Edición Impresa
Jueves 08 de Mayo de 2008

Y ahora, ¿qué fue lo que pasó?

Con derecho cualquiera podrá decir que, simplemente porque trabajo como periodista, debiera tener alguna idea más precisa acerca de qué está pasando. Pues no. No al menos en la medida que desearía para moderar mi asombro.

Con derecho cualquiera podrá decir que, simplemente porque trabajo como periodista, debiera tener alguna idea más precisa acerca de qué está pasando. Pues no. No al menos en la medida que desearía para moderar mi asombro.

No es que antes de marzo pasado, por ejemplo, cuando empezó la crisis del campo, hubiera creído que todo andaba de perillas. ¿Quién podría creerlo en la Argentina, un país cuyas crisis aparecen y reaparecen como el mito del eterno retorno? Pero bueno, alguna ilusión de que los números de la macroeconomía tarde o temprano tenderían a reflejarse un poco más en lo micro, no voy a ocultarlo, debí albergar.

Eso para no hablar de la maldita inflación, este monstruo que corroe salarios con la misma voracidad que cabezas. Y que también venía haciendo de las suyas, aunque menos acelerado, desde hace un par de años. Por ende, no da para que invoque en mi defensa la menor sorpresa.

Tampoco me haré la distraída acerca de que la crisis ¿financiera? de la Municipalidad venía in crescendo, anunciada y denunciada desde hacía tiempo, al menos desde las últimas elecciones.

Pero, qué quieren que les diga... El asombro no me desaparece por más que rastree todas esas señales previas. Y eso que uno ya tiene gimnasia: sufrí como todos la hiperinflación del 89 (llegué a ganar el equivalente a 14 dólares y, siendo muy joven, percibí por primera vez cómo me envejecía este país), así como el atroz colapso del 2001, que llegó cantado como pocos al son del riesgo país y otros arrullos igualmente alentadores.

Porque a ustedes, como a mí, ¿no se les caía la mandíbula por esos días cada vez que prendían el televisor y presenciaban una delirante sucesión de presidentes o cada vez que salían a la calle y veían a la gente comiendo directamente basura del contenedor? ¿No sentían rebasada su capacidad de asombro? ¿No eran presas súbitas del dolor?

Bueno, pues ahora me encuentro en un estado que empieza a parecerse. Atenuado, claro (tampoco quiero sonar apocalíptica), pero vuelvo a  preguntarme, sintiéndome un poco idiota, ¡¿qué carajo fue lo que pasó esta vez?! ¿Cómo se enrareció, primero, y luego se crispó todo tanto de nuevo, a escasos cinco meses del recambio de gobierno?

Ustedes podrán decir que mi asombro actual debe guardar alguna correspondencia con una ilusión previa. Puede que tengan razón: suelo pecar de optimismo, siempre me las ingenio. Y así me va. De tanto asombrarme, por momentos logro no asustarme.

 

Comentarios

Últimas Noticias