Educación
Sábado 01 de Abril de 2017

"Con la Carpa Blanca también dimos clases"

"Con la Carpa Blanca también dimos clases", dice Gustavo Bessolo el maestro rosarino que estuvo ayunando en 1997 frente al Congreso de la Nación, junto a cientos de educadores. Mañana se cumplen 20 años del inicio de aquel hecho histórico del magisterio. Fueron 1.003 días en los que la docencia se plantó para defender la educación pública.

"Con la Carpa Blanca también dimos clases", dice Gustavo Bessolo el maestro rosarino que estuvo ayunando en 1997 frente al Congreso de la Nación, junto a cientos de educadores. Mañana se cumplen 20 años del inicio de aquel hecho histórico del magisterio. Fueron 1.003 días en los que la docencia se plantó para defender la educación pública.

Gustavo Bessolo tiene 52 años y es vicedirector de una escuela de la ciudad. Hace 20, enseñaba ciencias sociales y lengua en una primaria de barrio Emaús. En una de las asambleas del gremio se enteró de la Carpa Blanca que la Ctera terminaba de instalar frente al Congreso de la Nación. Fue, exactamente, el 2 de abril de 1997, y que no se levantaría hasta diciembre de 1999, cuando consiguió que los legisladores nacionales aprobaran el Fondo de Incentivo Docente. "Con la Carpa Blanca también dimos clases. Con el Congreso de la Nación costó, tuvimos que ponerlos (a los legisladores)en libreta en recuperación", se explaya con ironía sobre la lucha que el magisterio organizado le ganó al menemismo. Carlos Menem presidía por segunda vez el país durante esos años, y Susana Decibe era la ministra de Educación de la Nación. La aprobación de ese fondo fue el logro puntual, que a largo plazo representó un precedente clave para la aprobación de la ley de financiamiento educativo sancionada en 2005, además de profundizar el debate sobre ley federal de educación que castigaba al sistema educativo argentino.

El maestro Gustavo estuvo entre mayo y junio de 1997 ayunando en la Carpa. Un mes, el mismo tiempo que rotaban los educadores de todo el país. Durante esos días sólo ingirieron líquidos: mate cocido, gaseosa, agua. Nada más. "Nos levantábamos muy temprano, nos hacían un control médico y nos llevaban a la sede de Ctera para ducharnos. Siempre estuvimos muy bien cuidados y contenidos. Volvíamos y participábamos de alguna de las actividades pensadas para ese día. Podía ser una conferencia de prensa o recibir a quienes nos visitaban. Charlábamos mucho con la gente que pasaba, les hacíamos conocer la realidad de cada lugar de dónde veníamos", describe. El primer día que Gustavo llegó a la Carpa sufrió una descompensación. Los médicos casi lo dejan fuera del ayuno. Lo mismo pasó el último día, aunque esta vez lo llevaron al hospital, donde permaneció toda la noche en observación.

Los días de frío eran más soportables con el abrazo de quienes de una u otra manera acercaban su solidaridad: "Era impresionante. Guardo unas notas increíbles, de personas que llegaban y preguntaban cómo colaborar. Gente común, desde chicos del jardín de infantes hasta abuelas". La presencia de artistas, políticos y otros gremios fue una constante en el apoyo que recibieron los ayunantes. También el de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. En una de esas jornadas, Gustavo participó junto a otro colega de Mendoza en un programa de televisión que conducía Eduardo Feinmann. "Casi no lo conocíamos (al periodista), y la verdad es que nos trató bastante mal. ¿Y sabés quién nos defendió? Patricia Bullrich (la actual ministra de Seguridad de la Nación), que estaba de panelista", observa ahora sobre esas vueltas de la vida.

En números

Diferentes documentos de la Ctera detallan que, en esos 1.003 días, ayunaron mil quinientos docentes de todo el país y dos millones 800 mil personas visitaron la Carpa Blanca. Hubo casi quinientas actividades culturales, desde recitales, teatro hasta muestras de fotografía; se dictaron 36 cátedras universitarias en el mismo espacio y 95 delegaciones extranjeras la visitaron y expresaron su apoyo. Todos los miércoles los jubilados terminaban sus marchas en la Carpa, y los jueves los maestros se sumaban a las rondas de las Madres. También allí se recordó a José Luis Cabezas, Mario Bonino, María Soledad Morales, Teresa Rodríguez, Sebastián Bordón, Miguel Brú y a las víctimas de la Amia. "Mientras estuve en la Carpa pasaron Fito Páez, Baglietto, Spinetta, el padre Luis Farinello, el presidente de Vélez Sarsfield y también Quino que me dejó un dibujo para mi hija que aún conservo", hace memoria en voz alta de algunos de los tantos "famosos" que apoyaron la lucha de la Ctera.

No eran tiempos de redes sociales ni de celulares donde compartir fotos. Por eso los lazos se construían con las historias que cada maestro y maestra aportaba de su lugar de vida. "Nos mostrábamos las fotos familiares: «esta es mi hija», «esta mi esposa». Conversábamos mucho, no sólo de educación sino de la cultura de cada provincia, de las formas de ser, de las costumbres. Me hice muy amigo de un maestro de Chubut, de otro de La Quiaca. Nos enriquecíamos muchísimo". Así de íntegra y diversa era la Carpa de los maestros. Para quienes vivían a 300 km de Buenos Aires, las visitas de los familiares eran frecuentes. No así para quienes llegaban desde más lejos al ayuno docente. Una razón que hacían más necesarias las charlas diarias y los intercambios. Y cada uno recreaba ese espacio común con lo propio: "Yo pedí que me trajeran unos libros y la bandera de Central, que la colgué en un rinconcito de la Carpa".

Compañerismo

A dos décadas del inicio de aquella manifestación que se prolongó por casi tres años, Gustavo analiza que sirvió para mostrar la realidad docente y romper con los prejuicios que recaen sobre su oficio. También que fue un esfuerzo enorme para alcanzar algo puntual como el Fondo de Incentivo Docente. Pero que ese hecho cobra mayor valor cuando se piensa a la Carpa Blanca como una medida que abrió la puerta a la ley de financiamiento educativo.

¿Es posible repetir esa experiencia? "También me lo pregunto. Me lo sigo preguntando. Y cuando me cuestionan si no tenemos una alternativa a los paros, digo que sí, que la Carpa fue una alternativa. Pienso que lo que antes nos costó tanto, hoy puede ser diferente. La sociedad está más empoderada. La carpa fue parte de ese aprendizaje".

Las imágenes, una que otra anécdota o reflexión se entrecruzan en la charla con el maestro rosarino. Dice que "compañerismo" es la idea que mejor representa lo que significó para él la Carpa Blanca: "Compañerismo en el sentido más amplio, no en lo restringido a un partido político. En la Carpa había gente que venía de distintas ideologías. No era de una rama o agrupación. Compañerismo de sentirse que éramos todos partes de una misma cosa, de una misma lucha, de un mismo universo de ideas. Todos defendíamos lo mismo".

Marcela Isaías

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