nuevas tecnologías
Sábado 11 de Marzo de 2017

Celulares en la escuela: ¿aliados o enemigos?

El retorno a las aulas reabre un debate siempre vigente: qué pasa con el uso de dispositivos móviles en clases

Con la vuelta a la escuela retorna un debate que apareció hace algunos años: ¿Es correcto que los niños lleven el dispositivo móvil al aula? ¿Cuáles son las nuevas estrategias pedagógicas? ¿Cuál es la incidencia de la tecnología en la educación?

"Toda la vida de las sociedades donde rigen las condiciones modernas de producción se manifiesta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que antes se vivía directamente, ahora se aleja en una representación". Quién escribe estas palabras es el filósofo Guy Debord en su libro La sociedad del espectáculo (1967). Sólo pasaron algunos años de este ensayo pero en la actualidad, donde todo es inmediato y toda experiencia es mediatizada, esta reflexión tiene cada vez más fuerza. Analizando este fragmento, se puede pensar que el niño no está fuera de esta era sino inmerso en ella. Entonces, ¿cuál es la incidencia que tiene la tecnología en el proceso aprendizaje y de formación cognitiva del niño?

En el mundo

En la actualidad seis billones de personas en el mundo poseen dispositivos móviles. Algunos son niños y jóvenes que lo llevan a las aula y allí comienza el debate: ¿El smartphone es un aliado a la hora de enseñar?; ¿Hay que prohibirlo y demonizar la tecnología?

Julio Labake, licenciado en psicología y doctor en psicología social, opina que "Lo elemental es acordar con los alumnos que, al comenzar la jornada, el celular debe estar silenciado y que sólo podrán usarlo en caso de necesidad de trabajo en el aula, o en los recreos por una necesidad real vinculada a sus padres.

Hay prácticas como la de acordar que los aparatos se depositen en un lugar adecuado y seguro, cuidando la identificación al entrar al aula, y que sólo se entregarán en un recreo por una necesidad manifestada al docente, o devueltos al concluir las horas de clases. Siempre resultaría ideal que el niño aprenda responsablemente a mantenerlo en vibrador o en silencio con el compromiso de usarlo solamente en el recreo. Y a su vez, lograr que los padres, si tienen alguna necesidad de comunicación urgente, lo hagan en los horarios de recreo claramente conocidos. El criterio guía es que no se convierta en un elemento de distracción del trabajo áulico y del respeto a la convivencia en la actividad", comenta Labake.

Por "seguridad"

Según una encuesta el 52 por ciento de niños y adolescentes de entre 9 y 18 años poseen un dispositivo móvil y lo usan para estar comunicados fuera de casa y por "seguridad". Además, el 87 por ciento de los encuestados comentó que controla el uso que le dan sus hijos, para estar más seguros y prevenidos de lo que están haciendo. Sin embargo, sólo el 43 por ciento lo lleva al colegio pero sólo para avisar si llegaron bien a destino. La gran mayoría de los padres no ve de buena manera que lo usen para distraerse en el aula.

Teresa Lugo, licenciada en ciencias de la educación (UBA) y coordinadora de Proyectos TIC y Educación (Iipe Unesco) reflexiona: "Para entender el tema, el impacto y esta relación de amor odio, yo creo que hay que entenderla entre distintas dimensiones, pero desde distintos aspectos al potencial que tiene la tecnología cuando puede entrar en las aulas. La primera tiene que ver con la democratización del conocimiento y que está relacionada con un enfoque más de derecho y que permite acceder al conocimiento relevante que circula por internet. Sin embargo, para lo que hace a la escuela tenemos que pensar fundamentalmente en lo que es la racionabilidad pedagógica y cómo la tecnología puede ayudar a contribuir mejores aprendizajes. Pensar políticas tecnológicas que integren la posibilidad de ver las tecnologías como emancipadoras, eso me parece importante. No da lo mismo que las escuelas estén conectadas que no conectadas, es necesario garantizar una internet estable, simétrica y de bajo costo para todas las escuelas, es un plan difícil, pero es algo que tenemos que tener como parte de toda esta transformación que la cultura digital está trayendo".

"Si el chico se aburre en la escuela —continúa—, hay que pensar por qué se está aburriendo, hay que trabajar cómo conectarlo con lo contemporáneo y que lo que aprenda sea relevante. La tecnología en ese sentido no te va a solucionar ese problema pero no podemos pensar a los estudiantes desconectados de la cultura digital. Parte de la función de la escuela es alfabetizarlos digitalmente, también es enseñarles a usar la tecnología. Esto tiene que ser parte de las competencias básicas para que un joven o un niño se sienta un ciudadano del siglo XXI."

Las empresas de celulares no son ajenas a este debate, y están al tanto de los desafíos que presenta el consumo de celulares en los niños y adolescentes. Algunas compañías aseguran que fomentan el consumo responsable de los smartphones y entienden que los chicos también deben estar conectados analógicamente con su alrededor, tanto a la hora de aprender como a la hora de relacionarse con el otro. Asimismo, las familias de los jóvenes también son protagonistas a la hora de decidir sobre si el "smartphone" va al aula. Juan Manuel Danza, periodista, contó que su hija de 9 años tiene un celular sólo para hablar con sus dos amigas del colegio y con su madre cuando no está en su casa. "Si lo lleva al colegio sabe que no lo tiene que usar en el aula porque no tiene que distraerse. También controlo los sitios que visita por seguridad", aseguró Danza.

Tomar medidas y adaptar la enseñanza a las nuevas tecnologías es uno de los nuevos desafíos de la educación.

Santa Fe, entre una ley vetusta y la innovación tecnológica

En la provincia de Santa Fe, está vigente desde 2006 la ley 12.686 que restringe el uso de celulares en el aula. El director provincial de Tecnologías Educativas, Fernando Fontanarrosa, explica que esa norma fue aprobada cuando el uso de estos dispositivos eran totalmente diferentes a las múltiples posibilidades que proponen ahora. "Ya no sólo sirven para hablar por teléfono, sino que disponen de muchas más funciones", resalta. Considera que esos nuevos dispositivos bien pueden adaptarse al uso pedagógico.

Fontanarrosa asegura que a nivel provincial se ha avanzado en la definición de una política integral de tecnología educativa para cada nivel y modalidad. Y de hecho, en 2011 se creó la dirección provincial en esta materia.

El director no tiene dudas que con los dispositivos móviles se podrá interactuar en las aulas en un futuro no tan lejano. No ve mayores problemas que se puedan utilizar con fines pedagógicos.

Reconoce que el uso aún depende de la disposición y formación que tengan los docentes. "Es un proceso", dice Fontanarrosa sobre los tiempos que encuentra a unos docentes más abiertos y dispuestos a incorporar las nuevas tecnologías que a otros. Afirma aquí que la línea provincial pasa por promover la formación integral en esta educación, lo cual supone incorporar distintas tecnologías.

Confía que la ley vigente que limita el uso sea reemplazada en el debate que la provincia abrió sobre la ley provincial de educación; donde uno de los temas centrales lo ocupan las nuevas tecnologías en la enseñanza.

"Nosotros estamos dispuestos a innovar para que esos procesos (de cambios tecnológicos) sean más fuertes en los procesos educativos", dice sobre el trabajo que asume la Educación provincial en esta materia.

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