son las únicas. Se multiplican en las distintas carreras del nivel superior y cuando no se encuentra el mismo apoyo resulta una de las causas de abandono de los estudios. La discusión por la futura ley provincial de educación, instalada oficialmente desde el año pasado, resulta una oportunidad para debatir cómo se garantiza el acceso y permanencia a la educación superior a las estudiantes que son mamás, cómo se hace valer también desde una perspectiva de género, el derecho de las mujeres a educarse a lo largo de toda la vida.

Experiencias que marcan

Marianela tiene 28 años, estudia y trabaja. Ya había intentado siendo mamá hacer la carrera de magisterio en otra institución pública de Rosario. La experiencia no fue la mejor: "Yo vengo de otro profesorado donde sólo era un número. Recuerdo que cuando mi hijo Tomás era más chico y debía quedarme con él o acompañarlo cuando jugaba al fútbol, en una materia me quedaba una sola falta, se me complicaba, y la profesora de ese espacio me dijo «Fijate, qué querés hacer con tu vida, porque si se te complica tanto no podés dedicarte a esto». Muchas chicas dejan por motivos como ese, cuando te ponen entre la espada y la pared. Eso me marcó, pero no para mal sino para bien. Me decidí a cambiarme de profesorado. Acá encontré la forma de poder avanzar y demostrar que nada te detiene si tenés ganas y te acompañan".

Cuando el año pasado volvió con su beba a clases las puertas se le abrieron de manera especial. Dice que hasta las profesoras la hacen dormir para que ella pueda tomar apuntes o moverse sin problemas en alguna actividad física. Eso sí, confiesa que se le complica ser regular con la asistencia y por ahora ni pensar cómo se organizará cuando lleguen las prácticas. Sí sabe que cuenta con la comprensión de los educadores. "Quedate tranquila que vemos cómo lo hacemos", el mensaje más alentador que le acercaron las docentes el año pasado cuando recién había tenido a Malena y se cumplían los límites para presentar trabajos prácticos. "No me decían que no los presente, pero me daban una semana más, más tiempo. Y eso para mí es como una vida!", dice y se ríe mientras su pequeña hijita se lleva todo lo que le pasa por sus manos a la boca.

"Tender puentes"

Rocío vive en la zona norte de Rosario. Durante el período lectivo, antes de asistir al profesorado —cursa por la tarde— deja a su hija Milena en la escuela. Una rutina que desde el año pasado, cuando nació Sara, le exige mayor organización. Repasa que siempre quiso ser maestra, porque le apasiona el trabajo de enseñar y siente que "puede tender puentes, brindarles otras herramientas a los chicos para sepan que con educación se puede seguir adelante". Pero hasta no hace mucho debía atender un negocio con su marido. "Hasta que él consiguió un buen trabajo y yo pude comenzar el profesorado", cuenta cómo llegó a las clases del Instituto con sede en Necochea al 1300 y en Ayacucho al 1500.

Los abuelos, la familia y las docentes son el sostén para que pueda seguir en carrera. "Rendí una materia y a la semana tenía fecha de parto. Me fue bien gracias a ese apoyo. Hemos cursado materias, rendido parciales y a las nenas las han tenido las compañeras o las mismas profesoras. Una vez la profesora de lengua tenía upa a Sara mientras daba clases", ofrece imágenes de esa ayuda que agradece infinitamente.

"Ahora se me está complicando un poco para estudiar", lleva a la charla lo que es parte de su día a día. Enseguida intercambia con Marianela sobre los exámenes que se vienen. Sara está inquieta. Tiene hambre. Su mamá no la hace esperar y le ofrece la teta. Sara ya se durmió. La charla transcurre sobre tareas domésticas, sueños posibles y qué significa edificar una escuela para todos. En el medio, Marianela y Rocío destacan "la calidad del profesorado, que no es solo académica sino también humana".

Educación inclusiva

Madres estudiando una carrera no son una novedad para el sistema educativo. Sí, que las instituciones empiecen a pensar en cómo sostener a esas estudiantes (o esos estudiantes) que llegan con sus pequeños, que no tienen dónde dejarlos o no pueden pagar por su cuidado.

"La característica de este profesorado está en su historia. Se ha hecho más notable que en otros, siempre ha habido alumnas madres incluso con hijos más grandes, que se quedan jugando en el patio mientras sus mamás cursan. Además, contar con tres profesorados de educación especial nos permite tener cierta sensibilidad", considera el rector Pedro Dabin entre las razones que hacen del 16 una institución más abierta.

Reconoce que a nivel oficial y de la educación superior provincial no hay jardines maternales ni guarderías. También que no es imposible pensarlas. Por el contrario que es tiempo de encontrar una respuesta a esta necesidad. La intención no es llenar de pequeños los espacios de aprendizajes de los adultos, sino conseguir una respuesta del Estado para esta realidad. Las posibilidades que surgen en la conversación son muchas, entre ellas contar con una única guardería que atienda a todos los institutos públicos de Rosario. "No es imposible, es cuestión de pensarlo", opina Dabin siempre haciendo hincapié que "deben estar bien organizados, atendidos por profesionales, como debe ser un maternal, no la clásica guardería de amontonamientos donde dejar chicos".

Según el rector, atender a esta demanda tiene que ver con la puesta en práctica de políticas inclusivas. "Cuando se analiza por qué las alumnas no terminan la carrera, la cuestión familia es una de las razones. A eso debemos prestarle atención", observa. También invita a pensar el momento histórico, cómo interpela desde la perspectiva de género, algo que hace diversa y más rica la enseñanza. Un ejemplo que cita aquí es el ingreso al profesorado de alumnas trans.

"Hay políticas que se hacen desde la práctica, por eso queremos que se vea lo que hacemos, que se tenga en cuenta. La idea no es que todos vengan con los chicos, sino contemplar esta realidad, más en este momento que tanto se habla de inclusión", sostiene en un claro llamado a que el Estado se haga presente en esta obligación.

Para Dabin la decisión de acompañar a estas mamás con sus bebas en clases es hacer efectivo un derecho, pero también una manera clara, una señal de llevar a la práctica la inclusión en un instituto que prepara a los futuros docentes. "¿Cómo les enseñamos a ser inclusivos si no lo somos donde se forman?", interpela dejando abierto un debate tan urgente como enriquecedor.


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