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Sábado 23 de Mayo de 2009

Eduardo de la Vega: "Estamos ante nuevas formas de exclusión"

“En este momento estamos frente a formas de rechazos de los chicos que son eufemizadas por narrativas muy de moda, nuevas formas de exclusión”, sostiene el doctor en psicología Eduardo de la Vega para hablar de lo que considera maneras encubiertas de expulsar a los niños de la escuela.

“En este momento estamos frente a formas de rechazos de los chicos que son eufemizadas por narrativas muy de moda, nuevas formas de exclusión”, sostiene el doctor en psicología Eduardo de la Vega para hablar de lo que considera maneras encubiertas de expulsar a los niños de la escuela.

De la Vega es profesor y también investigador de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), tiene varias publicaciones sobre la problemática de la llamada violencia escolar y cuestiones de infancia, pobreza y diversidad. Y en junio próximo dictará el seminario “Educación, diferencia y alteridad. El sueño multicultural de la escuela”, pensado para educadores de todos los niveles.

Los hechos que conducen a escenas de violencia en las escuelas se repiten cotidianamente: una nena es golpeada por diferencias con una compañera de clases o un niño llega llorando todos los días al aula porque es hostigado por sus padres. O bien un chico que “fracasa” en su escolaridad, generalmente muy pobre, es derivado a la educación especial porque en la escuela común “no puede aprender”. Y ante situaciones como éstas es común que directivos y maestros digan que ya no saben qué hacer.

“Es una problemática grave que incluso hay que denunciarla. Pasa que en la provincia de Santa Fe no hay para las escuelas comunes equipos interdisciplinarios que trabajen con el docente. Se trata de problemas muy complejos, donde se mezclan cuestiones sociales, pedagógicas, familiares y de la cultura escolar”, indica el psicólogo Eduardo de la Vega.

La propuesta del especialista es escapar de los caminos seguidos históricamente por los “psi” (en referencia a los psicólogos, psicopedagogos y demás profesionales enrolados en este campo), “que es evaluar al chico, diagnosticarlo y derivarlo a tratamientos y medicaciones”.

“Estamos luchando —aclara— contra esas formas de abordaje que ven al chico como única variable del problema”. Es que en su opinión las formas para abordar estos temas pasan por el trabajo conjunto entre directivos y docentes, conformando grupos de reflexión sobre lo que está pasando y para intervenir en la problemática.

Según considera la escuela debe estar muy atenta a las nuevas formas de rechazo que se han instalado, “que están eufemizadas con narrativas muy de moda”. “Antes decíamos «este chico está atrasado» ahora hablamos de «chicos diversos». También de la inclusión y de la diferencia, pero en realidad esta supuesta integración a la que se alude se ha convertido en una trampa para la escuela, porque hacemos lo mismo que antes y se sigue excluyendo”, advierte sobre un tema que desarrolla en su libro “Las trampas de la escuela «integradora». La intervención posible” (Noveduc).

Ante esta situación, no es casual —dice— que en nombre de la inclusión o la diversidad se derive con más facilidad a los chicos más pobres a las escuelas especiales. Para el educador, que esto subsista es porque muchas veces los mismos funcionarios “conciente o inconcientemente” participan de estas narrativas que ficcionan la realidad.

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